
El ciervo plateado apareció. Harry estiró su mano e intentó tocarlo, pero no lo logró. Solo sintió una leve brisa cálida en tus dedos, pero aun así el ciervo inclinó la cabeza como suelen hacer los animales al acariciarles la cabeza.
-Escucha- Le dijo Harry a la criatura al salir de su ensimismamiento.- Necesito que le lleves un mensaje a Hermione de nuevo. Dile lo siguiente: "¿Como estas? ¿Como salió todo? Estoy un poco preocupado por la ausencia de noticias. De todos modos, yo estoy bien. La verdad es que no me gusta estar solo, y comienzo a aburrirme. Los extraño a todos, y extraño que me retes. En fin, cuando puedas, contéstame. Te quiere, Harry." ¿Entendido?- Le preguntó al ciervo.
Este asintió y se marchó, atravezando las paredes para salir a la calle.
Habían pasado menos de cinco minutos, cuando la nutria plateada de Hermione entró en la habitación, y Harry se acercó al animal.
Ésta comenzó a hablar con la voz inconfundible de Hermione:
"Estoy mas que bien, ya he hablado con mis padres y todo ha vuelto a la normalidad. Están muy orgullosos de nosotros, y realmente no puedo creer que no se hallan enfadado. Anota ésta dirección: (La nutria hizo una pausa yHarry tomó un trozo de pergamino que le había sobrado de la carta a la señora Tonks),Calle Bedford número 48. Ven mañana a las 9, y vístete bien: conocerás a mis padres.
Te quiere, Hermione."
La nutria se desvaneció y Harry, sin pensarlo dos veces, se decidió a ir, sin reflexionar ni un minuto en las posibles consecuencias.
A la mañana siguiente, Harry se desperto a las 7. No sabía cuan largo sería el viaje a la Casa de Hermione, por eso prefería ir con tiempo. Lo primero que hizo fue bañarse. No le agradaba mucho la idea, porque en realidad no le agradaba el baño. Era muy antigua, y hacía tiempo que nadie lo usaba. Harry tenía el presentimiento de que las cañerías y la bañera se desintegraban cada vez que el agua las tocaba. Cuando terminó, intentó a aplastarse el cabello, sin ningún resultado.
Buscó en su baul sus mejores pantalones y una camisa celeste que sabía que a Hermione le agradaba, puesto que ella se la había elegido en una visita a Hogsmade. Se puso algo de perfume, y salió, sin siquiera avisarle a Kreacher.
Le parecía que lo mejor era ir en un taxi muggle. La tarde anterior había cambiado un poco de dinero, y descubrió que salía ganando, ya que el dinero de magos era mas caro que el de los muggles.
Caminó tres cuadras hasta la parada, y esperó unos quince minutos el taxi. Se alegraba ahora de haberse despertado temprano, porque para ese entonces ya eran las ocho y diez. Le dijo al taxista la dirección, y éste lo miró por el espejo retrovisor, fijando su vista en la cicatriz del chico. A Harry no le gustaba nada que le miraran la cicatriz, sobre todo en el mundo mago, pero luego pensó que para los muggles tambíen resultaba interezante.
-Lindo barrio al que vas.- Dijo el taxista.- ¿Vas al médico, no es cierto?
- No,- contestó Harry, contento de que la conversación desviara la atención del taxista de su frente.- Iré a visitar a una amiga, sus padres son dentistas.
- Claro. Bueno... si, ese barrio es principalmente de consultorios y sanatorios.- Explicó el taxista. Miró entonces nuevamente la cicatriz de Harry, y agrego:- ¿Sabes? Nunca había visto una cicatriz como esa. Es muy extraña, y su forma es muy... perfecta. No quiero ofenderte, pero me recuerda a las marcas del ganado. ¿Cómo te la haz hecho?
A Harry le pareció que el taxista era una estúpido entrometido. Pero aún así, contestó:-No lo se, de pequeño supongo. Recuerdo haberla tenido siempre.- Dijo simplemente, como para darle fin al tema. Después de todo, pensó, el taxista no estaba muy equivocado: era bastante parecida a las marcas del ganado, no en forma, si no en fin. Allí era donde Voldemort lo había "marcado como a su igual". Para estas alturas, Harry estaba bastante nervioso.
- Y esta amiga tuya... bueno... ¿que intenciones tienes?- Preguntó el taxista.
