miércoles, 26 de diciembre de 2007

Continuacion Cap. 7 (Spoilersssss!!!!!!!!!!!!!)


Con aquellos pensamientos sobre lo desagradecido que era para con los Weasleys, se quedó dormido.
A la mañana siguiente, luego de volver de la tienda cargado una vez más de sus comidas favoritas semi preparadas, y varias toneladas de tarta de melaza para llevar al te de los Weasleys, comenzó a recorrer la casa para ya plantear las próximas refacciones.
Le resultaba muy extraño todo aquello, puesto que nunca había decorado algo a su gusto. A decir verdad, ni siquiera sabía a ciencia cierta cual era su gusto.
Caminó por los oscuros pasillos proyectando en las paredes las futuras ventanas, y entonces se paró en seco al darse cuenta de que había llegado a la habitación de Sirius.
La puerta negra estaba cerrada, y Harry sintió un cosquilleo en sus brazos, como si la curiosidad hubiera alcanzado su sistema nervioso. Era como si un tesoro se escondiera detrás de aquella simple puerta barnizada en negro, tesoro del que solo Harry conocía su ubicación, y al que solo él le daba valor.
¿cuántas fotografías de sus padres había allí adentro? ¿Cuántas cartas, tarjetas, o cualquier tipo de recuerdo de la historia de los Potter yacían a tan sólo centímetros de Harry? Tal vez en ningun lugar del mundo habría tanta información sobre sus padres como en aquella habitación.
La ansiedad lo embargó, y tomó el picaporte, girándolo suavemente, como si tuviera una sola oportunidad de vivir aquel momento. Y entonces, cuando faltaban milímetros para que la puerta se abriera del todo y develara los misterios que Harry no había podido encontrar la primera vez que entrara allí, sintió un estruendo en la puerta, un grito de dolor, y una vos femenina que gritaba su nombre. Al instante, la señora Black, quien no había gritado hasta el momento, comenzó con su típico discurso a gritos, y Harry pensó que los vecinos debían de estar pegándose un susto enorme.
Tomó su varita, y bajó las escaleras derrapando. Cerró con dificultades el retrato de la señora Black, y se metió en el may con la varita en alto.
- ¿Quién anda ahí?- Preguntó, tratando de parecer lo mas macho y peligroso posible.
- Harry soy Hermione, estoy en la puerta.- Contestó una vos llorosa detrás de la misma.
- ¿Her...Hermione? ¿Qué haces aquí?- Preguntó Harry bajando la varita y acercándose a la puerta. Entonces le sonó absurdo que ella estuviera allí, y pensó que lo mejor era hacerle algun tipo de pregunta antes de abrirle la puerta.- Si eres Hermione... ¿Cómo se llama mi ahijado?
- Se llama Teddy. Harry por favor ábreme, estoy sangrando.- Dijo la vos de Hermione desesperadamente.
Harry no lo dudó ni un segundo más, y abrió. Allí estaba ella con su remera rosa brillante llena de estrellas, aquella que Harry le había confeccionado, que ahora estaba llena de unas pequeñas gotas de sangre que brotaban de una herida grande en la frente de la muchacha.
- ¿Qué te pasó?- Preguntó Harry dejándola pasar.
- Quise aparecerme directamente en el hall y... no pude.- Dijo la muchacha.
- Pero... ¿porqué? Si yo si puedo hacerlo.
- Bueno tu eres el dueño de la casa, yo no. Tal ves sea por eso.- Habían llegado a la cocina, y Hermione se había sentado, mientras Harry mojaba un trapo para limpiarle la herida.-
- Mírale el lado bueno, por lo menos si te queda una cicatriz en la frente, será simplemente una cicatriz, no como la mía.- Dijo el muchacho riendo.
- No seas tonto. Perecería tu fan numero uno.- Contestó ella, y entonces los dos rieron. Se hizo un silencio, y Hermione agregó: - Igualmente lo soy, con o sin cicatriz.
- Díselo a Romilda Vane.- Dijo él. De pronto, Hermione de puso pálida.
- Harry... creo que me desmayo.- Y dicho esto, se desplomó sobre la mesa, dejando caer el trapo de su frente.
Harry se paró inmediatamente, e intentó hacer que reaccionara. Pero no logró nada. Así que la tomó en brazos, y subió lo mas rápido que pudo hasta su habitación. Hermione parecia dormida, y Harry notó por primera vez lo delgada que era. No le resultaba pesada, y por un momento se quedó parado en el medio de la habitación con la chica en brazos, mirándola como si nunca la hubiera visto en su vida. Con toda la ternura del mundo, la apoyó suavemente en la cama, le quitó los zapatos, y abrió todas las ventanas para que entre aire en la habitación.
Comenzó a revolver en sus libros buscando alguna manera de despertarla, pero sólo encontró la manera más rápida de transformar una jarra en un loro. Desesperado, caminaba una y otra vez por la habitación pensando a quien podría preguntarle. Se sentó a su lado en la cama, y tomó una de las manos de la chica. Estaba tibia. Harry pensó que aquella era una buena señal. Entonces recordó a Madame Pomfrey.Convocó a su Patronus, y envió al ciervo a que le preguntara de que manera despertarla.
Y se quedó sentado a su lado, luego de ver al ciervo desaparecer. No estaba muerta, por supuesto que no, sólo estaba desmayada por el golpe. Se pondría bien. Harry trataba de auto convencerse, pero nunca había visto a una persona desmayarse, y las veces que el se había desmayado bueno... no recordaba nada de aquello. Le limpió la remera con una hechizo simple, y comenzó a acariciarle el cabello. Era muy suave, a pesar de parecer siempre enredado. Hermione había tratado de acomodarlo con un lazo, y ahora sus ondas caían por su rostro de una manera muy dulce. Por algún extraño motivo, Harry no podía dejar de mirarla. Era perfecta, pensó, y el odio hacia su mejor amigo por tratarla mal volvió a su cuerpo como si lo hubieran metido mediante una bala. “Eres tan idiota Ronald, pensó, no puedes perderla sólo por un par de caprichos. No la mereces, ella no se merece sufrir. Ella merece a un tipo... uno que la quiera al menos, que la respete, aunque sea la mitad de lo que intento hacer.”
La imagen de Hermione tumbada allí, sin poder hablar, sin poder retarlo o contestarle, sin hacer en síntesis todo lo que una típica Hermione haría, le hizo pensar a Harry en las millones de veces en que pudo haberla perdido, en que pudo haber muerto, y que a pesar de todos los peligros, ella permaneció firme a su lado siempre, sin pensarlo dos veces, atendiendo a todas sus llamadas.
- No me dejes, no ahora no de esta manera.- Le susurró al oído, y le dio un beso en la frente.
Hermione se estremeció, como si le hubieran echado un balde de agua helada. Se incorporó de golpe en la cama, y se tomó la frente.
- ¿Qué paso? ¿Por qué te ríes?- Preguntó, al ver que Harry se sonreía.
- Porque estaba preocupado por ti. Llevas unos quince minutos desmayada. ¿Cómo te sientes?- Dijo el muchacho, mirándola inquisidoramente, pero aun con la sonrisa en su rostro.
- Mareada. ¿cómo llegué a aquí?- Preguntó Hermione, mirando la habitación.
- Te traje en brazos.- Contestó él caballerosamente.- Y antes de que digas nada, el placer es mío. Me alegro mucho de que estés bien.- Dicho eso, se acercó mas a Hermione y le abrazó. La chica suspiró. Le encantaba el perfume que Harry usaba.
- Gracias, caballero de la brillante armadura.- Contestó ella riendo, sin separarse de él.- No se que será de mi el día en que no te tenga.
- Bueno, ese día no llegará nunca. Siempre me tendrás.- dijo el, quien tampoco podía soltarse de ella. Le encantaba la manera en que parecían encajar sus dos cuerpos.
Se produjo un silencio durante el cual se limitaron a... abrazarse, hasta que las tripas de Harry comenzaron a sonar reclamando comida.
- Creo que deberíamos comer algo.- Dijo Hermione riendo.- Yo iré a prepararte.- intentó incorporarse, pero Harry la detuvo.
- Estás realmente loca si crees que te dejaré hacer algo después de lo que te pasó.- Dijo el muchacho seriamente.- Hoy seré yo quien te atenderá. ¿Entendido?
- Si capitán.- Contestó ella, y se volvió a acostar en la cama y tomó un libro de los que Harry había desparramado por la habitación en busca de ayuda.
Harry bajo las escaleras hasta la cocina. Buscó entre las bolsas de comida el pollo que había comprado, pues sabía que a Hermione le encantaba. Lo calentó de la manera que decía en el empaque, lo puso en dos platos, y mediante magia lo subió, junto con una jarra de cerveza de manteca y unas cuantas ranas de chocolate.
Hermione se había quedado dormida en esos minutos, y cuando Harry se sentó en la cama, la chica despertó, y sonrió la ver lo que el muchacho le había preparado.
- Pollo, mi favorito.- Dijo entonces Hermione sonriendo, sentándose también y tomando el plato que Harry le tendía. Estaba algo pálida, pero Harry supuso que pronto se le pasaría. Empezaron a comer en silencio, lo que a Harry le extrañó muchísimo, por el simple hecho de que Hermione no era de esas mujeres que suelen quedarse calladas.
- ¿Te pasa algo? Estas demasiado callada.- indagó el muchacho mirando extrañado a su mejor amiga.
Hermione no contestó de inmediato, sino que se limitó a tragar y a mirar por la ventana. Su rostro tomó entonces una expresión de tristeza, y bajó de nuevo su mirada al plato, donde comenzó a juguetear con los restos del pollo.
- Es que... creo que no puedo postergar mas la charla que tengo pendiente con Ronald. Y no se... que voy a decirle. Pero no quiero que te metas en esto.- Dicho esto, le dirigió una mirada a Harry poco convincente.
- Ya te lo he dicho. No hagas anda que pueda lastimarte. Piensa un poco en ti. No soportaría que después de todo lo que hemos pasado, te obligues a estar mal en una relación por no hacerle daño al otro. Te mereces ser feliz. Si... si Ronald no entiende eso, no te merece.- Tomó una mano de Hermione entre las suyas y continuó.- Te conozco a ti, y lo conozco a él. Son mis mejores amigos y les debo la vida.Y se que tal ves... no se hablen nunca mas. Pero todos nos equivocamos Herms. Date el gusto una vez en la vida de hacer lo que quieras, sin temor a equivocarte, sin pensar en los demás.
-No es tan fácil. Hay tanto en juego. Sinceramente, el error ya lo cometí, al ser yo tan estúpida de haberle dado aquel beso en aquel momento, sin pensarlo demasiado. Pero hacía tiempo que necesitaba eso, y en ese momento en que nuestras vidas corrían tanto peligro no se... pensé que a lo mejor era la ultima oportunidad que tendríamos. Y ahora es demasiado tarde. No encuentro manera de que las cosas terminen bien, porque lo conozco a él y se como son las cosas. En fin, no quiero que digas nada, ni que tomes partido por mi parte. No... no quiero que quedes en el medio. Haz tenido demasiados problemas en tu vida, como para que tengas que cargar con estas especies de tonterías.- concluyó la chica, y volvió a mirar a cualquier lugar menos a los ojos de su mejor amigo
Harry se quedó en silencio. De nada le servía que Hermione de pidiera que no se metiera. No podía no hacerlo. No debía quedarse al margen. Tal ves no se lo dijera a ella, pero estaba esperando el momento justo y propicio para decirle a Ron todo lo que había ido almacenando en ese tiempo.
Pasadas las tres de la tarde, Harry se cambió después de darle a Hermione el gusto de elegirle la ropa, y se aparecieron en el jardín de los Weasleys.

Continuara...

