miércoles, 8 de octubre de 2008

continua capitulo 19...


- No me lo pidas. No ahora, no seas injusto. Soltó, sin poder creer que su boca fuera la que estaba diciendo aquellas palabras, y no la de otra persona.
- ¿Porqué no? Te amo, me amas, y algún día de nuestras vidas íbamos a casarnos. ¡Hagámoslo ahora!- sugirió Harry, casi risueño.
- Porque es... no Harry. No seas... no puedo. Es la primera vez en mi vida que voy a hacer algo por mi, por que me gusta.- contestó Hermione parándose nuevamente, tratando de hacer que Harry entrara en razón.- tenemos 18 años, no podemos...
- Si podemos Hermione, hemos hecho mas cosas que todos los chicos de 18 años juntos...
- Y no quiero que dejes tu trabajo, siempre soñaste con ser Auror...
- Eso era hasta que te conocí. Ahora sólo... sólo quiero estar a tu lado...
- ¡No me pongas en esta posición! No hagas que toda la decisión decaiga sobre mis hombros!
- Hermione, te amo, ¿qué otra prueba quieres que te de?
- No es cuestión de pruebas! ¡Por favor Harry, se sensato! ¡Estás arruinando el momento por encapricharte!
- ¡No es un capricho, es una realidad! ¿Es que acaso no me amas?
- ¿Qué no te amo?- Hermione no soportó mas: las lágrimas comenzaron a brotar y Harry, ante esto, detuvo el discurso que estaba dando,- ¿Cómo puedes decirme que no te amo cuando, desde el momento en que te conocí, no he hecho mas que estar a tu lado? ¿Cuántas cosas abandone por seguirte Harry? ¿Por acompañarte? ¿Por serte fiel? ¡Nadie en el mundo te ama mas de lo que yo te amo ahora!
- No quise... quise decir que... que me digas que es lo que hace que no puedas casarte conmigo.- murmuró Harry, apenado.
- En el fondo... tu también sabes que no podemos casarnos.- respondió la chica, enjugándose las lágrimas con la manga de la camisa. Harry se acercó para abrazarla. Era verdad: él sabía que por mucho que se amaran, les faltaba tiempo aun para llegar a ese momento. Pero la idea de perderla, de no verla, había sido mucho mas fuerte que cualquier otro razonamiento. Sentir como las lágrimas de Hermione humedecían su sweater hacía que la culpa creciera en su interior segundo a segundo. Había arruinado lo que probablemente sería uno de los mejores momentos de sus vidas.
Por mucho que intentara, no había forma de conciliar el sueño. Las sábanas parecían abrazarle la piel, y no importaba cuánto se moviera, no encontraba posición alguna que le permitiera entrar en sueño. No podía borrar de su rostro la mirada suplicante de Hermione, la tisteza que había invadido su tono de voz, y la manera gélida en que, minutos antes, lo había saludado al subir a su habitación. Lo había arruinado por completo. Había arruinado la increíble realción que tenían, y tal vez había perdido también a la mejor amiga que pudiera existir. Pero, por sobre todo, él era el culpable de que ahora Hermione estuviera seguramente llorando, sufriendo al igual que él, sola en su habitación. Había lastimado al amor de su vida... y eso no podía perdonárselo.
Se levantó y urgó en su mochila en busca de un pergamino y una pluma. Se acercó a mesa que había entre las camas de Dean y Neville y, después de mirar un segundo hacia la luna, que se reflejaba difusamente sobre la superficie del lago, comenzó a escribir. Las palabras fluían con tanta soltura como las lágrimas que se derramaban, a su vez, sobre el pergamino. Por primera vez, al escribir una carta, Harry sabía exactamente que decir. Después de varios minutos, algunos tachones y otras pausas, empezó a leer la carta desde el principio. Conforme con el resultado, la selló y la dejó sobre su cama. Suspirando, comenzó a meter sus cosas en su baúl.
Ya casi terminaba de amanecer cuando, tomando coraje, tomó una de las escobas del colegio y subió hasta lo más alto de la torre Gryffindor. Las chicas habían dejado una ventana abierta, por donde entró silenciosamente. Parvati y Lavender dormían profundamente, y alrededor de ellas, desparramados en el piso, había unos cuantos números de "Corazón de Bruja". Harry trató de no pisarlos para no hacer ruido...


Continuara... La escritora pide perdon por estar corta de tiempo y no poder escribir mucho, tuvo problemas con su internet... tiene el ingreso a la universidad, esta trabajando en una pasantia... asi que no ah hecho mucho tiempo y no sabe cuando puede ser la proxima actualizacion agradece a todos por leer su fanfic al igual que yo =)


By La Belu Punchii!!! ^^

miércoles, 6 de agosto de 2008

Capitulo 19...