- Ninguna, sólo conocer a sus padres. Tengo novia... quiero decir, otra chica es mi novia.- Definitivamente, el taxista no le caía para nada bien. Estaba deseando llegar lo más rapido posible, y si hubera sabido el camino, se habría bajado y hubiera seguido lo que le faltaba caminando.
Tal vez el taxista leyó su mente, o simplemente vió la cara de fastidio de Harry, porque de ahi en adelante no habló mas, hasta llegar a una calle estrecha y poco iluminada, producto de los altos edificios que la ensombrecían.
-Calle Bedford, numero 48.- Dijo el taxista.- Son nueve euros.
Harry buscó en sus bolsillos y pagó el taxi.
-Adios,- dijo al bajar.
- Adios Harry Potter.- Dijo el taxista, y se marchó rápidamente. Harry se quedó perplejo: ¿cómo sabía un simple muggle su nombre? ¡Si él no se lo había dicho en ningún momento!Se dió vuelta, y vió una casa de dos pisos, con una puerta de vidrio en el frente que tenía un cartel que decía: "Jane y Lucas Granger. Odontólogos". Harry tocó y una cabellera castaña apareció de inmediato. Antes de que pudiera decir “Hola” , los brazos de Hermione ya le rodeaban el cuello. Harry le palmeó la espalda, como acostumbraba a hacer ante aquella típica reacción de Hermione, que precedía a la verborragia de la muchacha.
- ¿Como estás?- Le preguntó esta, pero antes de que Harry contestara, había comenzado a hablar de nuevo.- ¡Mirate! Te haz puesto la camisa que yo te elegí, y ademas planchaste tus pantalones. ¿Que acaso vienes a pedirle mi mano a mi padre?
Ambos rieron ante la idea. Hermione hizo señas a Harry para que subieran la escalera que conducía al segundo piso.
- Bueno dime, ¿como haz estado?- Volvió a preguntar.
- Bien... creo.- Dijo Harry.- A decir verdad, la vida de solitario no es lo que yo creía.
- Sabes, yo estaba muy asustada por ti.- Dijo entonces Hermione.
-¿Porque? Por si no lo sabías, hemos derrotado a Voldemort, y con eso el peligro de mi vida se ha reducido a un... cero porciento.- Le contestó el chico.
- Si, claro, pero olvidas un detalle: sabes manejar el peligro, pero no creo que sepas manejar una cocina... o una escoba real, para barrer y no para volar.
- ¡Que poco me conoces!- Dijo Harry riendo.
Había llegado al piso superior, y en cuanto Hermione abrió la puerta, una nube canela corrió a los pies de Harry y se acarició en su pantaló.
-Hola Crookshanks.- Dijo el muchacho, y le acarició la frente al gato.
- Ha estado insoportable. Está muy acostumbrado a salir, ya que en Hogwarts se pasea a sus anchas. Pero aquí no puede. En fin... esta es mi segunda casa.- Dijo Hermione y señaló el lugar.
Era un ambiente grande para ser un departamento. Tenía un comedor conectado a la cocina por una ventana interna. Mas adelante tenía un pequeño living con un televisor. Las fotos de Hermione con sus padres inundaban el lugar, y todo estaba decorado con un estilo indu, ademas de estar limpio y cuidado.
- Es fantástica.- Opinó Harry, y comenzó a mirar las fotos que había en los muebles. Le llamó la atención una en donde Hermione, con unos siete años, estaba vestida de bruja, con el típico disfraz que los niños usan en noche de brujas.
- Siempre me interesó la magia de pequeña.- Dijo Hermione, que había terminado de servir jugo en dos vasos, y le daba ahora uno a Harry.-Tal vez, no se... la sentía ya como parte de mi.
- ¿Adonde quedó esta niña tierna?- Preguntó el muchacho con tono de broma cuando volvió a colocar la foto en su lugar, y tomó el vaso.
- Supongo que la perdí cuando a los dos meses de entrar en Hogwarts ya andaba persiguiendo a Voldemort. Y en parte, ustedes tienen la culpa.- Contestó Hermione.- Mis padres están atendiendo los pacientes de nuevo. Se desocuparan para las tres. Así que terminaré de mostrarte la casa, y luego podemos salir a caminar, almorzar algo por aqui. ¿Quieres?
- Por supuesto.- Dijo Harry.- Y dime... ¿como están tus cosas?- Agregó el muchacho. Se miraron un momento, y Hermione supo que en realidad le estaba preguntanto por Ron.