By La Belu Punchi!!! ^^

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Final Del Cap. 6 y principio del 7 (SPOILERS!!!!)


chica miró a su amigo. Este tenía una mirada tierna que ella nunca le había visto usar. Se sentó a sus pies en el sillón, y para su sopresa, el puso sus manos sobre los hombros de la chica. Hermione sonrió: hacía tiempo que nadie tenía ese tipo de consideraciones para con ella.
Y ahora la chica se sumergió en sus pensamientos, mientras miraba un video de un concurso de deletreo al que ella había asistido en tercer grado. ¿Qué le estaba ocurriendo? En aquel momento se sentía la persona mas feliz del mundo. Allí, en el living de sus padres, observando las miradas de orgullo y ternura de ellos y de Harry, sintió que nada superaría aquel momento. Era como sentarse a ver una linda película en familia, y la chica deseo para sus adentros que aquel momento no terminara nunca.
Le parecía mentira que el que ahora la tomaba por los hombros por un momento había yacido muerto en brazos de Hagrid. Más aun se sorprendia de que los adultos de la habitación hubieran comprendido tan facilmente le porqué de su partida, y que la hubieran perdonado con tanta facilidad.
No podía ser más perfecta su vida. O, tal vez solamente si alguien la amara, la amara en serio como nunca nadie lo había hacho. Victor había sido un simple amorio de juventud. Así lo veia ahora. Con la madurez que había adquirido en aquellos meses de ser perseguida junto con su mejor amigo, ahora evaluaba la situación, y llegaba a la conclusion de que su romance con el famoso jugador de Quidditch habia sido una idiotes de adolescente.
Y bueno... también estaba Ron. A veces creía que si lo queria, que hasta lo amaba, y por momentos pensaba que Ron había sido solo un "algo en que creer", era como tener esperanzas de que algo la esperaría despues de Voldemort, que sería completamente feliz. Ahora entendia que con quererse no bastaba. Ella no dudaba del amora de Ron. Ni siquiera del de ella. Pero simplemente no podían estar juntos. Eran completamente incompatibles. No como con Harry. Y ahi entraba a comparar a los dos muchachos. Y se sentía la peor persona del mundo. ¿Quien era ella para comparar a nadie? Y mas aun decretar quien era mejor o quien peor. No, no debia hacerlo jamas. Sobretodo porque... porque en aquellos momentos en que se olvidaba de lo moralmente correcto, Harry siempre terminaba ganando la terna.
El video había concluído y Hermione despertó del ensueó al escuchar la vos de su padre hacer la ultima pregunta que ella hubiera querido escuchar.
- Y dime Harry... ¿consideras que Hermione fue... fundamental para ti?
- No fue fundamental.- Contestó el muchacho, y miró a Hermione ahora. Los ojos verde esmeralda y los pardos se cruzaron. La chica sintió una punzada de dolor al pensar que su amigo no la valoraba, pero antes de que se lo ocurriera contestar algo, Harry desvió su mirada a los Sres. Granger que ahora lo miraban con sorpresa, y agregó.- Todavia lo es, y lo será siempre.
Sonriendo, apretó sus manos en los hombros de la muchacha, y ella le sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
- Entiendo ahora porque él es tu mejor amigo.- Contestó la Sra. Granger, y tanto ella como su marido se quedaron por un segundo contemplando como su hija unica miraba con adoración y cariño al chico que durante meses la había alejado de sus brazos. Aquello iba mas alla de una simple amistad, por mucho que los adolescentes no se dieran cuenta.

Ya era de noche. Harry estaba sentado en la terraza de Hermione esperando a que esta se despidiera de sus padres que se iban a dormir. La vista desde aquel sitio era increible. Las cientos de luces de los edificios de Londres transmitian una energia inexplicable, y sin embargo la calma y la quietud lo abarcaba todo. Escuchó pasos en las escaleras, y vio a Hermione subiendo con dos vasos de chocolatada fria.
- Esto es sencillamente hermoso.- Dijo el chico, haciendo referencia a la vista que había desde la terraza.- Comprendo cuando veo este tipo de cosas porque los magos se extrañan tanto con los muggles. Esto también parece por arte de magia. ¿No lo crees?
- Hay muchas cosas que me trasmiten eso. Cosas simples pero que a su ves son indispensables. La magia va mas alla de las varitas y los encantamientos, hay magias que no pueden ser controladas. ¿Comprendes?- Preguntó la chica que ahora se había recostado en una manta en el piso.
- Claro que si. Los sentimientos de las personas son un ejemplo. Son tan... impredesibles.- Dijo Harry, quien ahora pensaba en mas profundidad lo que Hermione le acababa de decir.
- Yo creo que el ser impredesibles los hace mas bonitos o mas feos, de acuerdo con el sentimiento en si. Por ejemplo, cuando uno siente amor, asi de un momento a otro, y tiene la necesidad de saber si la otra persona se lo corresponde... eso es muy bonito. Pero cuando ese amor de pronto termina... por que si digamos, sin explicaciones, es demasiado horrible.
- ¿Lo dices por algo en especial?- Indagó Harry
- Sabes porque lo digo. Tu no puedes decir mucho, despues de todo, a ti te paso lo mismo con Cho.-
Contestó astutamente Hermione. Se giró entonces para mirar directamente al muchacho a los ojos, y agregó: - O con Ginny.
Harry la miró extrañado. Si no hubiera conocido tan bien a su mejor amiga, en ese momento hubiera creido que ella era capaz de practicar la Legeremancia. Esa era el tipo de actitud de Hermione que la hacia un poco extraña. No le molestaba. Al contrario, a veces era mejor que ella tuviera esas habilidades, asi el chico no debia expresar oralmente las cosas que lo perturbaban.
-No se como haces para saberlo todo.- Dijo simplemente el muchacho, y desvió su vista hacia el cielo de nuevo.
-¿Esa es tu manera de decirme que tengo razón en lo que dije?- Preguntó ella, que ahora se había incorporado buscando la mirada perdida de su amigo.- ¿Qué pasa Harry? ¿Quieres contármelo?
-Si y no.- Dijo Harry.
-Esta bien. Entiendo que te sientas incomodo hablando de esto conmigo. A veces odio mi incertidumbre. ¿Por qué diablos tengo que saberlo todo?.- Contestó la chica, hablándose a si misma.
Harry comenzó a reir con ganas.
-No entiendes nada.- Le dijo, secándose las lagrimas de los ojos, y mirando la cara de extrañes de su amiga.- En primer lugar, tu incertidumbre te hace, en buena parte, la maravillosa persona que eres. En segundo lugar, no pienso contarte nada de Ginny porque tu no me cuentas nada de Ron.
-Pero Ron es tu mejor amigo! Seguro que diez segundos después estarías contándole todo.- Dijo ella con cara enojada.
-Y Ginny es la tuya! ¿adonde está la diferencia? Ademas, ustedes son peores que nosotros.- Contestó Harry aun sonriendo.
-No seas idiota. Ginny no es mi mejor amiga. Lo era, pero desde hace tres meses que no me habla. Y no me preguntes porque, porque a mi también me encantaría saberlo.
-Oh... bueno... pero no sabría que decirte.- Dijo Harry tratando de cerrar la cuestión, pero la cara de su amiga le decía claramente que esperaba algo mas como respuesta.- Yo la quiero, es obvio que la quiero. Y ella... es muy importante para mi. No dudo de ninguna de las dos cosas. Pero no creo que... que seamos el uno para el otro. No lo siento asi. No podemos vivir juntos mas de dos o tres dias porque comenzamos a aburrirnos, a tratarnos mal, a pelearnos. Y nos faltan muchas cosas por conocer el uno del otro, pero si no podemos tolerarnos, ¿cómo vamos a hacerlo?
-Menos mal que no sabías que decirme.- Contestó una Hermione que lo miraba ahora realmente sorprendida.- en verdad creí que las cosas entre ustedes estaban algo raras, pero que al final todo estaba bien. No creí que la cosa fuera tan... seria.
-Si... bueno en realidad lo he pensado pero no demasiado. Y no se lo he dicho a nadie mas que a ti. Así que... siéntete honrada.- concluyó el con una semi-sonrisa en los labios.
-No creas que lo mío con Ron es muy distinto. Debo reconocer que yo no soy para nada fácil, ¡pero él es tan cambiante! Me parece increíble a veces que sea la misma persona. Y entonces debo despertarme cada mañana y preguntarme que persona será hoy para saber como reaccionar ante el , como tratarlo para evitar peleas. Y muchas veces se pone... agresivo, y plantea discusiones sin importancia, pero dice cosas que a mi me lastiman. En definitiva, sigue siendo el mismo Ron de siempre, pero yo albergaba la esperanza de que aunque sea por nuestra relación ceda en algunas cosas. Yo lo hice, yo deje de lado mi... mi petulancia, como él la definía, y por lo menos intenté ser mas dulce con él. Y dejé de escribirle a Víctor, hace mas o menos un año y medio que no contesto a ninguna de sus cartas porque sabía que a Ron le molestaba. Pero no puedo encontrar la manera de que se sienta completamente cómodo conmigo, siempre queda algo que no le agrada. No se que hacer.- Concluyó la chica bastante apenada.
Harry la miró. Por un segundo, olvidó completamente que Ron era su mejor amigo, y se enfureció tanto con el prelirojo, que de no ser porque su reloj ya marcaba la medianoche, se hubiera aparecido en la Madriguera y le hubiera undido la cara en un golpe. ¿Porqué tenía que ser tan tonto? ¿Acaso no se había pasado años peleando con Hermione por estupideces, y ahora no era capaz de dejar sus caprichos de lado para hacerla a ella feliz?
- Lo que mas quiero en el mundo es tener una vida tranquila, normal. Feliz, si se puede.- Dijo Harry rompiendo el momentaneo silencio, y al mirar a Hermione se dio cuenta de que una lágrima caía por su mejilla. El la secó, y continuó diciendo.- Y quiero verte feliz. Te lo mereces, realmente te lo digo. Y a Ron también. Se que se quieren, no se en realidad cuanto, pero si sientes que te hace mal, no sigas haciendote peor. Es tan simple y tan complicado como eso.
Él le sonrió, y ella tomó la mano que el muchacho había puesto en su mejilla. Era extraño, pensó Hermione, como siempre, la final de cuentas, Harry era el único que se preocupaba por ella, por verla feliz.
Sus manos cuadraban a la perfección, y se miraron por unos instantes sin saber que decirse. Hasta que Hermione tomo la palabra:
- Hacía mucho tiempo que no me divertía como lo hice hoy. Y quería agradecerte por eso, y por venir aquí, en verdad es muy importante para mi que tu... estés presente en todos los aspectos de mi vida.- Dijo la chica, que ya había terminado de llorar, pero aun así aferraba la mano de su mejor amigo como si su vida dependiera de ella.
-No hace falta que me agradezcas. El placer es mío. Y tus padres son geniales. De verdad que si.- Dijo él con una sonrisa. Le dio un pequeño apretón a la mano de Hermione, y se paró.- Bueno, debería irme. Ya es bastante tarde.
-Si tienes razón.- Dijo ella, y también se incorporó.- Prométeme que me tendrás al tanto de todo, sobretodo de la cuestión de Teddy. Me interesa mucho a mi también. Y que te cuidaras con las comidas, y...
-Si mamá me portaré como es debido. Déjame irme ahora.- Contestó el riendo. Y entonces, al contrario de lo que generalmente ocurre en aquellas ocasiones, Harry abrazo a Hermione antes de que esta lo abrace a él. La chica se sonrió. Aquel tipo de reacciones eran las que mas le gustaban de su mejor amigo. Él la soltó, ella le dio un beso en la mejilla, se dijeron adiós, y con un suave “Plop!” Harry desapareció.
Hermione se volvió a sentar en la manta del suelo, mirando a las estrellas. Sintió entonces que desde hacía tiempo no era tan feliz como en aquel momento. Y el único responsable de aquella felicidad era Harry. Con aquellos pensamientos, se quedó dormida.
A pocos kilómetros de distancia, el muchacho de ojos verdes se metía en la cama, y colocaba su nueva gorra en la mesita de luz, sin poder evitar sonreír. Se quedó largo rato mirando al techo, y entonces se dio cuenta de que estaba feliz. Muy feliz. Hacía varios meses que no se sentía así, y pensó que Hermione se merecía el cielo por haberlo puesto de aquella manera. Y rememorando aquel día, tratando de grabarlo en su memoria, el también se quedó dormido.

Capitulo 7: tomemos el té.


