
Y era verdad: la única meta que siempre habían perseguido era destruir a Voldemort. Hacerlo por el bien de todos, y no por gloria personal. Se volvió para mirar la insignia. La tomó entre sus manos, para verla mejor. Le parecía una estupidez, ahora que lo pensaba con más detenimiento. ¿Acaso aquel pedazo de metal pretendía compensar las vidas que se habían perdido? ¿O esperaba simbolizar el miedo, el terror que había signado la vida de Harry los últimos años? Harry lanzó enojado la insignia sobre la mesa, y esta hizo un ruido que provocó que Hermione se sobresaltara. Ésta lo miró por un segundo con el ceño fruncido, y sonrió.
- ¿Qué es lo gracioso?- preguntó el muchacho extrañado.
- Que voy a tener que soportar otro ataque de modestia por tu parte una vez mas.- explicó Hermione sin dejar de sonreir.
- ¿Cómo... como lo sabes?- volvió a preguntar Harry.
- Porque te conozco.- respondió ella, restándole importancia.
- ¿Te parece excusa suficiente?
- Por supuesto.
- Pues para tu información, no estaba teniendo un...- frunció el entredejo tratando de recordar el término que Hermione había utilizado.
- Ataque de modestia.- le informo esta.
- Bueno, lo que sea. En realidad estaba pensado que... este pedazo de metal no significa nada.- le explicó él, y tomó la insignia que había resbalado hasta el piso.
- No si tu no le encuentras significado.- le contestó ella, y se volteó, como dando por finalizado el asunto, dejando a Harry solo en la cocina, perdido en sus pensamientos.
Una horas después, estaban sentados en el Caldero Chorreante almorzando. O al menos eso pretendían hacer. A pesar de que Harry se había puesto la gorra para ocultar la cicatriz, igualmente la gente lo reconocía, lo que provocaba que interrumpieran a la feliz pareja cada cinco minutos. En ese momento, un anciano de aspecto poco saludable le preguntaba a Harry la dirección de su casa, pues insistía con que quería enviarle una cabra que había criado para él, como agradecimiento por lo que el joven había hecho. A Hermione le resultó tan gracioso que se atragantó mientras intentaba no reírse, y Harry tubo que abandonar al anciano para socorrerla.
- Dios basta ya. ¿Es que no pueden dejar de perseguirnos?- se preguntó en vos alta.
- Querrás decir de perseguirte. A mi nadie me ha saludado.- le contestó Hermione, mientras miraba con cariño una túnica de gala celeste.- ¿Crees que me quedaría bien?
- Seguramente. Pero volviendo al tema anterior... ¿cómo rayos se supone que voy a tener una vida normal si estoy rodeado de locos?- dijo Harry con un tono casi frenético.
- Gracias por la parte que me toca.- contestó ella sonriendo, mientras entraban al local.
- Sabes que no lo digo por ti. Tu entiendes lo que quiero decir.- replicó Harry mientras se bajaba la gorra, tratando de ocultar su rostro, ya que la vendedora del local lo miraba sin disimulos.
- Si buscas que te consuele, lo mejor que puedo decirte es que, con suerte, en algunos años se les pase el fanatismo. Pero no puedes pretender que no te idolatren.- explicó Hermione, cerrando la puerta del probador, donde había entrado con varias túnicas.
- ¿Con eso pretendes consolarme?- murmuró Harry, sentándose en una sillón que había a su lado, y dejando las pesadas bolsas de las compras en el suelo. Se sacó los lentes y los colocó en su regazo, mientras se frotaba los ojos. Estaba realmente cansado de todo aquello. En eso, Hermione salió con la primer túnica para pedirle su opinión.
- ¿Qué te parece?- indagó, dando un giro y mostrándole una túnica color rosa pálido.
- No me agrada ese color. Pero igualmente, te queda bien.- se sinceró Harry.
- Entonces me llevaré la azul cielo.
- ¿Y que hay de esa blanca?- preguntó el muchacho.
- No... tal vez otro día. No traje tanto dinero, y dudo mucho que valla a tener oportunidad de usarla.- contestó Hermione, restándole importancia.
- Te la regalo si la quieres.- propuso él.
- Ya me compraste los libros.- dijo ella desde el interior del probador.- No me gusta que me hagas tantos regalos.
- ¿Y porqué? No me dirás que no te agrada, porque empezare a pensar que eres demasiado rara.