- No lo se.- Contestó ella.- No he hablado con nadie mas que contigo. A decir verdad, eres el único que se ha preocupado por mi, y yo no ire a buscar a nadie.- Con esto, Harry interpretó que su amigo no había escrito aun a Hermione, pero el tono frio de la vos de la muchacha le hizo entender que a ella no le importaba demasiado, o al menos intentaba no demostrarlo.- Y tu... ¿Hablaste con alguien?
- Si, le envié una carta a Ginny. En realidad, contesté una que ella me envió. No se si fue mejor o peor, pues la carta fue lo que me terminó de deprimir.- Dijo Harry.
- No quiero ni pensar como estarán las cosas por alla. Y por aqui. -Agregó Hermione y señaló el pecho del chico.
- No lo se. Me hice una lista de prioridades, ¿sabes?.- Contestó Harry.
- Ah... ¿si?- Preguntó ella interesada y se sentó en el sillón. Harry la imitó.
- Si,- continuo el muchacho.- En primer lugar, quería saber como estaban las cosas con Teddy, que era de él. Necesito conocerlo, no sabría explicar por que. Siento una especie de... conexión con él muy especial.- A Harry le agradaba mucho compartir estas cosas con Hermione, puesto que ella siempre había sido muy buena oyente y consejera.
- Bueno, es comprensible.- Contestó la jovencita,- La historia de él será muy parecida a la tuya. Sin profecías o cicatrices en al frente, pero si hay alguien que puede acompañarlo en la angustia de crecer sin padres, ese eres tu.- Finalizó.
- Es lo mismo que pensé yo.- Dijo Harry.- Pero, no se... nunca he tratado con bebes, o con niños pequeños. No se como manejarme.- Confesó el chico por primera vez.
- Oh eso no es problema, se aprende con el tiempo y la práctica. Ademas, yo puedo ayudarte.- Lo consoló Hermione.
- ¿De verdad... harías eso por mi?- Preguntó Harry.
- Harry, creí que lo había entendido: Haría lo que sea por ti.- Contestó la muchacha.
Y le sonrió. Harry le devolvió la sonrisa. En verdad no sabía que decirle.
- Bueno, yo también haría lo que sea por ti. Pero no he tenido la posibilidad de probarlo como lo haz hecho tu.- Dijo el muchacho, ruborizándose un poco.
-Me encanta hacerte pasar malos momentos. Y me encanta que me digas este tipo de cosas, siendo que... no soy tu novia ni nada parecido.- Dijo Hermione sonriendo.
- Si... lo se. Tampoco me incomoda demasiado... es sólo decirte la verdad.- Dijo sinceramente el muchacho.- Bueno... mi segunda prioridad es arreglar la casa. Sencillamente, me da miedo vivir ahí. Tenía pensado en que tal vez podías ayudarme cuando vayas a pasar un tiempo conmigo allí. No se... tal vez te agrade, y se que a Ginny no le gusta para nada. ¿Te molestaría?
- No, claro que no. Me encanta decorar. Puedes empezar viendo mi habitación... está decorada exclusivamente por mi. La he ordenado para que puedas caminar en ella.
- De acuerdo.- Contestó el muchacho, y la siguió.
Subieron la escalera hasta una especie de guardilla, donde Hermione abrió la puerta. Lo primero que invadió a Harry fue el perfume que la chica solía usar. El cuarto era grande y circular, y la mayoría de sus paredes estaban cubiertas con grandes ventanales que daban a la calle, y dejaban entrar la luz del sol. Harry comenzó a caminar por la habitación, con Hermione siguiéndolo, y explicándole cada uno de los detalles.
- Ésta es la carta de Hogwarts. Y en esta caja están todas las que me han mandado ustedes, o las tarjetas de cumpleaños, y aquella pared... es la que más me gusta.- Dijo la chica, y señaló la pared continua a la puerta, a la que Harry no había prestado atención. Cientos, tal ves miles de fotos en movimiento, se amontonaban en las paredes. Había también un escudo enorme de Hogwarts, y banderines con los colores y el Leon de Gryffindor. Harry se acercó a la pared para mirar mejor. Había fotos de su primer partido de Quidditch, de algunas navidades y pascuas, de cumpleaños de Hermione en la torre Gryffindor, y unas muy lindas que Colin había tomado de ella, Harry y Ron una tarde en el lago. Tenía una también con Victor Krum en la noche del baile, que en una esquina tenía, con caligrafía muy cerrada, una firma que decía: “Para la chica mas linda de Hogwarts, con cariño, Victor”. Hermione se sonrojó un poco cuando notó que Harry leía eso, y el muchacho desvió la vista inmediatamente hacia otra foto, donde estaban Luna, Ginny y Hermione tomando un helado en Hogsmade. Había fotos del equipo de Quidditch y Hermione le había escrito arriba “Siempre campeones”. Tenía también fotos de la Orden del Fénix, del E.D., y algunos fragmentos de libros. Harry se acercó para leer mejor, y se dio cuenta de que todos hablaban de él. Había frases como “Desde el día en que Harry Potter se salvó de la maldición asesina con la que El Que No Debe Ser Nombrado trató de liquidarlo, provocando así la desaparición del segundo, será el muchacho recordado como `El niño que vivió´”, y muchas más de ese estilo.