Habían pasado tres días desde que Harry había ido a Londres a visitar a Hermione. Por algún extraño motivo, amaba su nueva gorra. Nunca había tenido una, y aquella tenía además la carga de haber sido confeccionada especialmente para él por su mejor amiga. Si a eso se le sumaba que la gorra ocultaba su cicatriz, aquel se transformaba inmediatamente en al regalo perfecto.
Harry estaba desayunando algo de pollo que le había sobrado de la noche anterior, y se sonrió al pensar lo que Hermione le habría dicho si lo hubiera visto desayunando aquello. Pero su pensamiento se interrumpió al ver la inconfundible silueta de una lechuza que se acercaba a su ventana. Harry se paró sobresaltado, puesto que hacía días que esperaba la contestación de la Sra. Tonks. La lechuza se fue acercando, y Harry se dio cuenta de que no era otra si no Pig, la mascota de Ron. La sonrisa se borro bastante de su cara, y se apartó de la ventana para que Pig pudiera entrar.
Ésta dejó la carta sobre la cama, y sobrevoló la habitación buscando donde posarse. Eligió la parte superior del ropero de Harry, y se quedó mirándolo. Harry tomo la carta, y la abrió. Se dio cuenta de que la caligrafía no era ni la de Ron ni la de Ginny, si no que le parecia conocida, pero estaba escrita muy rápidamente por lo que Harry no recordaba de quien era. Pensó que la manera mas facil de averiguarlo era leyendo la carta, así que comenzó.
"Querido Harry: Espero que estés bien. Imagino que debes sentirte muy solo, y que ademas esa casa no debe fomentar mucho tu buen humor. Te preguntaras tal vez porque te envío esta carta, y la verdad es que mas alla de que estoy preocupada por ti, los que mas me preocupan son mis hijos, Ginny y Ron. Desde que volvieron de Hogwarts, se la pasan todo el tiempo cada uno en su habitación, no dirigen la palabra a nadie a menos que se les pregunte algo, y tienen un aspecto enfermiso que no me agrada. Lo que quiero entonces es pedirte un favor: que vengas mañana a la tarde a tomar el te a casa. Ya invite a Neville, a Luna y a Hermione. Tanto Neville como Luna han respondido que vendrán, y me gustaría entonces que tu y Hermione vengan. Tengo que pedirte ahora lo siguiente: no se como estan las cosas entre ustedes cuatro, pero recuerda Harry que si lo haces lo haras por mi, porque quiero ver a mis hijos bien, despues de todo lo que tuvieron que pasar.
Avisame cuando puedas, mis mas sinceros cariños.
Molly."
Harry lo pensó solo un instante, tomó su pluma y escribió al reverso: "Por supuesto que ire, y llevare algo de comer. Mis cariños a Usted. Harry."
Llamó a Pig, le dio la carta, y la vio partir hasta que se perdió en el horizonte.
Se tiró en la cama, y se sintió la persona mas egoísta del mundo.


Continuara...


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sábado, 8 de diciembre de 2007

Continuacion Cap. 6 (Spoilers!!!) =)