Capítulo diecinueve: siempre vendrán tiempos... peores.-

Años después, Harry recordaría esa etapa de su vida como una mancha en el hermoso tapete de la felicidad que, durante varios meses, había sentido. Y que sentía. Porque, mas allá de los problemas, su relación con Hermione no había cambiado. Ni Ron ni Ginny les habían vuelto a dirigir la palabra, pero eso ya se había tornado rutinario. Y, al menos, ahora Harry y Hermione no debían esconderse. Pasaban la mayor parte del tiempo juntos, y la idea de ser libres de hacer lo que quisieran les parecía una mentira. En el fondo, sabían que extrañarían esos encuentros furtivos, sorpresivos. Harry temió que Hermione se acobardara ante la idea de perder a Ron y a Ginny tal vez para siempre, y que de ésta manera se arrepintiera de lo que estaban haciendo. Pero aquellos temores eran sólo eso, miedos, miedos tontos que nunca llegaron a realizarce. Podría decirse, en todo caso, que las circunstancias habían fortalecido la realción. Y aunque les pareciera imposible en un principio ser mas unidos de lo que ya eran, a medida que los meses pasaban se daban cuenta de que nunca terminaban de conocerse, de que se vivían descubriendo, y de que esos factores acrecentaban el amor mutuo que se tenían. Harry sabía, cada día y a cada segundo, que Hermione era el amor de su vida. No se imaginaba un futuro sin ella, porque la idea de separarse de su mayor fuente de alegría y consuelo era simplemente aterradora.
- ¿Crees que vas a casarte conmigo?- Le preguntó una tarde, mientras ella estudiaba y el limpiaba la escoba.
- Creo que no nos queda otra opción. Tu no has aprendido a plancharte las camisas. Así que en todo caso, eres tu el que no tiene otra opción.- Le contestó ella, bromeando. Harry la miró, tratando de entenderla, y se le acercó.
- Dime que si. Dime que te casarás conmigo.- Le murmuró, arrodillado, mirándola la los ojos.
- Si. Estoy segura de que así lo haré. Y se que el día en que eso ocurra... seré la persona más feliz del mundo.- le contestó ella, y lo besó.
Pero, en definitiva, aquellas charlas no podían ser tomadas en serio. Y a medida que pasaba el año, Harry se daba cuenta de que en cualquier momento comenzarían a llegar las propuestas de trabajo para ambos, y sobretodo para Hermione. Y así ocurrió cuando, en la tarde de un sábado previo a los exámenes finales, la Profesora McGonaggal los citó en su despacho.
- Bueno... se alegrarán de saber que han recibido ofertas aun antes de haber siquiera cursado sus exámenes.- Les comentó mientras les servía un te. Hermione sonrió, y Harry también. Era evidente que no podían ocultar su orgullo.- Usted, Señor Potter,- continuó la Profesora,- ha sido convocado por el departamento de Aurors. El mismísimo Ministro Kingsley le envía esta carta en donde lo invita a unirse en cuanto a usted le parezca conveniente.-
- Eso... es genial! ¡Fantástico!- Le dijo Hermione abrazándolo.
- ¡Si, lo se! Es lo que siempre quise.- Contestó él, tratando dede no sonar tan contento consigo mismo.
- Por su parte, Señorita Granger, ha recibido tres propuestas laborales distintas. Le han ofrecido un cargo como asistente del Ministro, otro como secretaria en el Departamento de Criaturas Mágicas, y por último como representante de Inglaterra en el bloque juvenil de la Confederación Internacional de Magos.- Explicó McGonaggal y, esta vez, el orgullo se hizo evidentemente visible en los ojos de la Profesora.
- ¿Tres puestos? Yo... yo no se que decir. No se si... ¿tres cargos? ¿Está segura?- Hermione había caído presa de su propia incredulidad. Tenía la vista fija en el borde la mesa, y sólo la quitó cuando Harry se acercó para abrazarla.
- Es genial cariño, tendrás para elegir. ¡Te felicito! No hay dudas de que harás bien cualquier trabajo que te propongas.- le dijo Harry.
- Tienen una semana para decidirse a contestar sus propuestas. Piensenlo bien. Sobretodo usted, Señorita Granger.- Agregó la Profesora cuando los chicos se retiraban del despacho.
- ¿Y bien? ¿Cual crees que vas a elegir?- Inquirió Harry cuando, ya sólos, comenzaron a dirigirse hacia los jardines.
- No lo se. El de la Confederación Internacional es el que mas me agrada pero...-
- ¿Pero que? ¡Es perfecto para ti! Creo que lo harías genial y ademas...-
- Si, pero el problema...- lo interrumpió ella,- es que las oficinas de la Confederación Internacional están... en París.- culminó, mirándolo brevemente.
- ¿En... en París?- preguntó Harry, tratando de captar la idea.
- Si. En París. Tendría que mudarme.- Contestó ella. No quería mirarlo, no podía hacerlo.
- Bueno... pero aun no lo has decidido, quiero decir... tenemos tiempo. ¿No? Y... tal vez te lleguen otras propuestas... y no tengas que... no tengamos que separanos.- dijo Harry, tratando de restarle importancia a la cuestión.Pero ambos sabían que aquello era de suma importancia, y que de nada valía dejarlo a un lado para charlarlo más tarde. Esa tarde fue una de las más incómodas que Harry había pasado en su vida, y su mente estaba centrada sólo en una idea: cómo hacer para que Hermione y él no tuvieran que separase.
A medida que la semana pasaba, el muchacho barajaba las posibles opciones. Todas sus esperanzas estaban puestas en que Hermione no eligiera el trabajo en Paris, o que le llegaran nuevas propuestas. Pero cuando en la tarde del viernes, después de la clase de Transformaciones, McGonaggal los invitó a pasar a su despacho, Harry comprendió que la lucha estaba perdida.
- ¿Qué es lo que van a hacer?- les preguntó, mientras los observaba por detrás de aquellos anteojos con cierto brillo en los ojos.
- Bueno,- dijo Harry,- aceptaré el puesto en el Departamento de Aurors. Es lo que siempre quise.
- Has decidido bien, Potter, te lo aseguro.- contestó la Profesora, tendiéndole la mano para estrechársela. Volvió a sentarse y miró a Hermione.- ¿Y tu, Hermione?
- Yo... quisiera que Harry se retire para... poder charlar con usted.- murmuró ella. Harry la miró: aquello sólo podía significar que Hermione iba a aceptar el puesto en la confederación internacional. Harry contuvo la respiración, expectante. La profesora los miró por un segundo, y le dirigió un gesto afirmativo al muchacho, indicándole que se retire. Sólo cuando Harry cerró la puerta detrás de él supo que aquella era la prueba mas grande que su relación con Hermione debería afrontar. Caminó distraídamente hasta las escaleras y se sentó en los primeros escalones, con las manos en la cabeza. Oyó el sonido de una dura puerta de madera abrirse para volverse a cerrar, y el ruido amortiguado de pasos que se acercaban por el corredor. El inconfundible perfume de Hermione la presidió. Harry levantó la vista y no pudo contener el impulso de abrazarla. Se paró para colocarse frente a la chica, y la rodeó con sus brazos, pero Hermione se apartó inmediatamente, mirando al piso.
- Antes... antes que nada debes saber que... acepte el trabajo en Paris.- murmuró, cerrando los ojos. Harry la miró por un segundo, y se sentó de nuevo en la escalera.
- Bueno... ¿eso que significa?- inquirió el muchacho. Hermione se sentó a su lado y lo tomó de la mano.
- Debo irme a vivir a Paris. No podré vivir mas contigo.- contestó.
- Y... ¿cuándo nos veremos? ¿Que haremos de ahora en adelante? ¿Cómo seguirá todo?- preguntó Harry, sin mirarla.
- No lo se Harry, no lo se. Pero esta es realmente la oportunidad de mi vida y no quiero desaprovecharla.- respondió ella, tratando de justificarse.
- Te entiendo... te entiendo perfectamente. Es solo que... te amo. No puedo vivir sin ti.- susurró él, y volví su mirada hacia la chica. Una lágrima recorría su mejilla, y Harry vió reflejado en los ojos de Hermione el mismo dolor que él sentía.
- Yo también te amo pero...
- Dime... dime que puedo hacer para que las cosas sean diferentes. Puedo... puedo rechazar el trabajo, puedo mudarme contigo a Paris y... buscar trabajo allí.- barajó Harry. Hermione se paró y se apoyó en el borde de la ventana.- No tenemos porque decidirnos ahora, podemos viajar, y esperar un año a dos y no se...
- Basta.- susurró la chica.- no quiero que dejes tu trabajo, ni que... no quiero...- levantó la mirada y se sorprendió al ver que Harry se había acercado a ella. El muchacho la miraba decididamente, como nunca la había mirado, y Hermione notó que le temblaban las manos. Harry entrelazó sus dedos con los de Hermione y soltó un suspiro.
- Cásate conmigo.- le suplicó. La chica lo miró incrédula, esperando que Harry se echara a reír y le dijera que todo aquello era una broma, una broma de mal gusto. Pero cuando estaba por comenzar reírse, Harry volvió a mirarla y repitió: - Por favor. Cásate conmigo.- las rodillas le temblaron, y calló sobre los fríos escalones de mármol. Miró a Harry. El tono de súplica de la vos del muchacho y la mirada expectante que le dirigía hicieron que la palabra “Sí” fuera la única que se cruzara por su mente. Pero increíblemente, no podía decirla.
- No me lo pidas. No ahora, no seas injusto. Soltó, sin poder creer que su boca fuera la que estaba diciendo aquellas palabras, y no la de otra persona.
- ¿Porqué no? Te amo, me amas, y algún día de nuestras vidas íbamos a casarnos. ¡Hagámoslo ahora!- sugirió Harry, casi risueño.
- Porque es... no Harry. No seas... no puedo. Es la primera vez en mi vida que voy a hacer algo por mi, por que me gusta.- contestó Hermione parándose nuevamente, tratando de hacer que Harry entrara en razón.- tenemos 18 años, no podemos...
- Si podemos Hermione, hemos hecho mas cosas que todos los chicos de 18 años juntos...