- No puedo creerlo...- dijo el muchacho.
- Yo... lo siento Harry, de veras que si. Pero debes entender, amo los libros, y ver que tu mejor amigo aparece en la mitad de ellos es un orgullo y... bueno... no quisiera que pienses que soy... una loca, o una maniática...
- Hermione... esto es lo más maravilloso que vi en mi vida.- La interrumpió Harry. Era cierto. Aquella pared era una mescla entre el espejo de Erised y el pensadero de Dumbledore. Se resumían en ella los mejores momentos de los últimos siete años de Hermione, y Harry pensó que perfectamente esa pared podría estar en su casa, exceptuando la foto de Krum. El muchacho se sentía profundamente agradecido al ver el cariño que Hermione le tenía. Le parecía incríble que alguien lo tubiera tanto en cuenta.
- A mi... la verdad es que me encanta.- Dijo Hermione.- No hay nada que me guste más que pararme frente a esta pared y ver las fotos moverse. Sólo es superado por el hecho de estar con las personas de las fotos. No es gran cosa la verdad.
- Es fantástico. Nunca se me había ocurrido.- Agregó Harry. Se dió vuelta para mirar a su amiga, y notó que esta se había sonrojado mucho, y que ahora miraba a la ventana, en realidad para no mirar a Harry.- Bueno... ¿Que quieres que hagamos?- Preguntó el muchacho para cambiar de tema.
- Podemos salir a caminar si quieres.- Sugirió Hermione.
- Está bien, vamos.
Bajaron la escalera hacia la calle, y salieron al día primaveral que ahora se les presentaba. Caminaron un rato hasta llegar a un centro comercial, que estaba a unas seis calles de la casa de Hermione. Harry había ido a uno sólo una vez en su vida, pero definitivamente no se le parecía en nada a ese: tenía unos seis pisos, y miles de tiendas de distintos rubros. Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia.
Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia. Era un pequeño segmento, que no ocupaba ni siquiera un cuarto de hoja. El artículo decía: "Nos ha llegado la información a la redacción del diario de que tres adolescentes de entre diecisiete y dieciocho años, habrían echado a perder los planes de un conocido terrorista, el cual por seguridad no vamos a dar el nombre. Según información certificada por los servicios de inteligencia del gobierno, estos adolescentes fueron de vital importancia para la seguridad nacional, y serán condecorados dentro de poco tiempo. No hay detalles del ataque ni de lo que estos chicos hicieron, pero un militar de alto rango de la armada asegura que sin ellos no habrían podido capturar al terrorista. Estos son ellos: Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley, quienes estudian en un colegio de frontera."
Debajo del artículo, había una foto de ellos tres, de hacía unos dos años atras, que obviamente no se movia.
Tanto Harry como Hermione se habían quedado perplejos. Esta apretaba tan fuerte el brazo del muchacho, que se le había dormido.
- Harry... somos...- Dijo Hermione, sin poder contener la emoción de su vos.
- Nosotros.- Terminó la frase él.´
- Pero... ¿Cómo es posible?- Preguntó la chica, que ahora tomaba el diario en sus manos, y observaba la inmovil foto.- ¿Cómo pueden saberlo?
- Bueno... el primer ministro muggle lo sabía. Sabía lo correspondiente a Voldemort y todo lo demás. Supongo que alguien... le contó.- Sugirió Harry, que ahora buscaba dinero muggle en su bolsillo para pagar el diario. El diariero los miraba con cara fea, ya que Hermione se había alejado con el diario y Harry aun no lo había pagado.- ¡Esperame Herms!
La chica se paró en seco, y se dió vuelta extrañada.- Nunca me llamaste "Herms". Ronald es el único que lo hace... hizo.- Se corrigió.
- ¿A si? Yo creí que... que no te molestaría.- Se apresuró a decir el muchacho, un poco sonrojado.