El ciervo plateado apareció. Harry estiró su mano e intentó tocarlo, pero no lo logró. Solo sintió una leve brisa cálida en tus dedos, pero aun así el ciervo inclinó la cabeza como suelen hacer los animales al acariciarles la cabeza.
-Escucha- Le dijo Harry a la criatura al salir de su ensimismamiento.- Necesito que le lleves un mensaje a Hermione de nuevo. Dile lo siguiente: "¿Como estas? ¿Como salió todo? Estoy un poco preocupado por la ausencia de noticias. De todos modos, yo estoy bien. La verdad es que no me gusta estar solo, y comienzo a aburrirme. Los extraño a todos, y extraño que me retes. En fin, cuando puedas, contéstame. Te quiere, Harry." ¿Entendido?- Le preguntó al ciervo.
Este asintió y se marchó, atravezando las paredes para salir a la calle.
Habían pasado menos de cinco minutos, cuando la nutria plateada de Hermione entró en la habitación, y Harry se acercó al animal.
Ésta comenzó a hablar con la voz inconfundible de Hermione:
"Estoy mas que bien, ya he hablado con mis padres y todo ha vuelto a la normalidad. Están muy orgullosos de nosotros, y realmente no puedo creer que no se hallan enfadado. Anota ésta dirección: (La nutria hizo una pausa yHarry tomó un trozo de pergamino que le había sobrado de la carta a la señora Tonks),Calle Bedford número 48. Ven mañana a las 9, y vístete bien: conocerás a mis padres.
Te quiere, Hermione."
La nutria se desvaneció y Harry, sin pensarlo dos veces, se decidió a ir, sin reflexionar ni un minuto en las posibles consecuencias.
A la mañana siguiente, Harry se desperto a las 7. No sabía cuan largo sería el viaje a la Casa de Hermione, por eso prefería ir con tiempo. Lo primero que hizo fue bañarse. No le agradaba mucho la idea, porque en realidad no le agradaba el baño. Era muy antigua, y hacía tiempo que nadie lo usaba. Harry tenía el presentimiento de que las cañerías y la bañera se desintegraban cada vez que el agua las tocaba. Cuando terminó, intentó a aplastarse el cabello, sin ningún resultado.
Buscó en su baul sus mejores pantalones y una camisa celeste que sabía que a Hermione le agradaba, puesto que ella se la había elegido en una visita a Hogsmade. Se puso algo de perfume, y salió, sin siquiera avisarle a Kreacher.
Le parecía que lo mejor era ir en un taxi muggle. La tarde anterior había cambiado un poco de dinero, y descubrió que salía ganando, ya que el dinero de magos era mas caro que el de los muggles.
Caminó tres cuadras hasta la parada, y esperó unos quince minutos el taxi. Se alegraba ahora de haberse despertado temprano, porque para ese entonces ya eran las ocho y diez. Le dijo al taxista la dirección, y éste lo miró por el espejo retrovisor, fijando su vista en la cicatriz del chico. A Harry no le gustaba nada que le miraran la cicatriz, sobre todo en el mundo mago, pero luego pensó que para los muggles tambíen resultaba interezante.
-Lindo barrio al que vas.- Dijo el taxista.- ¿Vas al médico, no es cierto?
- No,- contestó Harry, contento de que la conversación desviara la atención del taxista de su frente.- Iré a visitar a una amiga, sus padres son dentistas.
- Claro. Bueno... si, ese barrio es principalmente de consultorios y sanatorios.- Explicó el taxista. Miró entonces nuevamente la cicatriz de Harry, y agrego:- ¿Sabes? Nunca había visto una cicatriz como esa. Es muy extraña, y su forma es muy... perfecta. No quiero ofenderte, pero me recuerda a las marcas del ganado. ¿Cómo te la haz hecho?
A Harry le pareció que el taxista era una estúpido entrometido. Pero aún así, contestó:-No lo se, de pequeño supongo. Recuerdo haberla tenido siempre.- Dijo simplemente, como para darle fin al tema. Después de todo, pensó, el taxista no estaba muy equivocado: era bastante parecida a las marcas del ganado, no en forma, si no en fin. Allí era donde Voldemort lo había "marcado como a su igual". Para estas alturas, Harry estaba bastante nervioso.
- Y esta amiga tuya... bueno... ¿que intenciones tienes?- Preguntó el taxista.
- Ninguna, sólo conocer a sus padres. Tengo novia... quiero decir, otra chica es mi novia.- Definitivamente, el taxista no le caía para nada bien. Estaba deseando llegar lo más rapido posible, y si hubera sabido el camino, se habría bajado y hubiera seguido lo que le faltaba caminando.
Tal vez el taxista leyó su mente, o simplemente vió la cara de fastidio de Harry, porque de ahi en adelante no habló mas, hasta llegar a una calle estrecha y poco iluminada, producto de los altos edificios que la ensombrecían.
-Calle Bedford, numero 48.- Dijo el taxista.- Son nueve euros.
Harry buscó en sus bolsillos y pagó el taxi.
-Adios,- dijo al bajar.
- Adios Harry Potter.- Dijo el taxista, y se marchó rápidamente. Harry se quedó perplejo: ¿cómo sabía un simple muggle su nombre? ¡Si él no se lo había dicho en ningún momento!Se dió vuelta, y vió una casa de dos pisos, con una puerta de vidrio en el frente que tenía un cartel que decía: "Jane y Lucas Granger. Odontólogos". Harry tocó y una cabellera castaña apareció de inmediato. Antes de que pudiera decir “Hola” , los brazos de Hermione ya le rodeaban el cuello. Harry le palmeó la espalda, como acostumbraba a hacer ante aquella típica reacción de Hermione, que precedía a la verborragia de la muchacha.
- ¿Como estás?- Le preguntó esta, pero antes de que Harry contestara, había comenzado a hablar de nuevo.- ¡Mirate! Te haz puesto la camisa que yo te elegí, y ademas planchaste tus pantalones. ¿Que acaso vienes a pedirle mi mano a mi padre?
Ambos rieron ante la idea. Hermione hizo señas a Harry para que subieran la escalera que conducía al segundo piso.
- Bueno dime, ¿como haz estado?- Volvió a preguntar.
- Bien... creo.- Dijo Harry.- A decir verdad, la vida de solitario no es lo que yo creía.
- Sabes, yo estaba muy asustada por ti.- Dijo entonces Hermione.
-¿Porque? Por si no lo sabías, hemos derrotado a Voldemort, y con eso el peligro de mi vida se ha reducido a un... cero porciento.- Le contestó el chico.
- Si, claro, pero olvidas un detalle: sabes manejar el peligro, pero no creo que sepas manejar una cocina... o una escoba real, para barrer y no para volar.
- ¡Que poco me conoces!- Dijo Harry riendo.
Había llegado al piso superior, y en cuanto Hermione abrió la puerta, una nube canela corrió a los pies de Harry y se acarició en su pantaló.
-Hola Crookshanks.- Dijo el muchacho, y le acarició la frente al gato.
- Ha estado insoportable. Está muy acostumbrado a salir, ya que en Hogwarts se pasea a sus anchas. Pero aquí no puede. En fin... esta es mi segunda casa.- Dijo Hermione y señaló el lugar.
Era un ambiente grande para ser un departamento. Tenía un comedor conectado a la cocina por una ventana interna. Mas adelante tenía un pequeño living con un televisor. Las fotos de Hermione con sus padres inundaban el lugar, y todo estaba decorado con un estilo indu, ademas de estar limpio y cuidado.
- Es fantástica.- Opinó Harry, y comenzó a mirar las fotos que había en los muebles. Le llamó la atención una en donde Hermione, con unos siete años, estaba vestida de bruja, con el típico disfraz que los niños usan en noche de brujas.
- Siempre me interesó la magia de pequeña.- Dijo Hermione, que había terminado de servir jugo en dos vasos, y le daba ahora uno a Harry.-Tal vez, no se... la sentía ya como parte de mi.
- ¿Adonde quedó esta niña tierna?- Preguntó el muchacho con tono de broma cuando volvió a colocar la foto en su lugar, y tomó el vaso.
- Supongo que la perdí cuando a los dos meses de entrar en Hogwarts ya andaba persiguiendo a Voldemort. Y en parte, ustedes tienen la culpa.- Contestó Hermione.- Mis padres están atendiendo los pacientes de nuevo. Se desocuparan para las tres. Así que terminaré de mostrarte la casa, y luego podemos salir a caminar, almorzar algo por aqui. ¿Quieres?
- Por supuesto.- Dijo Harry.- Y dime... ¿como están tus cosas?- Agregó el muchacho. Se miraron un momento, y Hermione supo que en realidad le estaba preguntanto por Ron.
- No lo se.- Contestó ella.- No he hablado con nadie mas que contigo. A decir verdad, eres el único que se ha preocupado por mi, y yo no ire a buscar a nadie.- Con esto, Harry interpretó que su amigo no había escrito aun a Hermione, pero el tono frio de la vos de la muchacha le hizo entender que a ella no le importaba demasiado, o al menos intentaba no demostrarlo.- Y tu... ¿Hablaste con alguien?
- Si, le envié una carta a Ginny. En realidad, contesté una que ella me envió. No se si fue mejor o peor, pues la carta fue lo que me terminó de deprimir.- Dijo Harry.
- No quiero ni pensar como estarán las cosas por alla. Y por aqui. -Agregó Hermione y señaló el pecho del chico.
- No lo se. Me hice una lista de prioridades, ¿sabes?.- Contestó Harry.
- Ah... ¿si?- Preguntó ella interesada y se sentó en el sillón. Harry la imitó.
- Si,- continuo el muchacho.- En primer lugar, quería saber como estaban las cosas con Teddy, que era de él. Necesito conocerlo, no sabría explicar por que. Siento una especie de... conexión con él muy especial.- A Harry le agradaba mucho compartir estas cosas con Hermione, puesto que ella siempre había sido muy buena oyente y consejera.
- Bueno, es comprensible.- Contestó la jovencita,- La historia de él será muy parecida a la tuya. Sin profecías o cicatrices en al frente, pero si hay alguien que puede acompañarlo en la angustia de crecer sin padres, ese eres tu.- Finalizó.
- Es lo mismo que pensé yo.- Dijo Harry.- Pero, no se... nunca he tratado con bebes, o con niños pequeños. No se como manejarme.- Confesó el chico por primera vez.
- Oh eso no es problema, se aprende con el tiempo y la práctica. Ademas, yo puedo ayudarte.- Lo consoló Hermione.
- ¿De verdad... harías eso por mi?- Preguntó Harry.
- Harry, creí que lo había entendido: Haría lo que sea por ti.- Contestó la muchacha.
Y le sonrió. Harry le devolvió la sonrisa. En verdad no sabía que decirle.
- Bueno, yo también haría lo que sea por ti. Pero no he tenido la posibilidad de probarlo como lo haz hecho tu.- Dijo el muchacho, ruborizándose un poco.
-Me encanta hacerte pasar malos momentos. Y me encanta que me digas este tipo de cosas, siendo que... no soy tu novia ni nada parecido.- Dijo Hermione sonriendo.
- Si... lo se. Tampoco me incomoda demasiado... es sólo decirte la verdad.- Dijo sinceramente el muchacho.- Bueno... mi segunda prioridad es arreglar la casa. Sencillamente, me da miedo vivir ahí. Tenía pensado en que tal vez podías ayudarme cuando vayas a pasar un tiempo conmigo allí. No se... tal vez te agrade, y se que a Ginny no le gusta para nada. ¿Te molestaría?
- No, claro que no. Me encanta decorar. Puedes empezar viendo mi habitación... está decorada exclusivamente por mi. La he ordenado para que puedas caminar en ella.
- De acuerdo.- Contestó el muchacho, y la siguió.
Subieron la escalera hasta una especie de guardilla, donde Hermione abrió la puerta. Lo primero que invadió a Harry fue el perfume que la chica solía usar. El cuarto era grande y circular, y la mayoría de sus paredes estaban cubiertas con grandes ventanales que daban a la calle, y dejaban entrar la luz del sol. Harry comenzó a caminar por la habitación, con Hermione siguiéndolo, y explicándole cada uno de los detalles.
- Ésta es la carta de Hogwarts. Y en esta caja están todas las que me han mandado ustedes, o las tarjetas de cumpleaños, y aquella pared... es la que más me gusta.- Dijo la chica, y señaló la pared continua a la puerta, a la que Harry no había prestado atención. Cientos, tal ves miles de fotos en movimiento, se amontonaban en las paredes. Había también un escudo enorme de Hogwarts, y banderines con los colores y el Leon de Gryffindor. Harry se acercó a la pared para mirar mejor. Había fotos de su primer partido de Quidditch, de algunas navidades y pascuas, de cumpleaños de Hermione en la torre Gryffindor, y unas muy lindas que Colin había tomado de ella, Harry y Ron una tarde en el lago. Tenía una también con Victor Krum en la noche del baile, que en una esquina tenía, con caligrafía muy cerrada, una firma que decía: “Para la chica mas linda de Hogwarts, con cariño, Victor”. Hermione se sonrojó un poco cuando notó que Harry leía eso, y el muchacho desvió la vista inmediatamente hacia otra foto, donde estaban Luna, Ginny y Hermione tomando un helado en Hogsmade. Había fotos del equipo de Quidditch y Hermione le había escrito arriba “Siempre campeones”. Tenía también fotos de la Orden del Fénix, del E.D., y algunos fragmentos de libros. Harry se acercó para leer mejor, y se dio cuenta de que todos hablaban de él. Había frases como “Desde el día en que Harry Potter se salvó de la maldición asesina con la que El Que No Debe Ser Nombrado trató de liquidarlo, provocando así la desaparición del segundo, será el muchacho recordado como `El niño que vivió´”, y muchas más de ese estilo.
- No puedo creerlo...- dijo el muchacho.
- Yo... lo siento Harry, de veras que si. Pero debes entender, amo los libros, y ver que tu mejor amigo aparece en la mitad de ellos es un orgullo y... bueno... no quisiera que pienses que soy... una loca, o una maniática...
- Hermione... esto es lo más maravilloso que vi en mi vida.- La interrumpió Harry. Era cierto. Aquella pared era una mescla entre el espejo de Erised y el pensadero de Dumbledore. Se resumían en ella los mejores momentos de los últimos siete años de Hermione, y Harry pensó que perfectamente esa pared podría estar en su casa, exceptuando la foto de Krum. El muchacho se sentía profundamente agradecido al ver el cariño que Hermione le tenía. Le parecía incríble que alguien lo tubiera tanto en cuenta.
- A mi... la verdad es que me encanta.- Dijo Hermione.- No hay nada que me guste más que pararme frente a esta pared y ver las fotos moverse. Sólo es superado por el hecho de estar con las personas de las fotos. No es gran cosa la verdad.
- Es fantástico. Nunca se me había ocurrido.- Agregó Harry. Se dió vuelta para mirar a su amiga, y notó que esta se había sonrojado mucho, y que ahora miraba a la ventana, en realidad para no mirar a Harry.- Bueno... ¿Que quieres que hagamos?- Preguntó el muchacho para cambiar de tema.
- Podemos salir a caminar si quieres.- Sugirió Hermione.
- Está bien, vamos.
Bajaron la escalera hacia la calle, y salieron al día primaveral que ahora se les presentaba. Caminaron un rato hasta llegar a un centro comercial, que estaba a unas seis calles de la casa de Hermione. Harry había ido a uno sólo una vez en su vida, pero definitivamente no se le parecía en nada a ese: tenía unos seis pisos, y miles de tiendas de distintos rubros. Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia.
Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia. Era un pequeño segmento, que no ocupaba ni siquiera un cuarto de hoja. El artículo decía: "Nos ha llegado la información a la redacción del diario de que tres adolescentes de entre diecisiete y dieciocho años, habrían echado a perder los planes de un conocido terrorista, el cual por seguridad no vamos a dar el nombre. Según información certificada por los servicios de inteligencia del gobierno, estos adolescentes fueron de vital importancia para la seguridad nacional, y serán condecorados dentro de poco tiempo. No hay detalles del ataque ni de lo que estos chicos hicieron, pero un militar de alto rango de la armada asegura que sin ellos no habrían podido capturar al terrorista. Estos son ellos: Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley, quienes estudian en un colegio de frontera."
Debajo del artículo, había una foto de ellos tres, de hacía unos dos años atras, que obviamente no se movia.
Tanto Harry como Hermione se habían quedado perplejos. Esta apretaba tan fuerte el brazo del muchacho, que se le había dormido.
- Harry... somos...- Dijo Hermione, sin poder contener la emoción de su vos.
- Nosotros.- Terminó la frase él.´
- Pero... ¿Cómo es posible?- Preguntó la chica, que ahora tomaba el diario en sus manos, y observaba la inmovil foto.- ¿Cómo pueden saberlo?
- Bueno... el primer ministro muggle lo sabía. Sabía lo correspondiente a Voldemort y todo lo demás. Supongo que alguien... le contó.- Sugirió Harry, que ahora buscaba dinero muggle en su bolsillo para pagar el diario. El diariero los miraba con cara fea, ya que Hermione se había alejado con el diario y Harry aun no lo había pagado.- ¡Esperame Herms!
La chica se paró en seco, y se dió vuelta extrañada.- Nunca me llamaste "Herms". Ronald es el único que lo hace... hizo.- Se corrigió.
- ¿A si? Yo creí que... que no te molestaría.- Se apresuró a decir el muchacho, un poco sonrojado.
- No no me molesta, me pareció extraño simplemente porque... bueno, porque nunca lo habías hecho.- Dijo Hermione, y lo volvió a tomar del brazo. Se quedaron los dos en silencio, y miraban las vidrieras sin decir nada.
Llegaron a la juguetería muggle, y Harry, a quien siempre le habían gustado, pensó que después de ver la del , ya no le gustaban tanto las muggles.
- ¿Sabes? -Le dijo Harry a Hermione,- La otra tarde fui al Callejón Diagon, a comprar una lechuza y a sacar un poco de dinero, y entré en la juguetería.
- Juguetería?- Preguntó Hermione, quien ahora miraba una cartera bordada desde la vidriera de un local femenino.- ¿Una juguetería de magos? No la había visto nunca en el Callejón... que yo recuerde. Digamos Harry que estas algo grandecito para juguetes... no te parece?
- Te creía mas inteligente. ¡No eran para mi! Eran para Teddy.- Contestó el muchacho, y comenzó a relatarle la historia. Ya habían entrado al local, y Hermione seguía mirando la cartera con muchisimo interes.
- ¡Y después de comprarle todo eso tienes la decencia de decir que no serás un buen padrino!- Rió Hermione, que se había desilucionado al ver el precio de los artefactos, y había salido del local.
- Bueno, no todo se mide en regalos mas, regalos menos.- Dijo Harry.
- Ese es el típico pensamiento que tú tienes y Ron no. -Contestó misteriosamente la chica.- En fin, no quiero hablar de él. A lo que voy es que te preocupas mucho por el chico. Y eso es realmente lo que cuenta. Estas loco por ganarte su cariño. ¿O me equivoco?
- No claro que no. A decir verdad, pocas veces te equivocas. Eso me enferma bastante.- Dijo Harry, y ambos se rieron.
- ¡Aquí quería llegar!- Saltó Hermione, y señaló un local enorme, todo pintado de amarillo.
- ¿Qué es esto?- Preguntó Harry.
- Es uno de esos locales donde puedes preparar tu propia ropa. ¿Lo ves? Puedes hacer gorros, remeras, lo que quieras.- Contestó la chica.
- ¿Y que quieres hacer? ¿Quieres hacerte una remera?
- Estaba pensando en que tu me la hagas...- Dijo Hermione.
- ¿Yo?- Preguntó el muchacho.
- Si! Yo te hago una a ti... y tu me haces una a mi.
Harry dudó un minuto, pero por alguna extraña razón, recordó la pared de la pieza de Hermione, y el afecto que esta le tenía, y no pudo negarse.
Entraron al local, y un muchacho rubio se les acercó, y comenzó a explicarles como funcionaba el sistema. Primero debian diseñar en la computadora la remera o el gorro, y en unos minutos la imprimian sobre la tela. A Harry no le gustó para nada la manera en la que el muchacho miraba a Hermione, pero no súpo en ese momento explicarse por qué.
Cada uno se sentó entonces en una computadora distinta. Harry había usado una sola vez en su vida aquel artefacto, y pensando un poco en lo que diría el Señor Weasley si lo viera en esa situación, intentó arreglarselas solo.
Paso mas o menos una hora cuando ambos chicos salieron del local.
- Bien,- Dijo Hermione,- Es hora de intercambiar bolsas.Y tendió la suya a Harry. El muchacho la tomó y a su vez le dió la suya a ella.
Ambos las abrieron al mismo tiempo, y Hermione se echo a reir con fuerza. Su remera era de un color rosa brillante, y con unas letras doradas decia: "Pregúntame lo que quieras, soy el cerebro del Siglo." Ademas tenía un monton de estreyas y pequeñas flores al rededor.
- Grcias Harry es lo mas lindo que me han regalado.- Dijo la chica.- El tuyo parecerá un poco feo al lado del que tu me hiciste.
- A mi me encanta.- Contestó Harry, quien ahora se ponía la gorra color Rojo oscuro que Hermione le había regalado, que llevaba la inscripción: "I survive" con letras plateadas.
Rieron otro largo rato, y luego de almorzar, volvieron a la recidencia Granger.
Por algun extraño motivo, Harry estaba bastante nervioso.
Entraron de nuevo en el departamento, y el olor al te recién preparado los inundo.
- Tu debes ser Harry.- Dijo entonces una señora algo bajita, con la misma cabellera que Hermione, pero con unos ojos celestes verdaderamente hermosos.- Es un gusto conocerte. Yo soy Jane, la madre de Hermione.-
- El gusto es mio Sra. Granger.- Dijo Harry, y le tendió la mano, que la mujer no tomó, si no que transformó rápidamente en un abrazo similar a los de su hija.
- Ya sueltalo mamá, vas a afixiarlo.- Dijo Hermione riendo.
La mujer lo soltó, pero continuó mirando a Harry como quien ve una maravilla de la naturaleza.
- Oh hija no has sido para nada justa con él. Es mas guapo de lo que contabas.- Agregó la mujer.
Tanto Harry como Hermione adoptaron un color rojo similar al del uniforme de Gryffindor. Se barió la puerta que daba a la calle, y un hombre alto y rubio entró, seguido por Crookshanks.
- Buenas tardes, Lucas Granger un gusto conocerte.- Le dijo a Harry con una vos grave, y le tendió la mano.
- Buenas tardes señor Granger. Soy Harry Potter.- Dijo estes y tomño la mano que el dentise la tendía.
- Por supuesto que se quien eres. ¿Que acaso no vivo con tu fan número uno?
- PERFECTO. ¿Quieren hacerme quedar peor?- Interrumpió Hermione, y se metió en la cocina.
El Sr. Granger pareció dudar un minuto la posibilidad de contestarle a su hija o no, y prefirió entonces tomar aciento, e invitar a Harry a su lado.
- Pues dime Harry, ¿Quieres un te, un cafe, jugo?- Preguntó la Sra. Granger.
- Aquí le traigo mamá, no le gusta el jugo de naranja, prefiere el de calabaza.- Dijo Hermione un poco fastidiada.
- Ah esas maravillas que nuestra hija trae del mundo de ustedes!- Dijo el Sr. Granger.- Adoro esas pequeñas ranitas de chocolate, son mis preferidas. Aunque aquellas grajeas de todos los sabores no son muy recomendables no te parece?- Preguntó a Harry.
- Bueno... cuando uno vive en el mundo de los magos, terminas acostumbrándote a ese tipo de extravagancias.- Contestó Harry sonriendo.
- Jajajaja! Es un chico muy astuto. No te parece Jane?- Dijo el Sr. Granger a su esposa.
- Absolutamente.- Afirmo ella.- Herms hija... podrías ayudarme en la cocina?
- Si mamá.- Contestó Hermione, sabiendo que en realidad lo que su madre quería era hablar de Harry sin que el chico lo notara. Ambas se metieron en la cocina, y dejaron al muchacho explicandole al dentista en que consistía le Quiddich.
- Por Dios hija es divino!- Exclamó la madre en vos baja, mientras ponía unos pequeños emparedados en una bandeja y miraba con demasiado interes la nuca de Harry.- Entiendo ahora que lo quieras tanto.
- Que dices? Harry y yo sólo somos amigos mamá, los mejores, pero amigos en fin. El tiene novia, está muy enamorado. No digas tonterías.- Concluyó la muchacha, que ahora ponía papas fritas en un recipiente.
- ¡Oh no se que le pase a él, pero en cuanto a ti... esos ojos hija no saben mentir! Y no solo los ojos, son tus acciones las que lo demuestran. No lo sigues por simple lealtad, lo que tienes es amor.- Dijo la Sra. Granger con tomo convencido y mirando a su hija de manera tierna.
- Ya basta mamá. Se que no te hare cambiar de opinión. Pero en lo que a mi respecta, nunca se me ocurrió tener nada con Harry mas que la hermosa amistad que ya tenemos. Y bueno... se supone que aún tengo cosas pendientes con Ron.- Contestó la chica un poco apenada.
- Tu no me convenceras a mi, y yo no te convencere a ti. Pero espera un tiempo a que ambos maduren y se den cuenta. O al menos tu te des cuenta. Volveras de rodillas a preguntarme que hacer.- Dijo la Sra. Granger mientras salía de la cocina y dejaba a una pensativa Hermione llenando una jarra de jugo.
"Está loca,- pensó la muchacha.- Harry es el mejor amigo que tengo pero... nunca sentí nada por él mas que aquello. Supongo que lo veo como a un hermano. Si, es eso, es mi hermano y punto." Terminó de llenar la jarra y volvió al living, alegrándose de ello porque ahora el Sr. Granger estaba mostrándole a Harry videos de Hermione cuando pequeña.
La chica miró a su amigo. Este tenía una mirada tierna que ella nunca le había visto usar.