No necesito ese tipo de cosas para convencerme de que me quieres.- explicó ella sonriendo,mientras se dirigía al mostrador y pagaba la túnica. Harry frunció el entrecejo, tratando de encontrar un argumento para rebatir la respuesta de Hermione. Después de unos segundos, decidió dejar esa discusión para otro momento. Hermione ya lo esperaba en la puerta de la tienda, con la mano extendida para que él se la tome. Comenzaron a caminar por el callejón, revisando la lista de cosas que tenían que comprar. Al comprobar que no les faltaba nada, se dirigieron a la zona en donde podían desaparecerse, para aparecerse más tarde en el pueblo donde vivía la Sra. Tonks. Nunca se aparecían directamente en la casa, puesto que Harry había aprendido de Dumbledore que era mejor no hacerlo, por una cuestión de educación. Mientras caminaban tomados de las manos por la empedrada calle que, poco a poco, iba cediendo al atardecer, Harry se dio cuenta de que no podía tener una mejor compañera que la que ahora hablaba de una complicada traducción de Runas. Se paró en seco ante esta revelación que acababa de tener y, sonriendo al ver la cara de desconcierto de Hermione, la tomó por la cintura y comenzó a besarla. La chica se separó sonriendo, y puso sus manos alrededor del cuello del muchacho.
- ¿Y eso porqué?- Indagó, mirando a las profundidades de aquellos ojos verdes que cada vez le ocultaban menos cosas.
- Porque si.- contestó el chico, encogiendo los hombros. Volvieron a tomarse de las manos y siguieron caminando calle abajo, hasta que encontraron la casa de la Sra. Tonks. Desde la puerta ya se olia el olor a comida, y a Harry le sonaron las tripas. En cuanto abrieron la pequeña puerta de la verja, la Sra. Salió a recibirlos, con Teddy en brazos, que balbuceaba contento extendiendo sus bracitos para que su padrino lo tomara.
- Hola campeón.- Le dijo Harry, mientras Hermione le besaba la pequeña cabeza que, ese día, estaba de un color morado que Harry recordaba haber visto en la cabeza de Tonks.
La cena transcurrió tranquila, aunque Harry se sentía un poco desalentado ante la idea de no ver a Teddy hasta dentro de tanto tiempo, puesto que no podría salir de Hogwarts para visitarlo mas en que Navidad y Pascuas. Sentía que se perdería de una parte de la niñez de Teddy que, tal vez, sería las mas hermosa. Se quedó largo rato mirando al niño mientras que Hermione miraba junto con la Sra. Tonks las pocas fotografías de la boda de Remus y Nimphadora. Y entonces Harry lo comprendió, como si le hubieran prendido una pancarta luminosa frente a sus narices: por primera vez en su vida, no quería volver a Hogwarts. Le encantaba la vida que llevaba, una vida que su regreso al colegio le quitaría casi por completo. No podría ver a su ahijado, ni despertarse a cualquier hora de la mañana y comer cualquier cosa que se le ocurriera, y menos aun pasarse las 24 horas del día junto a Hermione. Aún no habían hablado del tema, pero Harry suponía que ella se formulaba las mismas preguntas que él: ¿Qué harían con su relación cuando llegaran a Hogwarts? ¿Cómo sería todo cuando Ron y Ginny los vieran? La verdad era que Harry no quería ni imaginarse lo que podía llegar a pasar si entraban esa noche del 1º de Setiembre tomados de la mano en el Gran Salón. No quería exponer a Hermione a ese tipo de situación, y sus años junto a ella le habían enseñado que, seguramente, ella debería estar pensando en lo mismo. Sin embargo, no pensaba dejarla. No cabía en su mente aquella idea. Sencillamente la amaba, con todo lo que eso significaba, y ese amor era el que no le permitía pensar en nada mas que estar a su lado. Pero tenía tambiñen que pensar en los demás. Desvió su mirada de Teddy para mirar ahora a Hermione, quien se desperezaba disimuladamente, lo cual significaba que tenía sueño, pero que no quería irse. Surgió de la nada esa inconfundible sensación de que necesitaba abrazarla, esa misma que le ocurría siempre que la miraba y ella no se daba cuenta. Se incorporó y se acercó a donde las mujeres estaban sentadas, y se apoyó en el respaldo del sillón donde Hermione miraba las fotos del casamiento. Remus y Tonks saludaban radiantes de felicidad a los presentes, y Harry sintió un vacio en el estómago al recordarlos. Le acarició el pelo a Hermione, quien se sobresaltó, puesto que no se había dado cuenta de que Harry se le había acercado. En ese momento, y con un ruido seco, Teddy calló rendido sobre sus libros de cuentos, y los tres mayores de la sala corrieron hacia él. Una vez que el niño estuvo bien acomodado en su cama, y que lo chicos se despidieron, cruzaron el jardín delantero y desaparecieron, para aparecerse segundos después en la cocina del nº 12, que seguía igual de desordenada que aquella misma mañana cuando habían salido a hacer las compras.
Continuara...
By La Belu Punchii!!! ^^