Continuara...


By La Belu Punchiii!!! ^^

viernes, 1 de agosto de 2008

Capitulo 18 (Doble Fragmento)


Capítulo dieciocho: aclaraciones.

Caminaba lentamente por el borde del lago, mirando como el sol se ponía en el horizonte. Tal vez fuera su imaginación o su hambre, pero sentía el inconfundible olor de la comida de Hogwarts en el ambiente. Se detuvo. Mas que la comida e irse a la cama, lo que mas ansiaba era verla. Sentía que sus días no valían la pena si no la tenía cerca. Y debía admitir que cada vez se le dificultaba más esconder la relación, especialmente porque se pasaba el día entero pesando en ella, en lo que le diría cuando se vieran, en lo que harían juntos. Nunca se había planteado en su vida objetivos a largo plazo, ni había planificado su futuro. Pero en esos últimos meses todo eso había cambiado: sabía perfectamente lo que quería, y mas que nada, a quien quería como compañera. Se sobresaltó al oír el inconfundible sonido de alguien que se acercaba pisando la hojarasca.
- ¿Qué haces aquí? Estaba preocupada por ti.- inquirió con cierto tono de reproche esa tan conocida vos que le provocó un escalofrío en la espalda.
- Necesitaba pensar.- se limitó a contestar él, volteándose y acercándose a la muchacha. El viento le había sonrojado las mejillas.
- ¿pensar en...?- preguntó ella acomodándole el cuello de la camisa.
- En la falta que me hacía estar contigo. Así como ahora.- respondió encogiéndose de hombros, y tomándola de la cintura.
- Ten cuidado, pueden vernos.- murmuró ella mirando a los costados, pero sin separarse.
- Descuida, el sol ya casi se pone del todo, y todo el mundo debe estar comiendo. Somos los únicos locos que estamos congelándonos aquí afuera.- contestó el sonriendo. Hermione también sonrió. De nada valía que se hiciera la preocupada por el resto del universo, cuando en realidad nada le interesaba más en ese momento que el muchacho que tenía en frente. Se acercó más y lo rodeó también con sus brazos.
- - Te extrañé.- le susurró, suspirando.
- - No lo digas dos veces.- Respondió él.- Estoy cansado de esta situación. No lo soporto más. Quisiera... gritarlo...- se soltó de la chica, y se alejó unos pasos hasta una roca cercana. Se trepó al a roca y comenzó a gritar.- ¡Escucha esto Ron Weasley o cualquier estudiante de Hogwarts que tenga problemas con que esta hermosa jovencita y yo nos queramos! ¡Ya no me importa! ¡Lo único que quiero es que lo sepa todo el mundo... que sepan que la quiero! ¡Que ya no me importa lo que piensen!- Hermione se acercó riendo, y se subió también a la piedra. Cuando estaba por besarlo, se oyó un ruido entre los matorrales cercanos. La chica se pegó a Harry, asustada. Una figura alta y flacucha se asomó y la cabellera pelirroja resplandeció ante los últimos rayos de sol.
- - Bueno, lo lograste. Me acabo de enterar.- Dijo la vos de Ron Weasley, crispada por el cólera.
- - Ron, espera... vuelve...- Gritó Hermione, tomando a Harry del brazo, para que la siguiera. Se bajaron de la piedra, pero los pasos del pelirrojo se perdían, y su silueta ya se había dibujado en el haz de luz de la puerta entreabierta del castillo.
- - Genial. Perfecto. ¿No se te ocurría otra manera mas idiota de hacer que se entere, no?- Le dijo la chica a Harry, con tono enojado, pegándole en el brazo.
- - ¿Y como diablos iba a imaginarme que Ron estaría escondido escuchando?- respondió él, apurando el paso para alcanzar a la chica, que ya subía la escalinata del castillo, hecha una furia.
-
- Cenaron en silencio, respondiendo con gruñidos a las preguntas que Neville les hacía. Ni Ron ni Ginny estaban en la mesa, y Harry supuso que su hermano ya debía de haberle contado lo que había escuchado. Hermione se paró y, acomodándose la pollera, le echó una mirada asesina a Harry, por lo que el chico también se paró. Hacía meses que no la veía enojada de esa manera. Años tal vez. Tenía ganas de... reírse. ¿Reírse? ¡Sí, de reírse!
- - ¿Se puede saber porqué diablos te estás riendo? No encuentro un sólo detalle en toda la situación que me parezca gracioso.- Indagó Hermione, y giró a la derecha para entrar en un atajo y llegar así más rápido a la torre Gryffindor. Harry decidió que era mejor guardarse las ganas de reírse. Pasaron por el retrato de la Dama Gorda, y entraron a la sala común que estaba totalmente vacía.
- - No están aquí.- Comentó Harry.
- - Es obvio que no están aquí, a menos que sepan transformarse en sillones.- Contestó Hermione. Se paró en el primer escalón de la escalera hacia los dormitorios de los chicos. Harry s quedó abajo, mirando por la ventana,- ¿Y bien?- soltó la chica después de un segundo.
- - ¿Que?- preguntó Harry totalmente desconcertado.
- - No harás nada? ¿Te quedarás ahí cruzado de brazos?- le gritó con vos chillona.
- - ¡Y que pretendes que haga! Ni siquiera se adonde están.- se defendió el muchacho.
- - ¡Oh está bien! El hecho de que tengas el único mapa del mundo que te muestra la ubicación exacta de todas las personas en este colegio no nos sirve de nada.- Respondió ella con sarcasmo.
- ¡Oh está bien! El hecho de que tengas el único mapa del mundo que te muestra la ubicación exacta de todas las personas en este colegio no nos sirve de nada.- Respondió ella con sarcasmo. Segundos después, Harry bajaba a zancadas la escalera. Se frenó frente a Hermione y, tomándose el costado mientras recuperaba la respiración, contestó.
- Están... en la Torre de Astronomía.- Murmuró, mientras le echaba la capa de invisibilidad sobre los hombros. Salieron por el retrato y se encaminaron tan rápido como la capa les permitía a la Torre. Los pasillos comenzaron a llenarse de alumnos que, llenos y somnolientos, conversaban animadamente mientras se dirigían a sus respectivos dormitorios. Harry sentía la agitada respiración de Hermione a su lado, y como poco a poco la marcha de ésta iba bajando su ritmo.