(Continua...)


By La Belu Punchy ^^

lunes, 26 de noviembre de 2007

Final del Capitulo 3 hasta comienzo de Capitulo 6 (SPOILERS!!!!) ^^


Yo también te traje algo- Dijo Ginny, y le dio un vaso de jugo de calabaza.- Tu favorito... no cielo?
- Claro- Dijo Harry con la boca llena de comida, y soltó unos cuantos trozos de emparedado en la remera de la chica.- Oh... lo lamento!
-No es nada. –Respondió ella. Pero su vos no decía lo mismo. Es mas: su cara había adoptado un color que solía relacionarse con una pronta maldición de mocomuerciélagos en la cara de su atacante. Ante esta perspectiva, Harry decidió cambiar de tema:
-Bueno... unos doce libros mas y terminamos. ¿Hablaron con McGonagall?- Dicho esto, miró a Hermione, quien se había pasado toda la mañana planificando una reunión con la Profesora.
-Si, -contestó ella- nos ha dicho que comenzaremos el primero de septiembre, y que haremos una especie de resumen del 7º año, como para que no entremos tan de lleno en la universidad. Así que ahora tenemos unos cinco meses de vacaciones.- Al terminar esto, acercó una silla al banco de Harry y se sentó.- Bueno- continuó.- ¿Qué piensan hacer?
-No tengo muchas alternativas.- Comenzó Neville.- Volveré mañana con mi abuela, y esperaré a que empecemos de nuevo.
-Tu no tienes por que volver. Podrías rendir sólo los E.X.T.A.S.Is y podrás comenzar.- Acotó sabiamente Luna.
-Pues... no me iba muy bien que digamos...¿no?- Contestó tristemente el muchacho.
-Por mi parte, buscare a mis padres. Es lo primero que pienso hacer. Pasarñe algunos meses con ellos... si me perdonan...- Hermione dejó la frase inconclusa, y los ojos se le llenaron de lagrimas.
-Vamos... estará todo bien. Ya lo verás.- Dijo Harry, y tomó las frias manos de la chica en las suyas.
-Si... si Hermione. Todo... estará bien.- Agrgó Ron. Pero este no miraba a la chica, si no a las manos de sus dos mejores amigos que ahora yacian entrelzadas.
-En fin,- dijo Ginny, como para cambiar de tema,- Tendríamos que empezar a preparar las cosas. Mañana saldremos después del desayuno. Que yo sepa Harry no tienes todo muy ordenado que digamos.- concluyó la pelirroja. No buscaba regañarlo, si no que éste dejara de mirar a Hermione.
-Si. Bueno... iré a armar el baúl. ¿Tu ya estás bien?- Le peguntó a la castaña.
-Si estoy mejor. Gracias. Yo también iré.- Dicho esto, con un simple movimiento de varita devolvió los pocos libros a sus respectivos estantes.
Ron la miró enfureciendo un instante, y se contuvo de lo que iba a decir. Terminó su emparedado en silencio, junto con Neville y Luna, que ahora se intercambiaban nerviosas miradas.
“Es una batalla perdida”, pensó Ron aquella noche cuando se recostó en su cama en la torre Gryffindor. Pero luego de unos minutos, comenzó a cambiar de parecer. “No Harry Potter, se dijo a si mismo, me has ganado en todo. Estoy cansado de ser tu segundo. Esta vez... voy a ganarte.”

Capitulo 4: Volver a casa.

Allí estaban. Salidos de la estación de King Cross. Habían atravesado la barrera al mundo muggle, y estaban dispuestos a despedirse, cuando Hermione llamo a Harry aparte.
- No quiero sonar pesada pero... adonde vas a ir?- Preguntó la chica.
- Bueno... ahora podría dormir debajo de un puente si lo quisiera. ¿No te parece? – Contestó Harry y sonrió, para apaciguar las aguas tenebrosas que se veía venir por la expresión de la cara de su amiga.
- No seas tonto. Lo estoy preguntando en serio porque... bueno... a lo mejor no querías ir a la Madriguera, y podías acompañarme a mi... a ver a mis padres.
Harry lo pensó un segundo. Bueno, no quería ir a la Madriguera. Ahora que era novio oficial de Ginny no sabía como se vería si pasaba el verano en su casa, y la verdad es que estaba mas que demostrado que no podían estar juntos todo el tiempo. Había pensado pasar unos meses solo, tal vez viajar, y la idea de viajar con Hermione lo tentaba un poco. Conocer a sus padres también, puesto que los había visto solo unas veces. Pero luego pensó que la chica se merecía pasar un tiempo a solas con ellos, entonces le contestó.
-No, está bien. Ire a Grinmuond Place. El que quiera venir a visitarme, invitado está.- Dijo Harry.
-No... no quiero pensar que me dices que no por Ron.- Dijo entonces Hermione algo avergonzada..
-Por supuesto que no! Pero creo que te mereces ir sola a visitar a tus padres. Vamos...¡Debes estar cansada de mi!- Contestó el chico en tono de broma.
-No se si cansada pero... soportaras cinco meses sin verme.-Preguntó Hermione mirando a Harry risueña. Él sabía que ella lo decía en broma. Pero aún así, no podía negar que la iba a extrañar. Tal vez demasiado.
-Me he acostumbrado muchísimo a ti.- Dijo simplemente Harry.- Si quieres, después de ver a tus padres, puedes venir a pasar el resto del verano conmigo en Grinmoun Place. No tendré problemas de alojarte allí.
-Bueno. Está bien. Iré dos meses con mis padres, y después volveré. En tanto, no debo ni pedirte que me escribas... no es cierto?- Preguntó Hermione con cierto tono suplicante en su vos.
-Oh haz lo que quieras, pero no te prometo nada. Tengo pensado remodelar la casa...
Tengo pensado remodelar la casa. No se... menos cabezas de elfos y mas ventanas. ¿No te parece?- Ambos rieron ante esta idea, y volvieron a reunirse con el grupo.
Harry saludó a Neville y a Luna, y les pidió que fueran a visitarlo. Ambos aceptaron inmediatamente, y prometieron no dejarlo tranquilo. Luego se acercó a los Weasleys, y después de agradecerles las interminables invitaciones a pasar el verano en su casa, abrazó a todos, besó a Ginny, y le prometió escribirle, así como también invitó a todos a su casa.
Abrazó a Hermione, y esta le dijo al oído: “Intenta vivir sin mi, y después me cuentas”. Con una sonrisa, lo besó en la mejilla, y desapareció.
Harry esperó a que se vallan todos, tomó el baúl en una mano y su mochila en otro, y dio un medio giro, hasta encontrarse adentro de la mansión.
Aunque le pareciera lo más raro del mundo... estaba en casa. En SU casa.
unque le pareciera lo más raro del mundo... estaba en casa. En SU casa.
De la nada, una nube de polvo lo cubrió y comenzó a ahogarse. La lengua se le enrollo dentro de la boca, y sentía como el aire abandonaba poco a poco sus pulmones.
-No fui yo quien lo mató profesor.- Dijo Harry, utilizando las pocas fuerzas que tenía. Al instante, su lengua se desenrollo en el interior de su boca, y el polvo se desvaneció.
Harry miró a su alrededor. El lugar necesitaba un cambio inmediatamente.
Tomó su varita, y le realizó un sencillo encantamiento locomotor al baúl, y comenzó a subir las escaleras sin saber muy bien que hacer ahora.
-Em... ¿Kreacher... estás aquí?- Preguntó Harry, e inmediatamente, en un escalon mas arriba, apareció el viejo elfo.
-Veo que han concluido con las refacciones, ¿No amo?- No había rencores en el tono de voz del elfo, pero aún así Harry pensó que pasaría bastante tiempo hasta que se acostumbraran el uno al otro.
-Pues si. Tengo ahora unos meses de vacaciones y... bueno... pensé en venir aquí.- Contestó el muchacho.
-Me alegro entonces de tenerlo en casa. Dígame... ¿adonde va a dormir?- Recién en ese momento, Harry notó que Kreacher aún tenia colgado el falso relicario, tapado con lo que parecía ser un viejo repasador, que ahora le servía al elfo de vestimenta.
-Bueno... no lo sé. Supongo que en la habitación menos sombría y deprimente. O por lo menos en donde nadie me ataque de noche.- Dijo Harry, quien ahora, por primera vez en su vida, hubiera deseado estar en casa de los Dursleys.- Un momento...- Dijo entonces. Había recordado a sus tíos...- Kreacher hasme recordar que hable con el Señor Weasley acerca de los Dursleys.
-Está bien mi amo. Le recomiendo que tome el cuarto de huéspedes principal, es la primer puerta a la izquierda. Nadie ha dormido alli en años, y créame que es lo mejor en esta casa.- Dijo el elfo con tono misterioso., y Harry optó por confiar en él.
Abrió entonces la puerta de su nueva habitación, y descubrió que, para su suerte, ésta tenía dos ventanas con sus respectivos balcones. La cama era muy similar a la de la torre Gryffindor, con la excepción de que portaba unas cortinas y un acolchado verde, que Harry no dudaría en cambiar por uno rojo y dorado de inmediato. Abrió el baul y comenzó a sacar la ropa limpia y acomodarla en los estantes. Comenzó después a desarmar la mochila, y el fondo de ella encontró la capa invisible de su padre. La tomó en sus manos, sintió como la tela se le escurría entre sus manos. Aquello tenía para él un valor mucho mas alto del que podrían haberle dado en Galleons. Esa era una de las pocas pertenencias de su padre que conservava, y hoy tenía un significado que pocas personas podrían haber entendido. Allí, durante nueve años, tres niños habían crecido protegidos de todo mal. Esa capa los había llevado a la cabaña de Hagrid a des-horas un millon de veces, y los había ocultado de enormes peligros, y de tontas travesuras. Harry pensó entonces que ahora podría salir sin esa capa, que ya no la necesitaria, que ahora seria un chico normal entre la multitud. Que no correría peligro alguno, y que la maravillosa capa se utilizaria solo como elemento de distracción. Aquella cicatriz en su frente sería sólo un mal recuerdo, la triste marca que lo remitiría siempre a la noche en que había perdido a sus padres.
-No, -dijo entoces Harry, sentado en su nueva cama, contemplando las miles de chances de ser feliz que ahora se le presentaban, y viendo que por primera vez en su vida, estas cahnces superaban con creces a las de ser infeliz.- No seré nunca un chico normal. Soy un mago... y gracias a Dios por ello.
Se recostó, y siguió durante largas horas planificando lo que sería de ahí en adelante su vida: no había profesias, no había vidas dependiendo de él, y nadie estaba ahora obligado a abandonar su vida por él. Estaba cansado de vivir una vida planeada por cualquiera menos por el mismo. Estaba todo dicho, de ahí en adelante, no habría en lo absoluto planes: las cosas irían surgiendo, y se adaptarían a él. No él a su vida, a su destino, su destino sería el que se adapara a él. Y entre estos pensamientos, el chico de pelo negro incontrolable y de ojos verde esmeralda, se quedó profundamente dormido.

