
Con aquellos pensamientos sobre lo desagradecido que era para con los Weasleys, se quedó dormido.
A la mañana siguiente, luego de volver de la tienda cargado una vez más de sus comidas favoritas semi preparadas, y varias toneladas de tarta de melaza para llevar al te de los Weasleys, comenzó a recorrer la casa para ya plantear las próximas refacciones.
Le resultaba muy extraño todo aquello, puesto que nunca había decorado algo a su gusto. A decir verdad, ni siquiera sabía a ciencia cierta cual era su gusto.
Caminó por los oscuros pasillos proyectando en las paredes las futuras ventanas, y entonces se paró en seco al darse cuenta de que había llegado a la habitación de Sirius.
La puerta negra estaba cerrada, y Harry sintió un cosquilleo en sus brazos, como si la curiosidad hubiera alcanzado su sistema nervioso. Era como si un tesoro se escondiera detrás de aquella simple puerta barnizada en negro, tesoro del que solo Harry conocía su ubicación, y al que solo él le daba valor.
¿cuántas fotografías de sus padres había allí adentro? ¿Cuántas cartas, tarjetas, o cualquier tipo de recuerdo de la historia de los Potter yacían a tan sólo centímetros de Harry? Tal vez en ningun lugar del mundo habría tanta información sobre sus padres como en aquella habitación.
La ansiedad lo embargó, y tomó el picaporte, girándolo suavemente, como si tuviera una sola oportunidad de vivir aquel momento. Y entonces, cuando faltaban milímetros para que la puerta se abriera del todo y develara los misterios que Harry no había podido encontrar la primera vez que entrara allí, sintió un estruendo en la puerta, un grito de dolor, y una vos femenina que gritaba su nombre. Al instante, la señora Black, quien no había gritado hasta el momento, comenzó con su típico discurso a gritos, y Harry pensó que los vecinos debían de estar pegándose un susto enorme.
Tomó su varita, y bajó las escaleras derrapando. Cerró con dificultades el retrato de la señora Black, y se metió en el may con la varita en alto.
- ¿Quién anda ahí?- Preguntó, tratando de parecer lo mas macho y peligroso posible.
- Harry soy Hermione, estoy en la puerta.- Contestó una vos llorosa detrás de la misma.
- ¿Her...Hermione? ¿Qué haces aquí?- Preguntó Harry bajando la varita y acercándose a la puerta. Entonces le sonó absurdo que ella estuviera allí, y pensó que lo mejor era hacerle algun tipo de pregunta antes de abrirle la puerta.- Si eres Hermione... ¿Cómo se llama mi ahijado?
- Se llama Teddy. Harry por favor ábreme, estoy sangrando.- Dijo la vos de Hermione desesperadamente.
Harry no lo dudó ni un segundo más, y abrió. Allí estaba ella con su remera rosa brillante llena de estrellas, aquella que Harry le había confeccionado, que ahora estaba llena de unas pequeñas gotas de sangre que brotaban de una herida grande en la frente de la muchacha.
- ¿Qué te pasó?- Preguntó Harry dejándola pasar.
- Quise aparecerme directamente en el hall y... no pude.- Dijo la muchacha.
- Pero... ¿porqué? Si yo si puedo hacerlo.
- Bueno tu eres el dueño de la casa, yo no. Tal ves sea por eso.- Habían llegado a la cocina, y Hermione se había sentado, mientras Harry mojaba un trapo para limpiarle la herida.-
- Mírale el lado bueno, por lo menos si te queda una cicatriz en la frente, será simplemente una cicatriz, no como la mía.- Dijo el muchacho riendo.
- No seas tonto. Perecería tu fan numero uno.- Contestó ella, y entonces los dos rieron. Se hizo un silencio, y Hermione agregó: - Igualmente lo soy, con o sin cicatriz.
- Díselo a Romilda Vane.- Dijo él. De pronto, Hermione de puso pálida.
- Harry... creo que me desmayo.- Y dicho esto, se desplomó sobre la mesa, dejando caer el trapo de su frente.