- Falta poco.- Le murmuró, tratando de entablar conversación.- Sólo debemos girar a la derecha y entonc..-
- ¡Ya se que falta poco, y se que debemos girar a la derecha, y luego a la izquierda para subir la escalera! ¡Por si no te habías dado cuenta, yo también he vivido los últimos ocho años de mi vida en el castillo!- Respondió Hermione, tratando en vano de controlar su vos. Harry la miró. En el fondo, muy en fondo, el sabía la verdad: la ira que Hermione tenía para con él era la manera en que la chica disfrazaba el miedo de tener que enfrentarse a Ron y a Ginny. Y Harry lo entendía porque en ese momento... el también estaba asustado. Se detuvo, y la capa lo descubrió. Hermione también se detuvo, y se volteó para mirarlo inquisitivamente, momento que el muchacho aprovechó para tomarla de los hombros.
- Escúchame, yo también estoy nervioso. Pero no lograremos nada peleándonos, y menos aún si vamos a explicarles las cosas con este humor.- Le dijo, mientras la chica miraba al piso. Esperó que Hermione acotara algo, pero al no hacerlo, el muchacho continuó.- Te pido por favor que respiremos hondo, nos tranquilicemos y pensemos en que vamos a decirles.
- Creo que no debemos hablar con los dos juntos. Es mejor que tu hables con Ginny y yo hable con Ron. Y así... hay menos posibilidades de que él trate de hacerte daño.- Observó Hermione luego de unos momentos de silencio. Harry la miró. El tono preocupado que le chica había utilizado le hizo entender que su enojo para con él se había apaciguado.
- Está bien. Así en vez de hacerme daño a mi, te lastima a tí. No hay problema.- Contestó Harry con ironía. Hermione se limitó a mirarlo amenazadoramente, y Harry entendió que no había discusión: el debía explicarse ante Ginny. Subieron en silencio el último tramo de las escaleras, ya sin la capa puesta, y se frenaron frente a la gruesa puerta de roble, que se hallaba cerrada. Harry le echó una última mirada a Hermione, quien asintió con la cabeza, y el muchacho abrió la puerta. No había nadie en la sala, y las dos sombras de los Weasleys entraban a la habitación por la puerta que conducía al balcón. Parecía que no habían notado que no estaban más solos. Hermione carraspeó, para hacerse notar, y Harry se aferró a su varita, que estaba guardada en el bolsillo de su campera. Miró primero a Ron, y después a Ginny. Por algún extraño motivo, Harry se imaginó que la chica estaría llorando cuando ellos llegaran, pero la expresión de la pelirroja era de una ira inconmensurable, para la cual las lágrimas no son solución.
- ¿Qué hacen aquí?- Preguntó Ginny, con tono amenazador, mirando a Harry.
- Vinimos... a hablar con ustedes. A... explicarles las cosas.- Contestó Hermione tratando de sonar tranquila, como si hubieran ido a visitarlos para tomar el te y charlar de Quidditch.
- ¡Claro! ¿Supusieron que nos encantaría saber como en estos meses nos han engañado? Pues bien, se equivocaron.- Dijo Ron, cruzándose de brazos.
- Miren, no hemos venido a discutir. No queríamos que... que se enteraran de esta forma, no era nuestra intención... nosotros..- Comenzó Harry, pero Ron lo interrumpió, gritando a vos en cuello.
- ¡¡¿¿Que no querías que me enterara de esa manera??!! ¡Perfecto! ¡Entonces iba a enterarme cuando me llegara la invitación a su casamiento! ¡O cuando tuvieran el primer bebe!
- Ron por favor escúchanos, te lo ruego...- Dijo Hermione con aquel tono suplicante en su vos que Harry tanto odiaba escuchar.
- ¿Porqué debemos escucharlos? ¿Porqué? ¿Acaso ustedes nos escucharon en esos meses en que estábamos peleados? ¡¡NO!! ¡Se limitaron a pasear por ahí, comprar televisores, hacer fiestitas! ¡Nunca una carta para Ron y Ginny! ¡Nunca una tarde de te, una respuesta, NADA! ¡Silencio! ¡Se los podría haber tragado la tierra que no nos hubiéramos enterado!- Replicó Ginny perdiendo la compostura.
- ¡No voy a permitírtelo! ¡No voy a permitir que nos eches la culpa sólo a nosotros cuando sabes que la culpa es compartida! ¡Vinimos aquí a explicarles porqué las cosas se dieron como se dieron, y porque los consideramos nuestros amigos, aun después de todo este tiempo! ¡Pero no voy a bajar la cabeza por el simple hecho de que me levantes la voz!- Le contestó Harry, gritando por sobre los alaridos de Ginny.
- ¡Fuiste un hermano para mi Harry! ¡Y sabía que la amaba, que la amaba con locura! ¿Como pudiste? ¿Como te atreviste?- Murmuraba Ron, mirándolo con los ojos cargados de furia. Hermione no le sacaba la vista de encima: estaba segura de que Ron intentaría hacerle algo a Harry.- ¡Y tu, habla! ¡No te quedes callada tratando de pasar desapercibida!- le gritó el pelirrojo a la chica.
- No intento hacerlo, sólo que me parece que ya somos lo suficientemente grandes como para mantener una charla adulta, y no estar discutiendo como niños de primer año.- Respondió la chica, defendiéndose. El resto hizo una pausa. Harry exhaló un suspiro, y miró a los Weasleys, esperanzado. En el fondo, aquella reacción era de esperarse. Intercambió una mirada nerviosa con Hermione, quien parecía a punto de llorar.
- No... no vinimos aquí a discutir. Si quieren escucharnos, saben adonde estamos. Si no... lo único que puedo decirles es que nos perdonen por la manera en que hicimos las cosas. Pero, al menos yo, no estoy arrepentido de... de haberme enamorado de Hermione, de amarla como la amo. Lo siento. Lo siento mucho. Pero no podemos cambiar lo que sentimos. O al menos... lo que yo...
- Y lo que yo también siento. Lo lamento... en serio que si.- Lo interrumpió Hermione, y trató de mirar a Ron.
- Entonces no pueden pedirnos a nosotros que no nos sintamos de esta manera. O que cambiemos lo que sentimos.- Contestó Ron, sin mirar a nadie.- Voy... a pedirles que se retiren, que nos dejen solos.
- Si. Claro.- Murmuró Hermione, y tomó a Harry del codo, arrastrándolo hacia la puerta.-


Continuara...