Capítulo 5: Tonterías de adolescentes.

Harry despertó al sentir una suave brisa en su rostro, como si alguien lo estuviera soplando. No entraba ni una gota de luz por las ventanas abiertas, y supuso entonces que era de noche. Buscó sus anteojos, que se le había resbalado, y entonces la vió: una nutria plateada sobrevolaba la habitación, y la voz de Hermione (semejante a la que Harry oia en su cabeza cada vez que su conciencia lo llamaba a la reflexion) salió de la boca del animal:
- “Querido Harry: ya estoy instalada. Comenzaré ahora a recuperarle la memoria a mis padres, quienes por el momento piensan que soy una simple paciente.
“Querido Harry: ya estoy instalada. Comenzaré ahora a recuperarle la memoria a mis padres, quienes por el momento piensan que soy una simple paciente. Quiero pedirte un enorme favor: no saques nada de la habitación de Siruis. No preguntes porque, pero confía en mi una vez mas, pues tengo mis razonables motivos. Sin más que decirte, cuídate mucho, te quiero y nos veremos pronto.”
La nutria desapareció, y Harry pensó que debería contestarle el mensaje antes de morir a manos de su mejor amiga, y condenarla así a una penosa vida en Azkaban.
-Em...- pensó el muchacho. Bueno, no sabía como utilizar el patronus para enviar mensajes.
Pensó en un recuerdo muy feliz. Tomó su varita, y recordó por un momento las lágrimas que habían caído en las mejillas de Dumbledore cuando Harry fue a contarle a su cuadro en el despacho del director que finalmente habían derrotado a Voldemort.
-Expecto Patronum!- Gritó, con esa imagen en su mente, y el ciervo plateado apareció delante de él.- Escucha...- le dijo al animal,- Quiero que ubiques a Hermione y le digas lo siguiente: “yo también estoy instalado. El olor a moho ya ha colmado mis pulmones, y he pensado en mil y un reformas para este lugar. Espero que todo salga bien, ya verás que será asi. Yo también te quiero y... mantenme informado”.
El ciervo se inclinó brevemente, y salió galopando de la habitación, dejando a Harry solo de nuevo, quien volvió a dormirse al instante.

Harry despertó a la mañana siguiente, y sintió como cada centímetro de sus intestinos reclamaba por comida. Así en pijama como estaba, se apareció en la cocina. No había nadie.
- Por supuesto que no hay nadie tonto.- Se dijo a si mismo.- Estás solo. Por primera vez en tu vida.
Se sentó en una de las tantas sillas que habían en el comedor, y comenzó a pensar que haría entonces. En primer lugar, escribir a la Sra. Tonks para ver como estaba Teddy, y para invitarlos a pasar unos días con el. Sentía cada vez mas fuerte la necesidad de contactarse con su ahijado, de saber como era, de conocerlo. Sí, esa era su prioridad. En segundo lugar, remodelar la casa. No podía vivir allí en esas condiciones. A decir verdad, la mansión le daba miedo, y era de esperarse que así sea, ya que por ahora no irradiaba mucha... tranquilidad que digamos. De ahí en adelante, buscar a los Dursleys y saber... como estaban. Tenía un millón de cosas que hablar con Tía Petunia. El recuerdo de Snape le había abierto un sinfín de interrogantes, y le parecía que tal vez ella pudiera ayudarlo un poco. Y después... se vería con los chicos, los invitaría a pasar unos días una vez que hubiera terminado las refacciones, y recién en ese momento estudiaría.
- Kreacher!- Gritó Harry, y el elfo apareció al instante a su lado en la cocina.
- ¿Si, joven amo?- Contestó con una reverencia.
- Buenos días... em... ¿donde consigo comida? Sólo tengo dinero de mago.- Preguntó el chico, mientras sentía que su estomago estaba por estallar del hambre.
- Aquí a tres cuadras hay una despensa atendida por magos. Iría yo pero no se que le agrada comer...
-No, está bien, iré yo.- Dijo Harry, y entendió que el viejo elfo tal vez no le hablara con rencor, pero no por eso iba a servirle como lo hubiera hecho con cualquier otro mago.
Así que Harry se vistió, tomó la dirección del local, y salió a la tibia mañana de primavera. Caminó las tres cuadras mientras miraba un poco el barrio. Las casas eran todas similares a la suya de afuera, pertenecían mas o menos todas la misma época. En la vereda de enfrente del numero 12, había un pequeño parque cercado, y a la vuelta de la esquina un callejón sin salida.
La tienda tenía el aspecto que poseían todas las tiendas de magos. De afuera presentaban la imagen de ser sucias o descuidadas, pero Harry había aprendido con el tiempo que aquello era sólo para que los muggles no se fijaran en ellas. Cuando entró, quedó ciego por unos momentos, ya que el contraste entre el sol y la oscuridad del interior era muy grande. Cuando recuperó la vista, el asombro lo invadió. La habitación no debía ser mas grande que la sala común de Gryffindor, pero sus paredes tenían, por lo menos, 10 metros de alto repletos de estanterías con productos que Harry conocía como arroz, azúcar, harina y demás, pero todos en sus envoltorios mágicos de papel, con figuras que se movían y carteles que cambiaban sus colores. También había productos exclusivamente mágicos, como limpiadores de varita, o comidas casi listas que sólo necesitaban un simple hechizo.
Se acercó al mostrador, donde un hombre vestido de túnica verde botella leía El Profeta, y antes de que le preguntara nada, el hombre le entregó un canasto para que fuera poniendo las cosas, sin levantar si quiera la vista del diario.
Harry lo tomó, y se acercó a los estantes. ¿Qué debia comprar? ¡Nunca había hecho las compras en su vida! Comenzó a meter en el canasto lo que tenía a mano.
Qué debia comprar? ¡Nunca había hecho las compras en su vida! Comenzó a meter en el canasto lo que tenía a mano. Había arroz con pollo listo, al igual que pavo cocido, carne de vaca y de cerdo, y un monton de platos que prefirió no tocar. Luego agarró unas cuantas botellas de cerveza de manteca y de jugo de calabaza, algunos dulces y mucha, mucha tarta de melaza. Convencido de que por unos dias con eso bastaría, y ante la perspectiva de volver cuando quisiera por la cercanía del local a la casa, se acercó de nuevo la mostrador para pagar. Fue entonces cuando por primera vez, el hombre que atendía miró a Harry a la cara. Se estremeció como si acabara de ver a un basilisco, y Harry miró hacia atrás, miedoso de que alguien hubiera entrado en la tienda, pero no había nadie. Sólo Harry y aquél hombre estaban allí. De repente, este ultimo pareció recobrar el habla.
- Eres... eres HARRY POTTER. HARRY POTTER ESTA COMPRANDO EN MI HUMILDE TIENDA!- el hombre señalaba la cicatriz que Harry llevaba en la frente, y éste supo entonces que ya ni había manera de hacerse pasar por otra persona.- Por las barbas de Merlín!
El hombre se acercó y abrazó a Harry como si fuera su propio hijo... y éste se quedó inmóvil, sin saber que hacer, que decir.
- Em... señor... gracias pero yo no.. no merezco...
- No seas modesto muchacho! ¡Que habría sido de nosotros sin ti! No nos salvaste una vez... nos salvaste dos! A todo el mundo mago y al muggle también como si fuera poco. ¡No sabía que fueras tan chico!
Harry no sabía si tomar eso como un cumplido o no, y ante el desconcierto prefirió pedirle al hombre que le cobrara, para poder irse lo antes posible de allí. El hombre insistió en regalarle lo que Harry quisiera, pero él pagó y salió del local.
Caminó largo rato por el barrio, y se sentó en un banco en la plaza de enfrente del número 12. Se había equivocado. Nunca, jamás en la vida, sería un simple chico, un chico normal. Siempre lo mirarían como a un fenómeno, o peor, como a un héroe. El no era ningún heroe, no lo sentía así. Por si sólo, no podría haber hecho nada. Siempre había contado con ayuda, con apoyo, y nunca lo habían dejado sólo.
" No es así, dijo una voz dentro de su cabeza, tu fuiste sólo aquella noche al bosque, tu entregaste tu vida, eso te convierte en un heroe". Bueno, tampoco era por eso. Los detalles de aquel acontecimiento sólo los conocía Hermione, y aunque todos los que habían estado aquella noche en el castillo lo habían visto muerto, de seguro ahora creian que el muchacho sólo lo había finjido.
Y entonces Harry calló en la cuenta de cuanto necesitaba ahora a sus amigos. Necesitaba hablar con alguien, alguien que lo escuche y que supiera que decirle, alguien que no le dijera sólo lo que él quería escuchar. Entró entonces a la casa, y después de deshacerse del espíritu
guardián de la entrada, subió las escaleras y se sentó en su cama.
Nadaba en sus pensamientos, cuando una pequeña lechuza entró en la habitación.
- Hola Pig,- dijo Harry al reconocer al animal como la lechuza de Ron.- ¿ traes noticias de la Madriguera?
La lechuza se posó en la cama, y le entregó la carta. Al instante, Harry se dió cuenta de que provenía de Ginny, por la letra del sobre.
La abrió, y comenzó a leer:
"Querido Harry: ¿como estas? Se que hace horas solamente que no nos vemos, pero ya te extraño, entonces me senté a escribirte para no extrañarte tanto. Aquí las cosas están... bueno, no normales, pero se hace lo que se puede. Mamá llora a cualquier momento, pero es lógico, al perder un hijo. Yo también siento ganas de llorar a veces, pero luego recuerdo que Fred no murió por nada, que lo hizo por una noble causa, y que él no quisiera que estubieramos todos llorandolo. Es envidiable la fortaleza de George. Hoy, por ejemplo, ya volvió a la tienda. No se si es por simple apariencia, o por su caracter, pero parece mentira que pueda conservarse intacto.
El que está demasiado raro es Ron. No se que es lo que le pasa (tiendo a relacionarlo con alguna castaña de cerebro muy grande y corazón muy chico), pero definitivamente no es el mismo de antes.
En fin, mamá dice que en dos semanas Bill organizará un almuerzo en su casa, y que estás invitado. Pero quisiera verte antes. ¿Podría ser?
Espero que asi sea. Te ama.
Ginny."
Si Harry se había sentido culpable en algún momento de su vida, no se comparaba para nada con el peso que sentía ahora. La imagen de la Sra. Weasley llorando por los rincones la muerte de su hijo le retorció el estómago, y sintió que nunca podría compenzar el mal que había hecho a aquella familia. ¿Acaso no había sido él mismo el que la había encontrado aquella noche, hacía más de dos años, llorando en aquella misma mansión sobre el boggart que se transformaba poco a poco en todos los miembros de la familia Weasley muertos?
Con todo el dolor del mundo, Harry contestó la carta.
Con todo el dolor del mundo, Harry contestó la carta.
"Querida Ginny: Me alegra que me hallas escrito tan pronto. Por aquí todo está bien, pero no puedo negar que también los extraño mucho. Por supuesto que iré a casa de Bill, e intentaré ir a visitarlos la semana entrante. No es que tenga mucho para hacer, pero primero quiero encontrarme con Teddy, ya sabes, quiero saber como está. Nos mantenemos en contacto.
Los ama.
Harry.
Pd: mis cariños a tu madre."
La leyó una vez, y se la dió a Pig. No quería hablar de la situación de Ron y Hermione, y tampoco sabía que decir con respecto a Fred. Así que vió a la lechuza partir, y se sumió de nuevo en su soledad.


Capítulo 6: ¿Vida solitaria o pareja de dentistas?