Harry se paró inmediatamente, e intentó hacer que reaccionara. Pero no logró nada. Así que la tomó en brazos, y subió lo mas rápido que pudo hasta su habitación. Hermione parecia dormida, y Harry notó por primera vez lo delgada que era. No le resultaba pesada, y por un momento se quedó parado en el medio de la habitación con la chica en brazos, mirándola como si nunca la hubiera visto en su vida. Con toda la ternura del mundo, la apoyó suavemente en la cama, le quitó los zapatos, y abrió todas las ventanas para que entre aire en la habitación.
Comenzó a revolver en sus libros buscando alguna manera de despertarla, pero sólo encontró la manera más rápida de transformar una jarra en un loro. Desesperado, caminaba una y otra vez por la habitación pensando a quien podría preguntarle. Se sentó a su lado en la cama, y tomó una de las manos de la chica. Estaba tibia. Harry pensó que aquella era una buena señal. Entonces recordó a Madame Pomfrey.Convocó a su Patronus, y envió al ciervo a que le preguntara de que manera despertarla.
Y se quedó sentado a su lado, luego de ver al ciervo desaparecer. No estaba muerta, por supuesto que no, sólo estaba desmayada por el golpe. Se pondría bien. Harry trataba de auto convencerse, pero nunca había visto a una persona desmayarse, y las veces que el se había desmayado bueno... no recordaba nada de aquello. Le limpió la remera con una hechizo simple, y comenzó a acariciarle el cabello. Era muy suave, a pesar de parecer siempre enredado. Hermione había tratado de acomodarlo con un lazo, y ahora sus ondas caían por su rostro de una manera muy dulce. Por algún extraño motivo, Harry no podía dejar de mirarla. Era perfecta, pensó, y el odio hacia su mejor amigo por tratarla mal volvió a su cuerpo como si lo hubieran metido mediante una bala. “Eres tan idiota Ronald, pensó, no puedes perderla sólo por un par de caprichos. No la mereces, ella no se merece sufrir. Ella merece a un tipo... uno que la quiera al menos, que la respete, aunque sea la mitad de lo que intento hacer.”
La imagen de Hermione tumbada allí, sin poder hablar, sin poder retarlo o contestarle, sin hacer en síntesis todo lo que una típica Hermione haría, le hizo pensar a Harry en las millones de veces en que pudo haberla perdido, en que pudo haber muerto, y que a pesar de todos los peligros, ella permaneció firme a su lado siempre, sin pensarlo dos veces, atendiendo a todas sus llamadas.
- No me dejes, no ahora no de esta manera.- Le susurró al oído, y le dio un beso en la frente.
Hermione se estremeció, como si le hubieran echado un balde de agua helada. Se incorporó de golpe en la cama, y se tomó la frente.
- ¿Qué paso? ¿Por qué te ríes?- Preguntó, al ver que Harry se sonreía.
- Porque estaba preocupado por ti. Llevas unos quince minutos desmayada. ¿Cómo te sientes?- Dijo el muchacho, mirándola inquisidoramente, pero aun con la sonrisa en su rostro.
- Mareada. ¿cómo llegué a aquí?- Preguntó Hermione, mirando la habitación.
- Te traje en brazos.- Contestó él caballerosamente.- Y antes de que digas nada, el placer es mío. Me alegro mucho de que estés bien.- Dicho eso, se acercó mas a Hermione y le abrazó. La chica suspiró. Le encantaba el perfume que Harry usaba.
- Gracias, caballero de la brillante armadura.- Contestó ella riendo, sin separarse de él.- No se que será de mi el día en que no te tenga.
- Bueno, ese día no llegará nunca. Siempre me tendrás.- dijo el, quien tampoco podía soltarse de ella. Le encantaba la manera en que parecían encajar sus dos cuerpos.
Se produjo un silencio durante el cual se limitaron a... abrazarse, hasta que las tripas de Harry comenzaron a sonar reclamando comida.