By La Belu Punchiii!!! ^^

miércoles, 30 de julio de 2008

Disculpas y Nuevo Trailer Del Pincipe Mestizo...




Bueno priumero empiezo pidiendo disculpas por haberme ausentado un mes entero sin colocar ninguna entrada... esta un poco abandonadito esto =P jajaja... pero no se preocupen voy a tratar de volver a full y creo que es el momento ideal con esta entrada del nuevo trailer de la Nueva pelicula de Harry Potter y El Principe Mestizo... ya estamos a pocos meses y a pesar de que esta vez Warner Bros. nos ah hecho esperar mas de lo acostumbrado, ya que las anteriores peliculas nos lleno de trailes con muchos meses de antelacion, y ahora solo a tres meses... si ya no falta nada! TRES MESES, 90 dias!
Personalmente ver el trailer, recordar el libro y todo lo que va a pasar y las imagenes, los dialogos, me ah congelado la sangre y me emociono de una manera inexplicable... imagino que a ustedes fans les pasara exactamente lo mismo...
Sin mas los dejo para que la vean, muy pronto prometo subir mas fragmentos del FanFic =) perdon nuevamente por tenerlos todos un mes en ascuas y gracias a todos los que siempre visitan la pagina =)

martes, 1 de julio de 2008

Fin del capitulo 17...


La sala común estaba vacía, puesto que aun era muy temprano. Harry se acomodó en una de las butacas por las que se veían, a través de la ventana, los jardines del colegio bañados de sol. La gente empezó a despertarse, y la sala se fue llenando de “buenos días” y murmullos de excitación por le pronto viaje a Hogsmade. Hermione bajó minutos después, con la cara hinchada por el sueño, y le dirigió una sonrisa a Harry.
- Estás muy linda.- le susurró él.
- ¿En serio cada vez que me ponga esta camisa vas a hacer ese comentario?- indagó ella sonriente, casi sin mover la comisura de su boca. Bajaron a desayunar con el resto, y luego se dirigieron al hall, donde Filch revisaba la lista de los alumnos con permiso. Harry tomó a Hermione por la muñeca una vez que llegaron al sendero, y la condujo detrás de un árbol. Le echó la capa para hacerse invisible por arriba, y la chica rodeó con su brazo la cintura del muchacho. Siguieron caminando debajo de la capa hasta que llegaron al pueblo. Decidieron hacer las compras después, si les quedaba tiempo. Caminaron bajo la capa hasta llegar al límite del pueblo, donde el sendero se perdía entre la inmensidad del campo.
- ¿Lista?- le preguntó Harry al llegar a una bifurcación. La chica asintió, y se tomó fuertemente del brazo del muchacho. Sintieron como sus pies se despegaban del suelo, y aterrizaban segundos después en otro un poco mas duro. Harry abrió los ojos. Tal vez porque era sábado en la mañana y aun era bastante temprano, o porque el ritmo del pueblo solía ser así todos los días, las calles estaban tan desiertas como aquella Nochebuena en que lo habían visitado por primera vez. Hermione metió la capa en su bolso y, tomados de las manos, caminaron lentamente por aquella calle familiar. El cosquilleo de ansiedad de Harry se acrecentaba, y quería correr hasta la verja que ahora veía, justo al lado de la pequeña iglesia, y pegar un salto para cruzarla. Apuró el paso en los últimos metros, y soltó a Hermione, quien continuó caminando al mismo ritmo. Abrió la pequeña puerta de madera, que soltó un chillido, y siguió el sendero con más determinación que la primera vez, puesto que ahora ya sabía el recorrido. Miró de soslayo la tumba de Ariana y Kendra... y otras dos de mármol blanco surgieron, resplandecentes por la luz del mediodía. Ahí estaban. A centímetros. Dos pasos mas, y se encontraría con ellos de nuevo. Pero se detuvo en seco. El chirrido de la puerta le dio a entender que Hermione ya había llegado hasta el cementerio. Sintió sus pasos amortiguados acercarse, y el inconfundible perfume floral que tanto le gustaba a Harry. La mano de la chica se entrelazó una ves mas con la suya, y Harry tomó coraje para acercarse a la tumba. Era mucho peor que la primera ves. Todo lo que había ocurrido después había hecho que Harry valorara más su propia vida, y se sintiera enormemente agradecido por estar con vida, por ser feliz, por darse el lujo de respirar, caminar, y amar a su novia cada día de su vida. Calló de rodillas, y apretó los ojos tratando de imaginarse a sus padres... abrazándolo. Pero era en vano. Sus restos yacían fríos bajo la tierra, y eran sólo una simbología desagradable. Hermione se arrodilló a su lado, y en ese momento Harry lo comprendió todo. Lo único real en el mundo era Hermione. Su tibia mano sumergida en las profundidades de la del muchacho, su suave vos murmurando cosas que Harry no escuchaba, y la luz del sol arrancándole destellos de su cabello. Ella era todo. Ella hacía valer a cada segundo el sacrificio de James y Lily, y le daba a Harry un motivo para agradecer cada mañana que sus padres se hubieran sacrificado por él. Harry deseó mas que nunca juntarlos a todos, abrazarlos, decirles cuánto los amaba, lo mucho que significaban para él. Abrió los ojos. ¿Porqué había ido? No necesitaba estar en ese lugar para estar con sus padres. Los llevaba a cada lugar adonde iba. ¿Cuántas veces le habían dicho que era igual a su padre? ¿En cuantas ocasiones le habían repetido que tenía los mismos ojos que su madre? ¡Y él no había entendido para nada el sabio significado de esas palabras! Se sentía mas cerca de sus padres que nunca, pero no por el hecho de estar en el lugar en que sus restos reposaban, si no porque había entendido que sus padres habían muerto, pero nunca lo habían dejado.
Se incorporó y miró a Hermione a los ojos por un segundo.
- Lo lamento... no quería que ... no era mi intención que te sintieras mal..- murmuró la chica, abrazándolo. El suspiró, y le sonrió.
- En realidad... me siento mejor que nunca.- le contestó. La chica frunció el entrecejo, pero una sonrisa se dibujó en su rostro. Harry señaló el sendero de regreso al pueblo. Caminaron entre las antiguas tumbas, cruzaron la verja, y Hermione se detuvo en seco.
- ¿No quieres... ver la casa?- indagó, señalando la calle a su izquierda. Harry dudó un segundo y, abrazándola, contestó.
- No... volvamos a nuestra casa.-



Continuara...