Habían pasado tres días de su llegada al número doce de Grimmauld Place, y Harry ya se había instalado por completo. Sus cosas ya estaba regadas por toda la casa, y había roto un jarrón antiguo al volar con su escoba escaleras arriba. Eso había provocado la furia de Kreacher, que desde ese día había optado por ignorar al muchacho.
Tal vez lo más extraño para Harry había sido su visita al Callejón Diagon la mañana anterior. Había estado unas dos horas para salir del Caldero Chorreante, puesto que los clientes del bar se habían abalanzado sobre él en cuanto lo habían reconocido.
En realidad, Harry sólo había ido a comprar una lechuza nueva. Esto había sido lo mas extraño para él. En verdad extrañaba a Hedwig, no sólo como mascota, si no como compañera. En aquellos tristes veranos en el Privet Drive, la lechuza había sido su único consuelo, además de haberle sido siempre muy leal.
Así que no se detuvo mucho a pensar cual lechuza compraba (un poco por eso, y otro poco por la gente que se amontonaba a su alrededor), y tomó una mediana de pelo castaño.
De regreso al caldero chorreante pasó por un local que no había visto nunca. Era una juguetería para niños magos. Desde afuera, Harry contempló los miles de juguetes mágicos que había en el interior del local: escobas en miniatura, como la que había visto en la foto de la habtación de Sirius, castillos con pequeños fantasmas que los protegían, juegos de mesas de todos los tipos, ladrillos mágicos, y otros tantos que explotaban y, un segundo más tarde, volvían a reconstruirse. La fiesta de colores producto de los miles de juguetes en los estantes, el piso y el techo.
Harry entró, pensando en que tal vez a Teddy le gustarían.
En seguida lo atendió una chica que, casualmente, resultaba ser Alicia Spinet, antigua compañera del equipo de Quidditch de Gryffindor. Intercambiaron saludos, y Alicia (al igual que todo el resto de los magos con los que Harry había tratado), también felicitó y agradeció a Harry por haber derrotado a Voldemort. Después de esto, comenzaron a buscar juguetes para Teddy.
Harry salió una hora después con los brazos llenos de cajas de distintos tamaños, y la jaula de la lechuza en su mano. Había comprado una mini Saeta de Fuego, que no subía mas de dos metros de altura, para que Teddy aprendiera a volar. Tambíen una pequeña varita que realizaba hechizos fáciles e inofencivos, un juego de pociones que escupía luces y humos de colores dependiendo de las sustancias que se mezclaran, muchos libros de cuentos que hablaban y relataban distintas historias solos y una pelota que, no importaba cuan lejos la lanzabas, siempre volvía a ti.
Llegó a Grimmaunld Place, y después de dejar todos los juguetes en la habitación, escribió una carta al señora Tonks.
" Querida Señora Tonks: espero no ser inoportuno, pero presentí que sería mejor enviarle una carta que aparecer en su casa sin avisar. Como sabrá, o tal vez no, su hija y su yerno me habían nombrado padrino del pequeño Ted antes de morir, y tengo la necesidad y la obligación de verlo. Es algo que no podría explicarle, pero siento cierta atracción por mi ahijado, y , le repito, tengo la necesidad de conocerlo lo antes posible.
Desearía que me conteste el día en que podría ir a verlos, que no le sea incómodo para usted, o si tal vez prefiere venir a mi casa, en cualquier caso hágamelo saber.
Mi cariños a usted y a Ted.
Harry Potter."
Intentó hacerla lo mas prolija posible, para causar una buena impresión. Enrrolló el pergamino y lo ató a la pata de la lechuza.
- Bien... vete. Ya te buscaré un nombre.- Le dijo con cierta indiferencia, y la lechuza se marchó.
"De nuevo solo.- Pensó Harry. Pensó entonces en Hermione, y en que no tenía noticias de ella desde su llegada a Grimmaunld Place, y el silencio de su amiga le resultó sospechoso.- Si las cosas hubieran salido mal, me lo habría dicho.- Se dijo a si mismo. Si, eso era verdad, lo mas probable era que, con la emoción de recuperar a sus padres, Hermione se hubiera olvidado de él y de todos.
Se dispuso a enviarle un Patronus, ya que no sabía cuan rápida era su nueva lechuza, y cuanto tardaría en volver. Pensó en el día en que había besado a Ginny por primera vez y grito: EXPECTO PATRONUM!
El ciervo plateado apareció.


CONTINUARA...


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jueves, 15 de noviembre de 2007

Fin del Capitulo Dos y Comienzo del Tres (SPOILERSSS!!!!)


Sentía ahora como cada célula de su piel se aseguraba poco a poco de que el muchacho a su lado era el mismo que durante tanto tiempo solo había abrazado en sueños. Se sentía la persona más feliz del mundo caminando a su lado, y no podía evitar reir tontamente por cualquier cosa que el muchacho le dijera.
Caminaron un rato por el castillo, y decidieron volver a ayudar al resto.
Cuando Harry entró al vestíbulo, la multitud que se encontraba reunida empezó a aplaudir. Allí, en primera fila, estaban Hermione, Ron, Neville y Luna, y unos cientos de personas más que sonriendo y rindiendo homenaje al niño que una vez mas había sobrevivido, al Elegido, al responsable de que ahora pudieran dormir tranquilos de noche, y no tubieran miedo de que sus hijos jugaran en la calle.
Ginny le apretó la mano, y ambos se miraron por un instante. Cuando Harry volvió la mirada, Hermione lo abrazó de inmediato, y le dijo al oido una simple frase que hubiera emocionado a cualquiera: "Nadie se lo merece mas que tu".
Estrechó las manos de todos los que pudo. Le dió el pésame a los que habían sufrido pérdidas, y renovó las gracias para todos.
Cuando terminó, la multitud comenzó a pedir que Harry dijera unas palabras, y éste, después de negarse un rato con el pretexto de que no servía para eso, empezó a hablar.
- Les diría que no soy mas que ninguno de ustedes, como les vivo repitiendo desde hace ocho años. Pero hoy no voy a hablarles de mi. Voy a dirigirme a los que incondicionalmente me apoyaron en la lucha que desde mi nacimiento tube que enfrentar.
"A ti Hagrid, mi grnadulón amigo.- dicho esto le dirigió una mirada al semigigante, quien obviamente no podía retener las lágrimas, y que ahora se secaba los ojos con un pañuelo a lunares.- Serás para siempre en mi alma el símbolo del rescate. Recuerdo como si fuera ayer mi decimo primer cumpleaños, cuando te apareciste en aquella cabaña en el medio del mar para decirme... para decirme la verdad. Para traerme a éste mundo al que pertenezco como a ningun otro. Tu me abriste las puertas a mi verdadero destino, y rompiste con las dudas y las mentiras con las que me había criado durante once años. Nunca me negaste tu ayuda, ni dejaste de escucharme. Y no puedo sentirme más orgulloso de que hoy seas parte indispensable de mi mundo, de que aquel gigante que muchas personas miran con fea cara, sea para mi como el hermano mayor que nunca tube.
"A todos los Weasleys.- Ahora dirigió su mirada a las cabelleras pelirrojas que se divisaban en la multitud.- La muerte de Fred me duele tanto a mi como a cualquiera de ustedes. Ustedes creyeron en mi. Me abrieron las puertas de su hogar y de su familia, a sabiendas del peligro que esto les traería. No me alcanzará la vida para darles las gracias por todo lo que han sacrificado por mi, por ser fieles a mi, por creer en este chico adolescente, y por depositar en mi su confianza a toda hora. Molly y Arthur... han sido para mi un apoyo y una fuerza insustituíbles... y lamento desde el fondo de mi alma la cantidad de penas que he traído a sus vidas. Bill, Charlie, Percy, George, Ginny y Ron. Infinitas gracias a todos ustedes por ser lo que son en mi vida.
" A Luna y a Neville. Porque nunca me abandonaron y continuaron nuestra lucha costara lo que costara. Porque han sido trascendentales en estos ultimos años, y porque han sufrido atrocidades por mi culpa. A ellos dos, merecen tanto reconocimiento como yo mismo. Porque permanecieron al margen, pero nunca dudaron en acudir a mi llamado.
" A Ginny. Que durante estos meses significo mi fuente lejana de consuelo. A ella quien me esperó incondisionalmente todos estos años, y a quien hoy puedo dedicar mi vida.
" A todos los que hoy no estan con nosotros. A Sirius, a Dumbledore, a mis padres, a Lupin y a Tonks, a Fred, a Dobbi, a los miles de anonimos quienes se unieron a esta causa, a los que me protegieron y dieron su vida por mi. A mis mentores, a mis protectores, a los que hoy ocupan el lugar en donde yo estaría si no fuera por cada uno de ellos. A ellos, quienes no moriran mientras que los recordemos. Ellos, quienes tal vez no llegaran a figurar en un libro de historia, pero que nosotros, que los conocimos y los queremos aun, los tendremos presentes cada vez que contemos esta historia.
" Y por ultimo... a las dos personas que no dejaron a este chico ni un segundo solo durante ocho años. A ellos que arriesgaron su vida una y otra vez por defender la mia, y acompañarme en las mil y un aventuras que se nos propusieran. A ellos les daría mi vida por verlos felices, porque son para mi lo mas cercano a una familia que podria llegar a tener. Ellos me fueron fieles, leales, no me defraudaron jamas, y le dieron a la palabra "amistad" un significado que, hasta el momento de conocerlos, mi vida no habia sabido encontrar. Ellos son tan vercedores de Voldemort como yo. A Ron, mi incondisional compañero de aventuras, quien siempre regresa, sin importar cuales sean las peleas o los motivos q nos separen. Y a ella.
Ron, mi incondisional compañero de aventuras, quien siempre regresa, sin importar cuales sean las peleas o los motivos q nos separen. Y a ella. A TI.- Miró a Hermione y durante unos segundos sus ojos se cruzaron. Harry sintió entonces que nunca encontraría las palabras adecuadas para agradecerle.- No recuerdo un sólo día en estos años en que no me hallas protegido, que no te encontraras a mi lado para brindarme tu apoyo. Me siento hoy la persona más afortunada del mundo al poder estar con vida. Y eso te lo debo en gran parte a ti. Y a todos ustedes.- Ahora miró a todas las personas que se había congregado a ayudarlo...- GRACIAS UNA Y UN MILLON DE VECES POR TODO LO QUE HAN HECHO POR MI. Y ahora, a reconstruir la escuela.
Y después de un breve abrazo grupal, similar al que los equipos deportivos realizan antes de empezar un partido, comenzaron cada uno con sus respectivas tareas.
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Cap. 3: Tiempo de vidas normales.

-No lo se amigo. Es ella la que no me mira. ¿¡Qué quieres que haga!?- Ron acomodaba los libros de la biblioteca que se habían desparramado por los golpes que había sufrido sus paredes. Estaban ya terminando con aquello, y por ende terminarían con la restauración de su tan amado colegio. Habían pasado dos meses. Habían volado dos meses.
Harry terminaba con los libros de pociones de la sección prohibida en sus estantes, después de que Ron les hiciera un sencillo encantamiento de limpieza. Neville, que se había roto una pierna restaurando el sauce boxeador, estaba sentado en una silla de ruedas muggle y escuchaba atentamente la conversación de sus dos amigos.
- No lo se Ron,- dijo Harry- sabes que prefiero no meterme en los problemas que puedas tener con Hermione. Son mujeres, que puedo decirte. Y es Hermione, tu la conoces tanto como yo.
-Oh no! No lo creas. La semana pasada se enojó porque me preguntó cual era su olor favorito y no lo supe contestar. ¿Sabes que me dijo? "Ocho años de amistad y no contestas esa simple pregunta".
- Bueno- Continuó Harry,- no era tan dificil, sabes?
- Vas a decirme que tu la sabías!- replicó Ron.
- Si. Olor a pergamino nuevo y a cesped recién cortado.- dijo Harry un poco temeroso.
- ¿¡¡Y COMO CARAJO HACES PARA SABER ESO!!?- Gritó un Ron que ya estaba perdiendo la paciencia.-
- Bueno... lo comentó en 6º en una clase de pociones. Cuando pasó por al lado de un caldero con poción para el amor.
- ¿Ves lo que te digo? Ella espera que a su lado halla un hombre... con cerebro!. Bueno, te tengo novedades: NO TENGO TANTO CEREBRO!- dicho esto, Ron se sentó en un banco de la biblioteca.
Ni Harry ni Neville sabían que decirle. Harry se había tomado la firme determinación de no interferir en la relación de sus amigos. Si, está bien, él era el que más los conocía a los dos, pero no podía tomar partido por ninguno de los dos lados, no debía hacerlo. Ultimamente, en secreto, se encontraba más de acuerdo con lo que Hermione decía, pero no pensaba ponerlo en el tapete. Sus amigos se había llevado de maravillas la primer semana de su noviazgo (el cual durara menos de un mes), pero luego las diferencias que siempre habían existido habían salido a la luz, y ante la primer pelea, Harry se había visto consolando a una deprimida Hermione y a un encolerizado Ron. Sin embargo, en este ultimo tiempo, Harry se sentía la persona mas egoísta del mundo. Aquel mes en que sus amigos habían estado... comprometidos el uno con el otro, él se había sentido la persona más solitaria del mundo. Se la había pasado con Ginny las 24 horas del día, y aquello había provocado mas de una pelea en la joven pareja. En simples terminos, Harry y Ginny no sabían convivir. Sí, siempre terminaban arreglando sus diferencias, pero Harry ya no estaba seguro de como seguirían las cosas en adelante. No quería apresurarse, claro que no, pero si Ginny seguía celandolo y acaparandolo no sabia que terminaría por hacer.
Despues de aquel incómodo silencio, en el cual los tres amigos habían navegado en un mar de pensamientos, Neville tomó la palabra.
- Mira Ron no seas tan duro contigo mismo. Yo creo que lo ultimo que Hermione necesita es un chico con cerebro. No digo que tu no lo tengas!- Se apuró a añadir Neville al ver que Ron ya estaba dispuesto a replicar.- A lo que voy es que... tu tienes que ser tu, como eres siempre, y a lo sumo cambiar los defectos que tengas. Pero si ella te quiere, te quiere con todo lo que tienes. Seas mas o menos inteligente.
Dicho esto el chico volvió a mirar la ventana, y tanto Harry como Ron se intercambiaron miradas de asombro.
- Gracias Neville- dijo Ron conteniendo la risa.
En eso entraron Hermione, Ginny y Lunas que les traían el almuerzo.
- No trabajen tanto chicos, se pueden lastimar.- Dijo la primera, y le entregó a Harry un emparedado de pollo.- Con tomate y sin lechuga, como a ti te gusta.
-Gracias,- Dijo Harry, y sin dudar, se metió la mitad del sandwich en la boca.
- Yo también te traje algo- Dijo Ginny, y le dió un vaso...