- No no me molesta, me pareció extraño simplemente porque... bueno, porque nunca lo habías hecho.- Dijo Hermione, y lo volvió a tomar del brazo. Se quedaron los dos en silencio, y miraban las vidrieras sin decir nada.
Llegaron a la juguetería muggle, y Harry, a quien siempre le habían gustado, pensó que después de ver la del , ya no le gustaban tanto las muggles.
- ¿Sabes? -Le dijo Harry a Hermione,- La otra tarde fui al Callejón Diagon, a comprar una lechuza y a sacar un poco de dinero, y entré en la juguetería.
- Juguetería?- Preguntó Hermione, quien ahora miraba una cartera bordada desde la vidriera de un local femenino.- ¿Una juguetería de magos? No la había visto nunca en el Callejón... que yo recuerde. Digamos Harry que estas algo grandecito para juguetes... no te parece?
- Te creía mas inteligente. ¡No eran para mi! Eran para Teddy.- Contestó el muchacho, y comenzó a relatarle la historia. Ya habían entrado al local, y Hermione seguía mirando la cartera con muchisimo interes.
- ¡Y después de comprarle todo eso tienes la decencia de decir que no serás un buen padrino!- Rió Hermione, que se había desilucionado al ver el precio de los artefactos, y había salido del local.
- Bueno, no todo se mide en regalos mas, regalos menos.- Dijo Harry.
- Ese es el típico pensamiento que tú tienes y Ron no. -Contestó misteriosamente la chica.- En fin, no quiero hablar de él. A lo que voy es que te preocupas mucho por el chico. Y eso es realmente lo que cuenta. Estas loco por ganarte su cariño. ¿O me equivoco?
- No claro que no. A decir verdad, pocas veces te equivocas. Eso me enferma bastante.- Dijo Harry, y ambos se rieron.
- ¡Aquí quería llegar!- Saltó Hermione, y señaló un local enorme, todo pintado de amarillo.
- ¿Qué es esto?- Preguntó Harry.
- Es uno de esos locales donde puedes preparar tu propia ropa. ¿Lo ves? Puedes hacer gorros, remeras, lo que quieras.- Contestó la chica.
- ¿Y que quieres hacer? ¿Quieres hacerte una remera?
- Estaba pensando en que tu me la hagas...- Dijo Hermione.
- ¿Yo?- Preguntó el muchacho.
- Si! Yo te hago una a ti... y tu me haces una a mi.
Harry dudó un minuto, pero por alguna extraña razón, recordó la pared de la pieza de Hermione, y el afecto que esta le tenía, y no pudo negarse.
Entraron al local, y un muchacho rubio se les acercó, y comenzó a explicarles como funcionaba el sistema. Primero debian diseñar en la computadora la remera o el gorro, y en unos minutos la imprimian sobre la tela. A Harry no le gustó para nada la manera en la que el muchacho miraba a Hermione, pero no súpo en ese momento explicarse por qué.
Cada uno se sentó entonces en una computadora distinta. Harry había usado una sola vez en su vida aquel artefacto, y pensando un poco en lo que diría el Señor Weasley si lo viera en esa situación, intentó arreglarselas solo.
Paso mas o menos una hora cuando ambos chicos salieron del local.
- Bien,- Dijo Hermione,- Es hora de intercambiar bolsas.Y tendió la suya a Harry. El muchacho la tomó y a su vez le dió la suya a ella.
Ambos las abrieron al mismo tiempo, y Hermione se echo a reir con fuerza. Su remera era de un color rosa brillante, y con unas letras doradas decia: "Pregúntame lo que quieras, soy el cerebro del Siglo." Ademas tenía un monton de estreyas y pequeñas flores al rededor.
- Grcias Harry es lo mas lindo que me han regalado.- Dijo la chica.- El tuyo parecerá un poco feo al lado del que tu me hiciste.
- A mi me encanta.- Contestó Harry, quien ahora se ponía la gorra color Rojo oscuro que Hermione le había regalado, que llevaba la inscripción: "I survive" con letras plateadas.
Rieron otro largo rato, y luego de almorzar, volvieron a la recidencia Granger.
Por algun extraño motivo, Harry estaba bastante nervioso.
Entraron de nuevo en el departamento, y el olor al te recién preparado los inundo.