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viernes, 27 de junio de 2008

Continuamos capitulo 17


Es injusto que no pueda estar contigo, cuando cada día lo deseo mas... cuando eres mi principal fuente de felicidad. ¿Por qué? ¿porqué siempre terminan perjudicándome a mi?- dicho esto, se tumbó cabeza arriba sobre el césped. Hermione no le contestó. Se sentía tan conmovida por las palabras de Harry, que se limitó a mirarlo con los ojos llorosos a causa de la emoción. La realidad era que él tenía razón. ¿Porqué todo debía ser tan complicado? ¿Hasta cuando tendrían que esconderse o... esconder lo que les pasaba? Sintió un deseo ferviente de que el resto del universo desapareciera, de que sólo quedaran ellos dos, el árbol y el césped. De que no hubiera miradas curiosas, ni palabras de reproche, ni personas que pudieran salir heridas. Pero era imposible. No importaba cuanto lo deseara ella, ni cuanto lo deseara él... nada cambiaría la situación. Harry tenía la vista clavada en la copa del árbol, y se despeinaba distraídamente el remolino de su negra cabellera. Hermione lo miraba atentamente esperando que reaccione, que diga algo. Pasaron segundos, o horas (les era muy difícil medir el tiempo que pasaban juntos), y entonces Harry... sonrió. Hermione lo miró consternada.
- ¿Porqué sonríes?- preguntó.
- Porque, a pesar de todo, no puedo tener mejor compañera en esta aventura que... la que tengo ahora.- le contestó, y reposó su cabeza en las piernas de la chica. Ahora ella le revolvía el cabello.
- Tenemos que tener mas cuidado... ser mas cautos. Eso es todo.- agregó Hermione.
- Lo intentaré. Lo prometo.- dijo él, juntando su mano con la de la muchacha.
- Quiero proponerte algo.- soltó Hermione misteriosamente. Harry se incorporó.
- ¿Tiene que ver con anillos, un vestido largo y una túnica de gala?- bromeó.
- Para nada.
- Mejor así.
- Omitiré ese comentario.- replicó Hermione, por sobre las risas del muchacho. Esperó que se calmara, y continuó.- Sabes que la próxima visita a Hogsmade es el día de Halloween.
- Lo leí esta mañana en el tablero de anuncios.- contestó Harry.
- Pues bien, ayer mantuve una charla con McGonnagall. Le pregunté si en esas excursiones podíamos... desaparecernos. Ir a otro lugar.
- ¿Y que te dijo?
- Que, como somos mayores de edad, podemos hacerlo siempre y cuando regresemos a la hora pautada.-explicó la jovencita.
- ¿Y adonde quieres que vallamos?- indagó Harry.
- Pues bien, estaba pensando que... bueno, coincide con el aniversario de la muerte de tus padres. Y que podíamos hacer una visita al Valle de Godric. Ya sabes... ir con más tranquilidad... ahora que ya no hay peligro de que... seamos engullidos por una serpiente gigante ni nada de eso.- concluyó Hermione con una sonrisa tímida. Harry la miró dubitativo. Realmente quería volver al Valle, y la idea de ir justo el día del aniversario de muerte de sus padres era muy tentadora, pero igualmente tenía que hacerse a la idea.
- Lo pensare.- contesto luego de unos momentos.
- Bien. Tienes bastante para hacerlo.- concluyó la chica. Se quedaron en silencio, y mas tarde entraron al castillo.


Harry trataba de recordad como los muggles festejaban aquellas celebraciones, pero después de vivir la mitad de su vida en el mundo mágico, se le hacía dificultoso. Igualmente, era obvio que los muggles no tenían calabazas flotantes, ni pequeños monstruos salvajes corriendo en sus pasillos para Halloween. La mañana del 31 amaneció húmeda y fresca, y los destellos dorados del horizonte prometían un día soleado. Harry despertó temprano. En realidad, no había dormido casi nada: la ansiedad por volver al Valle de Godric le provocaba un cosquilleo difícil de ignorar. Era como estar a horas de reencontrarse con un amigo al que no se ve desde hace mucho tiempo. Sentía que volver al lugar en donde todo había empezado para él significaba ponerle fin a toda esa historia de una vez, comenzar de nuevo.
La sala común estaba vacía, puesto que aun era muy temprano. Harry se acomodó en una de las butacas por las que se veían, a través de la ventana, los jardines del colegio bañados de sol. La gente empezó a despertarse, y la sala se fue llenando de “buenos días” y murmullos de excitación por le pronto viaje a Hogsmade. Hermione bajó minutos después, con la cara hinchada por el sueño, y le dirigió una sonrisa a Harry.
- Estás muy linda.- le susurró él.
- ¿En serio cada vez que me ponga esta camisa vas a hacer ese comentario?- indagó ella sonriente, casi sin mover la comisura de su boca. Bajaron a desayunar con el resto, y luego se dirigieron al hall, donde Filch revisaba la lista de los alumnos con permiso. Harry tomó a Hermione por la muñeca una vez que llegaron al sendero, y la condujo detrás de un árbol. Le echó la capa para hacerse invisible por arriba, y la chica rodeó con su brazo la cintura del muchacho.



Continuara...



By La Belu Punchii!!! ^^

lunes, 23 de junio de 2008

Doble Fragmento... Fin capitulo 16 y comienzo del 17 =)