- Creo que deberíamos comer algo.- Dijo Hermione riendo.- Yo iré a prepararte.- intentó incorporarse, pero Harry la detuvo.
- Estás realmente loca si crees que te dejaré hacer algo después de lo que te pasó.- Dijo el muchacho seriamente.- Hoy seré yo quien te atenderá. ¿Entendido?
- Si capitán.- Contestó ella, y se volvió a acostar en la cama y tomó un libro de los que Harry había desparramado por la habitación en busca de ayuda.
Harry bajo las escaleras hasta la cocina. Buscó entre las bolsas de comida el pollo que había comprado, pues sabía que a Hermione le encantaba. Lo calentó de la manera que decía en el empaque, lo puso en dos platos, y mediante magia lo subió, junto con una jarra de cerveza de manteca y unas cuantas ranas de chocolate.
Hermione se había quedado dormida en esos minutos, y cuando Harry se sentó en la cama, la chica despertó, y sonrió la ver lo que el muchacho le había preparado.
- Pollo, mi favorito.- Dijo entonces Hermione sonriendo, sentándose también y tomando el plato que Harry le tendía. Estaba algo pálida, pero Harry supuso que pronto se le pasaría. Empezaron a comer en silencio, lo que a Harry le extrañó muchísimo, por el simple hecho de que Hermione no era de esas mujeres que suelen quedarse calladas.
- ¿Te pasa algo? Estas demasiado callada.- indagó el muchacho mirando extrañado a su mejor amiga.
Hermione no contestó de inmediato, sino que se limitó a tragar y a mirar por la ventana. Su rostro tomó entonces una expresión de tristeza, y bajó de nuevo su mirada al plato, donde comenzó a juguetear con los restos del pollo.
- Es que... creo que no puedo postergar mas la charla que tengo pendiente con Ronald. Y no se... que voy a decirle. Pero no quiero que te metas en esto.- Dicho esto, le dirigió una mirada a Harry poco convincente.
- Ya te lo he dicho. No hagas anda que pueda lastimarte. Piensa un poco en ti. No soportaría que después de todo lo que hemos pasado, te obligues a estar mal en una relación por no hacerle daño al otro. Te mereces ser feliz. Si... si Ronald no entiende eso, no te merece.- Tomó una mano de Hermione entre las suyas y continuó.- Te conozco a ti, y lo conozco a él. Son mis mejores amigos y les debo la vida.Y se que tal ves... no se hablen nunca mas. Pero todos nos equivocamos Herms. Date el gusto una vez en la vida de hacer lo que quieras, sin temor a equivocarte, sin pensar en los demás.
-No es tan fácil. Hay tanto en juego. Sinceramente, el error ya lo cometí, al ser yo tan estúpida de haberle dado aquel beso en aquel momento, sin pensarlo demasiado. Pero hacía tiempo que necesitaba eso, y en ese momento en que nuestras vidas corrían tanto peligro no se... pensé que a lo mejor era la ultima oportunidad que tendríamos. Y ahora es demasiado tarde. No encuentro manera de que las cosas terminen bien, porque lo conozco a él y se como son las cosas. En fin, no quiero que digas nada, ni que tomes partido por mi parte. No... no quiero que quedes en el medio. Haz tenido demasiados problemas en tu vida, como para que tengas que cargar con estas especies de tonterías.- concluyó la chica, y volvió a mirar a cualquier lugar menos a los ojos de su mejor amigo
Harry se quedó en silencio. De nada le servía que Hermione de pidiera que no se metiera. No podía no hacerlo. No debía quedarse al margen. Tal ves no se lo dijera a ella, pero estaba esperando el momento justo y propicio para decirle a Ron todo lo que había ido almacenando en ese tiempo.
Pasadas las tres de la tarde, Harry se cambió después de darle a Hermione el gusto de elegirle la ropa, y se aparecieron en el jardín de los Weasleys.
Continuara...
By La Belu Punchi!!! ^^


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