- Tu debes ser Harry.- Dijo entonces una señora algo bajita, con la misma cabellera que Hermione, pero con unos ojos celestes verdaderamente hermosos.- Es un gusto conocerte. Yo soy Jane, la madre de Hermione.-
- El gusto es mio Sra. Granger.- Dijo Harry, y le tendió la mano, que la mujer no tomó, si no que transformó rápidamente en un abrazo similar a los de su hija.
- Ya sueltalo mamá, vas a afixiarlo.- Dijo Hermione riendo.
La mujer lo soltó, pero continuó mirando a Harry como quien ve una maravilla de la naturaleza.
- Oh hija no has sido para nada justa con él. Es mas guapo de lo que contabas.- Agregó la mujer.
Tanto Harry como Hermione adoptaron un color rojo similar al del uniforme de Gryffindor. Se barió la puerta que daba a la calle, y un hombre alto y rubio entró, seguido por Crookshanks.
- Buenas tardes, Lucas Granger un gusto conocerte.- Le dijo a Harry con una vos grave, y le tendió la mano.
- Buenas tardes señor Granger. Soy Harry Potter.- Dijo estes y tomño la mano que el dentise la tendía.
- Por supuesto que se quien eres. ¿Que acaso no vivo con tu fan número uno?
- PERFECTO. ¿Quieren hacerme quedar peor?- Interrumpió Hermione, y se metió en la cocina.
El Sr. Granger pareció dudar un minuto la posibilidad de contestarle a su hija o no, y prefirió entonces tomar aciento, e invitar a Harry a su lado.
- Pues dime Harry, ¿Quieres un te, un cafe, jugo?- Preguntó la Sra. Granger.
- Aquí le traigo mamá, no le gusta el jugo de naranja, prefiere el de calabaza.- Dijo Hermione un poco fastidiada.
- Ah esas maravillas que nuestra hija trae del mundo de ustedes!- Dijo el Sr. Granger.- Adoro esas pequeñas ranitas de chocolate, son mis preferidas. Aunque aquellas grajeas de todos los sabores no son muy recomendables no te parece?- Preguntó a Harry.
- Bueno... cuando uno vive en el mundo de los magos, terminas acostumbrándote a ese tipo de extravagancias.- Contestó Harry sonriendo.
- Jajajaja! Es un chico muy astuto. No te parece Jane?- Dijo el Sr. Granger a su esposa.
- Absolutamente.- Afirmo ella.- Herms hija... podrías ayudarme en la cocina?
- Si mamá.- Contestó Hermione, sabiendo que en realidad lo que su madre quería era hablar de Harry sin que el chico lo notara. Ambas se metieron en la cocina, y dejaron al muchacho explicandole al dentista en que consistía le Quiddich.
- Por Dios hija es divino!- Exclamó la madre en vos baja, mientras ponía unos pequeños emparedados en una bandeja y miraba con demasiado interes la nuca de Harry.- Entiendo ahora que lo quieras tanto.
- Que dices? Harry y yo sólo somos amigos mamá, los mejores, pero amigos en fin. El tiene novia, está muy enamorado. No digas tonterías.- Concluyó la muchacha, que ahora ponía papas fritas en un recipiente.
- ¡Oh no se que le pase a él, pero en cuanto a ti... esos ojos hija no saben mentir! Y no solo los ojos, son tus acciones las que lo demuestran. No lo sigues por simple lealtad, lo que tienes es amor.- Dijo la Sra. Granger con tomo convencido y mirando a su hija de manera tierna.
- Ya basta mamá. Se que no te hare cambiar de opinión. Pero en lo que a mi respecta, nunca se me ocurrió tener nada con Harry mas que la hermosa amistad que ya tenemos. Y bueno... se supone que aún tengo cosas pendientes con Ron.- Contestó la chica un poco apenada.
- Tu no me convenceras a mi, y yo no te convencere a ti. Pero espera un tiempo a que ambos maduren y se den cuenta. O al menos tu te des cuenta. Volveras de rodillas a preguntarme que hacer.- Dijo la Sra. Granger mientras salía de la cocina y dejaba a una pensativa Hermione llenando una jarra de jugo.
"Está loca,- pensó la muchacha.- Harry es el mejor amigo que tengo pero... nunca sentí nada por él mas que aquello. Supongo que lo veo como a un hermano. Si, es eso, es mi hermano y punto." Terminó de llenar la jarra y volvió al living, alegrándose de ello porque ahora el Sr. Granger estaba mostrándole a Harry videos de Hermione cuando pequeña.
La chica miró a su amigo. Este tenía una mirada tierna que ella nunca le había visto usar.
(Continua...)By
La Belu Punchy ^^