Harry se sentó a su lado, todavía tratando de descifrar que era lo que acababa de ocurrir. Pasó un brazo por sobre los hombros de Hermione, y ella recostó su cabeza en el hombro del chico. Ambos suspiraron al mismo tiempo.
-¿Sabes? Prefería cuando nos peleábamos hace unos segundos.- Comentó Harry. Hermione lo miró unos segundos y, asintiendo, comenzaron a reírse. Lo bueno de aquellos errores era, principalmente, que los cometían juntos.
En el momento en que las ventanitas iluminadas del castillo irrumpieron a lo lejos en la escena, Harry se dio cuenta de lo estúpido que había sido considerar la idea de no volver a Hogwarts. Por lo menos al principio, sabía que extrañaría su vida anterior, pero terminaría acostumbrándose. Posó su mano mecánicamente sobre la de Hermione, tratando de acariciarla. La chica la retiró al instante, y con una mirada para nada discreta, señaló a Neville y a Luna, que compartían en carruaje con ellos. Los dos chicos habían dejado de hablar, y miraban fijo al lugar en que segundos antes las manos de Harry y Hermione habían estado a punto de entrelazarse. Hermione carraspeó.
- ¿Qué estabas contando de tu verano Neville?- Preguntó la chica mirándolo dulcemente.
- ¿Qué?- Se sobresaltó el aludido, volviéndose a Hermione, quien había dejado su dulzura atrás.- Ah... oh. Si mi tío Archie me llevó al Sur en busca de...
- ¿Saben que? No lo entiendo.- Lo interrumpió Luna.
- ¿Qué no entiendes? ¿Lo de los árboles sin gravedad? Porque puedo explicártelo...- se entusiasmó Neville.
- ¡No tonto, no eso! No entiendo porque... se esconden.- Volvió a interrumpirlo Luna, mirando con el ceño fruncido a Harry y a Hermione, alternativamente.
- ¿Esconder que?- Inquirió Hermione tratando de adoptar un tono sorprendido poco creíble.
- ¡Vamos Hermione recuerda con quien estas hablando! ¿Qué acaso Harry te estaba peinando cuando entré en el compartimiento?- replicó Luna. Los ojos le brillaban como si hubiera descubierto una nueva y alucinante criatura capaz de convertir el agua en oro. Hermione adoptó aquella típica mirada suya que precedía a una larga discusión, pero luego de tomar aire tres veces sin saber que decir (lo cual Harry consideró como un momento histórico), dirigió su mirada hacia el ojiverde como pidiéndole ayuda. Harry carraspeó, y miró a Luna, quien seguía luciendo su mejor cara de “sabes que tengo razón”.
- Lo que... lo que sucedió... no es... no era lo que parecía... en realidad solo estábamos...- no importaba cuanto Harry tratara de controlar su voz, esta permanecía ronca por los nervios de verse obligado a dar explicaciones cuando sabía perfectamente que no había manera de que Luna hubiera mal interpretado lo que había visto. La mirada asesina de Hermione no lo ayudaba para nada, y menos aun la extraña expresión de Neville, de suma concentración, como si estuviera leyendo un libro que no entendía. Permanecieron en silencio mirándose unos a otros.
- Valla, no lo entiendo.- se lamentó Neville.- ¿Qué puede ser tan malo como para que quieran ocultarlo?- comenzó a reírse.- ¡Ni que los hubieras encontrado... besándose o algo por el estilo!- concluyó mirando a Luna.
- Eso es exactamente lo que he hecho.- contestó esta, restándole importancia. Los ojos de Neville adoptaron el tamaño de dos platos de fiesta, y Hermione soltó un suspiro.
- Gracias Luna.- murmuró la chica, y se tapó la cara con las manos.
- Pero... pero tu... y el ... y ustedes. ¡No puede ser! No... deben estar bromeando.- soltó Neville consternado comenzando a reírse, pero en el momento en que percibió las caras de horror de Harry y Hermione, y la expresión de triunfo de Luna, comprendió que aquello no era una broma.
- Creo que tenemos derecho a saber. No veo porque no pueden confiar en nosotros.- agregó Luna sonriendo tímidamente.
Harry miró a Hermione, tratando de captar si esta quería o no que los demás se enteraran de todo, pero ésta tenía su cara hundida aún entre sus manos. Harry tomó aire, y comenzó a explicarles.
- Deben saber en primer lugar que nadie...-enfatizó esta última palabra, y los miró de manera asesina,- y cuando me refiero a nadie digo absolutamente nadie, debe enterarse de esto. En segundo lugar... no hay explicaciones Luna. Ni justificación alguna. Amo a Hermione y supongo... que ella me ama también.
- No seas tonto, claro que te amo.- murmuró la aludida desde las profundidades de sus manos.
- Y eso,- continuó Harry como si Hermione no lo hubiera interrumpido, pero con una expresión mucho mas alegre a causa de las palabras de la chica,- eso debería alcanzarles como excusa suficiente. Les repito... les suplico... no se lo digan a nadie.- concluyó.
- Por favor.- agregó Hermione en tono de súplica, mirando a sus amigos. Hubo un silencio en el cual Neville miró hacia el suelo, aun con los ojos como platos...

Capítulo diecisiete: de regreso al Valle de Godric.

A decir verdad, el primer mes en el colegio había transcurrido de lo mas normal. Uno hubiera pensado que después de lo ocurrido con Voldemort, a Harry se le haría imposible caminar por los pasillos. Pero lo real era que Harry no era por esos días el único considerado como un héroe. Hermione, Ron y Neville cosechaban tantos aplausos en los pasillos como el mismo Harry, y muchas veces los alumnos menores los miraban con tanta fascinación como al “niño que vivió”. Al principio, Hermione se había mostrado encantada, aunque no lo reconociera. Pero dos semanas después del inicio de clases, su paciencia se vio puesta a prueba cuando un niño de primero la interrumpió en una traducción de Runas Antiguas que estaba realizando en la biblioteca. De ahí en adelante, su popularidad decayó bastante. Harry, por su parte, había disfrutado mucho de aquel primer mes. Le habían ofrecido nuevamente el puesto de capitán del equipo de Quidditch y, aunque lo había aceptado, le parecía que aquello pertenecía a una vida que ya había abandonado, una vida que se había visto obligado a dejar atrás para dedicar sus días a la persecución de Voldemort. En definitiva, lo que acaparaba su atención más que nada era Hermione. Le parecía increíble que se llevaran tan bien, que se quisieran tanto y que, aun así, tuvieran que esconderse. Según Hermione, aquellos encuentros secretos y ocasionales que podían llegar a tener hacían que la relación fuera mas “interesante”, pero Harry sabía que ni siquiera ella creía en esa teoría. Tenía que reconocer, sin embargo, que se las estaban arreglando bastante bien. En gran parte, gracias al mapa del Merodeador, que le permitía saber a Harry a todo momento en donde se encontraba Hermione. Así había sido como, en las primeras semanas, la jovencita se había asustado mas de una vez cuando una mano invisible salía de la nada y la arrastraba hasta algún pasadizo secreto detrás de un tapiz mugriento. Después de tener que acostumbrarse a la fuerza, era obvio que aquellos encuentros le parecían de lo más entretenidos.
Esa mañana el sol brillaba tan fuerte que arrancaba destellos dorados del lago. Harry acababa de terminar con el entrenamiento de Quiddich, y esperó que todo el equipo se fuera para sacar el Mapa del Merodeador. Se sorprendió cuando encontró a Hermione sentada en los jardines, y no en la biblioteca como esperaba verla. Se subió a su escoba y se dirigió hasta ella.
- Buenos días.- le dijo sonriendo y, después de mirar escrupulosamente en busca de curiosos, la besó.
- Buenos días,- contestó ella, y comenzó a abrir su mochila.
- ¡Juro que si sacas un libro de ahí me marcho ahora mismo!- soltó Harry, mientras se tumbaba a su lado. La chica lo miró con el entrecejo fruncido por un momento, como si Harry fuera una especie de programa de televisión poco interesante, y sacó de su mochila un termo enorme y un revoltijo de servilletas, que resultaron ser unos gigantes emparedados de pollo.- ¡Definitivamente eres la mejor!- dijo Harry tratando de reivindicarse, y la besó en la mejilla.
- ¿Adonde estuviste anoche? Me quedé hasta las doce esperando que vuelvas.- indagó la jovencita con un dejo de enfado.
- Acostado. Sabía que tenías que estudiar, y el entrenamiento empezaba temprano, asi que me fui a la cama después de la cena.- contestó Harry con cierta dificultad, puesto que se había metido un emparedado entero en la boca. Tragó rápidamente, y tomó el termo de jugo.
- ¿Qué tal el entrenamiento?- preguntó Hermione, mucho más tranquila, apoyándose en el tronco del árbol.- ¿Ron y Ginny?
- Normal. Murmuran a mis espaldas, pero ya me estoy acostumbrando.- respondió Harry encogiéndose se hombros, restándole importancia.
- Anoche estuve hablando con Neville sobre ese tema. Está bastante cansado de la situación. Según él... Ron sospecha de lo nuestro.- agregó Hermione en un susurro. Harry se atragantó y escupió la mitad del jugo que tenía en la boca. La chica le dio unas palmadas en la espalda.
- ¿Cómo diablos se enteró?- soltó Harry mirándola con enfado.
- No te molestes conmigo, porque si lo recuerdas, yo no tengo la culpa.- replicó la chica ofendida. Harry la miró por un segundo consternado, esperando que ella continúe. Le hizo un gesto con la mano, y Hermione resopló.- Neville dice que Ron no deja de interrogarlo acerca de nuestras... “desapariciones”.- explicó la chica, enfatizando su última palabra.
- Pero... si... ¡tendría que estar observándonos todo el tiempo para darse cuenta de que... “desaparecemos”!- replicó Harry.
- No lo se. Sería demasiado descarado de nuestra parte pensar en eso. Lo que quiero decirte es que... debemos tener más cuidado.- dijo Hermione en tono suplicante.
¡Es injusto!- se quejó él.-