Continua...



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martes, 13 de noviembre de 2007

Continua Fanfic... Capitulo Dos... (Spoil!!!)

Ni Harry miraba a Luna, ni ella lo miraba a él, pero ambos entendían perfectamente lo que se estaban diciendo.
- La diferencia está en que cuando nadie apostó por nosotros, nosotros mismos si apostamos.- Contestó Luna.- Y si vamos al caso, cada uno aporta algo. Tú, bueno, eres el líder general. Hermione... ambos sabemos que la mente del grupo. Ron bueno... le aporta el entretenimiento Ginny... no lo se, pero siento que tiene una fuerza incontenible, como si hubiera demasiado poder mágico dentro de su cuerpo. Neville... es como el buen amigo de todos. Y yo hago lo que puedo. - Concluyó la muchacha con una sonrisa.
-Y tu,- agregó Harry,- aportas tu amplio conocimiento en criaturas mágicas.
-Tal vez seamos como los thestrals. A lo mejor sólo pueden ver la clase de personas que somos luego de que ocurre algo malo. Pero yo sé que clases de personas son... y cada uno lo sabe. Eso es lo que cuenta al final, ¿no? –Preguntó Luna, y esta vez si miró a Harry a los ojos.
-No podrías haberlo dicho mejor. Me quito el sombrero.- Contestó Harry, y juntos se quedaron largo rato buscando los Mooncalfs, y hablando de cualquier cosa que se les ocurriera.

Era tarde cuando Harry se despertó a la mañana siguiente. Había vuelto al despacho pasadas las seis, y se sentía tan cansado como si hubiera cargado un hipogrifo cuesta arriba.
Miró su reloj y comprobó que eran las doce, así que se levantó y, como pudo, se encaminó al gran comedor.
Quedaba poco de lo que había sido aquel viejo salón. El piso estaba destruido y el techo, que antes reflejaba el cielo por arte de magia, ahora lo reflejaba en los cientos de orificios que los maleficios habían provocado.
Divisó a la profesora McGonagall y se encaminó para hablar con ella. Esta juntaba con su varita una enorme pila de tierra, y la depositaba en los jardines, utilizando uno de los agujeros de la pared.
-Buenos días profesora.- Dijo Harry gentilmente
- Buenos días Potter.- Respondió ella y se volteó una vez que la pila de tierra se hallaba segura en su lugar.- Kinsgley te estaba buscando. Quiere charlar unas cosas contigo. Volverá esta noche, ahora debía solucionar unas cosas del ministerio.
- Gracias profesora. Digame... ¿Qué puedo hacer?- preguntó el muchacho que quería empezar ya a trabajar.
- Le he dicho a la señorita Granger y al Señor Weasley que deberían descansar. Comer, dormir, bañarse... ¡Lo que sea! Y que cuando se sientan realmente en condiciones de trabajar, se acerquen.- No le ordenó nada, pero utilizó ese tono de vos de la profesora McGonagall que raras veces acepta negativas.
- Yo me siento perfectamente bien, como para comenzar ya mismo. Éste es mi hogar profesora... no puedo quedarme sentado sin hacer nada.
- En ese caso, acérquese a las cocinas donde sus dos compañeros están desayunando, pues ninguno ha aceptado mi oferta. ¡Un año sin mis clases y ya pierdo toda autoridad sobre ustedes!.- Le sonrió, y continuó con su trabajo.
Harry bajó entonces a las cocinas y se sorprendió al ver la cantidad de gente que había allí.

Ron estaba sentado leyendo el profeta, y Hermione (quien estaba parada detrás) leía sobre el hombro del chico y le acariciaba distridamente la cabeza. Más lejos, Neville charlaba con la profesora Sprout y Fleur, acerca de los daños que había sufrido el bosque prohibido y cuales eran las alternativas para mejorar la situación del mismo. Bill charlaba con sus padres en el otro extremo de la cocina, y unos veinte estudiantes estaban sentados en las mesas que antiguamente se ubicaban en el Gran Comedor y, un poco apretados, desayunaban.
Antes de que Harry se diera cuenta de la notable ausencia de una peli roja, alguien lo tomó de la camiza y lo obligó a salir de las cocinas. Y entonces, apareció el rostro que el muchacho más había añorado en todos aquellos meses: Ginny le sonreía de manera complice, y los rayos del sol le iluminaban el rostro de una manera esplendorosa.
-No tienes una idea de cuanto te extrañe.- Dijo la muchacha, y antes de que Harry pudiera siquiera comenzar con su "Yo también", ella le tomó la camisa por los hombros y comenzó a besarlo.
Harry no podía ser más feliz. Voldemort no existía y ahora podía darse el lujo de ser tan alegre y dichoso como se le cantara. Podía irse de vacaciones con los chicos sin correr peligro alguno, podía estar con Ginny sin temer que alguien la lastimara, y podía portar la cicatriz de su frente sin pensar si quiera en que esta le volviera a doler.
Ginny lo soltó, y él rodeó su cintura con sus brasos. Notó que la chica estaba mucho mas delgada, y luego de comenzar una divertida discución sobre eso, comenzaron a caminar por el castillo y a hablar de las mil y un vanidades que se les ocurrieran.
Ella no podía creer que él estubiera sano y salvo, despues de que por un momento lo había visto muerto en los brasos de Hagrid. Sentía ahora como cada célula de su piel se aseguraba poco a poco de que el muchacho a su lado era el mismo que durante tanto tiempo solo había abrazado en sueños.


Continua...


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sábado, 10 de noviembre de 2007

Final del Capitulo 1 y Comienzo del 2 (SPOILERS!!!!!!!)

Podían ahora preocuparse por las banalidades del mundo de los adolescentes y dejarles las verdaderas preocupaciones a los adultos a cargo. Sí, ya habían sufrido bastante.
Y, aunque ese era su mayor anhelo, algo les decía que no se acostumbrarían tan fácilmente a la vida sin peligros y sin acción que se les presentaba ahora.
Y siguieron abrazados largo rato. En ese típico abrazo en el que uno sólo piensa en abrazar al otro, en demostrarle una décima parte del cariño y el agradecimiento que siente por él.
Todo habría seguido igual si Peeves no hubiera irrumpido en la habitación, que era ahora bañada por una tenue luz dorada.
- Sir Potter Pipí en el pote, admirable defensor del mundo mágico y muggle, y la Honorable Sangre Sucia Come Libros de quien no recuerdo ni el apellido... los declaro marido y mujer.- dicho esto les lanzó unas dos toneladas de confeti, y salió despedido nuevamente por la puerta haciéndoles su respectivo gesto obsceno.
Harry y Hermione rieron. La muchacha se secó los ojos y se incorporó para luego decir.
- Descansa ahora. Te vez HORRIBLE! Nunca fuiste demasiado guapo, pero bastante aguante todos estos meses viendo tu masacrado rostro.
- Espera... ¿Y que de todas las veces que me lanzaste flores y dijiste que estaba mas guapo que nunca"?- Preguntó Harry con una mirada irónica.
- ¡Te creía mas listo! Era sólo para molestar a Ronald.- Dijo Hermione haciéndose la exasperada.
- ¡Lárgate de aquí! Vete a colaborar con tus amigos los elfos!- respondió él. Y la puerta se cerró de un azote.
Faltaría mucho tiempo para que todos pudieran ser completamente felices, pero al menos ya estaban encarando el cambio.

Capítulo dos. “De ahí en adelante.”

No sabía exactamente que hora era, pero supuso que como mucho debían de ser las tres de la mañana. Era estúpido estar acostado si no podría dormir. Tal vez un baño le hiciera bien, así que tomó unos jeans y una camisa y salió en busca del baño de prefectos. Sabía que no era apropiado bañarse ahí, pero no creía que a McGonagall le fuera a importar demasiado.
Allí estaba un muchacho de 17 años caminando por los desolados pasillos de su amada colegio. Había algo raro en el aire, como si se respirara una tranquilidad inusual en aquel edificio. Testigo de la histórica lucha entre el bien y el mal que entre sus muros se había sucedido, las paredes y loas techos portaban tantas cicatrices como los mismos luchadores.
Harry pensó que llevaría poco reconstruirlo, pues había aprendido que la magia todo lo puede, pero recordó luego la magia milenaria que había protegido a su colegio, y se dio cuenta de que tal vez nunca volvería a ser tan seguro como antes.
A través de las ventanas y los cientos de orificios de las paredes, penetraba la luz de una luna que días mas atrás habría asustado al licántropo que ahora ya no debía preocuparse por su... anomalía.
Dobló en una esquina y se encontró de repente con una cabellera rubia. Demasiado rubia y demasiado larga. La muchacha se dio vuelta y unos ojos soñadores sonrieron cordialmente.
- Hola Luna.- Dijo Harry, y se posó a su lado en el borde de la ventana.- ¿Qué haces despierta a estas horas?
-Bueno es muy lógico sabes? Esta es la hora preferida de los Mooncalfs. Sólo salen en luna llena. Y durante los meses de verano, como ahora. Así que pensé... bueno, dormir podré dormir mas trade, pero no debía dejar pasar esta oportunidad. ¿Y tu que cuentas?- preguntó ella y volvió su mirada a los terrenos del colegio, mirando cada milímetro de césped como si tuviera unos lentes de rayos X.
-Yo... no lo sé no podía dormir y quise salir a tomarme una ducha.- Contestó Harry y miró hacia la cabaña de Hagrid que tenía todas las luces apagadas. Continuó entonces con la charla.- Además llevaba encerrado un día entero en el despacho de McGonagall. Necesitaba salir. Es extraño... el castillo me refiero. ¿No lo notas?
- Por supuesto. No puedes pretender que después de todo lo que ocurrió aquí este lugar permanezca totalmente erguido...- Detuvo enseguida su discurso porque una figura extraña acababa de salir del bosque. Era una especie de caballo con alas, que ambos reconocieron como un thestral.- Sabes,- continuó la muchacha- ahora seremos montones los que podremos verlos. Después de todos los que vimos morir me refiero. No seremos tan especiales.- Su vos no denotaba para nada alegría, si no que podía percibirse cierta frustración, que viniendo de Luna era predecible.
- Siempre pensé que entre nosotros (o sea tu, yo , Ginny, Hermione, Ron, Neville... los chicos en general) no había muchas coincidencias como para ser grandes amigos. Pero después de todo nadie apostaba nada a éste grupo de fenómenos, y creo que los sorprendimos. ¿No lo crees?- Ni Harry miraba a Luna, ni ella lo miraba a él, pero ambos entendían perfectamente lo que se estaban diciendo.


Continua...



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