Continuara...


By La Belu Punchi!!!! ^^

martes, 17 de junio de 2008

Retomamos con el FanFic... Entrada Doble y con Comienzo de Cap. 16 =)


Bueno...- dijo Hermione soltando un gran bostezo que, esta vez, no se preocupó por reprimir.- Me iré a la cama, mañana tengo cosas que hacer.- Se acercó a Harry y lo besó, deseándole las buenas noches, pero el chico no la soltó, si no que le señaló una silla para que se sentara.
- He... estado pensando. En nosotros. Y en como... seguirán las cosas de ahora en adelante.- le explicó Harry. Le temblaba la voz inconscientemente, y la mirada de Hermione había abandonado el tono de sorpresa que había adoptado en un principio, para ir endureciendo poco a poco su semblante.
- ¿Qué estás queriendo decirme? ¿Acaso te estas... echando para atrás?- los ojos de la chica irradiaban fuego, y aquello no ayudo a Harry a controlar sus nervios.
- ¡Por supuesto que no! Claro que pero tienes que... ¿tu no te has arrepentido no?- indagó Harry asaltado por esa duda momentáneamente.
- ¿Me crees idiota? ¿Porqué habría de hacerlo? Sabes que si tuviera algún problema te lo habría dicho.- respondió Hermione, quien trataba de suavizar la vos puesto que se daba cuenta de que lo único que lograba era ponerlo mas nervioso. Ante estás declaraciones, Harry suspiró y se sonrió.
- Lo que quiero decirte es que... tenemos que pensar muy bien en lo que haremos al volver a Hogwarts.- aclaró el muchacho. Hermione asintió momentáneamente y fijó su vista en el piso de la cocina. Se podía oír su cerebro trabajando a cientos de kilómetros por hora, tratando de encontrar una posible solución. Harry, mientras tanto, se ocupó de mirarla.
- Bueno es obvio que no podemos, al menos por el momento, hacerlo público. No se como reaccionaría la... gente.- contestó Hermione después de unos momentos de reflexión. Harry comprendió que, al referirse a la gente, en realidad estaba hablando de Ron y Ginny, pero no le expresó aquel comentario en vos alta.
- Concuerdo contigo.- coincidió Harry.- Embargo,- agregó,- ¿crees que podremos hacerlo?.- Hermione lo miró un momento, y Harry pensó que la chica sacaría su varita y le echaría un maleficio imperdonable. Pero entonces se acercó a él sonriendo y lo abrazó. Harry la rodeó con sus brazos, y ella apoyó su cara en el pecho del chico.
- No creo que pueda hacerlo. No podré soportar demasiado la idea de no tenerte por un tiempo. Al menos en la forma en que te tengo ahora.- le confesó en un susurro casi inaudible. Harry se sonrió.
- Yo tampoco creo poder hacerlo. Menos aun puedo aceptar la idea de verte todos los días y no poder abrazarte o... o besarte, o gritarle a todo el colegio lo feliz que estoy de tenerte conmigo.- contestó él. Ella se apretó mas fuerte contra el cuerpo del chico. Permanecieron un segundo en silencio, y entonces Hermione se separó y lo miró duramente a los ojos.
- Pero tenemos que hacerlo. Tenemos que intentarlo Harry. Realmente no quiero lastimarlos.- agregó en tono suplicante.
- Lo entiendo perfectamente, y juro que pondré todo mi empeño y mi buena voluntad en que nadie salga lastimado. Ni ellos... ni nosotros.- la consoló. Ella sonrió, demostrando su satisfacción, y volvió a abrazar al muchacho. Se quedaron largo rato así, hasta que Hermione se quedó profundamente dormida, y Harry, a regañadientes, la llevó a su habitación.
Capítulo dieciséis: regreso a Hogwarts.

- ¡¡¡TRES DÍAS POTTER!!! ¡¡¡TRES DÍAS PERSIGUIÉNDOTE PARA QUE ARMES EL MALDITO BAUL DEL COLEGIO, Y AHORA DIES MINUTOS ANTES RECUERDAS QUE NO TE QUEDAN CALCETINES LIMPIOS!!!- Los gritos de Hermione le llegaban a Harry hasta el tercer piso, aunque ella estuviera en la cocina. La Sra. Black soltaba sus conocidos alaridos, esperando a ser cerrada, y Harry no sabía explicar porqué aquella situación le causaba tanta gracia. Bajó como un rayo hasta el descanso de la escalera, y cerró el retrato con todas sus fuerzas. Sin embargo, el ruido ambiente solo bajó unos decibeles, puesto que Hermione seguía soltando maldiciones en la cocina. Harry pensó que ya era hora de calmarla, así que entro cuidadosamente, y la encontró sumergida entre una horda de calcetines desparejos.
- SI NO ESTOY PERSIGUIÉDOTE NO HACES NADA POR TI SOLO, DEBO ESTAR SIGUIENDOTE COMO UN NIÑO DE DOS AÑOS, CREO QUE TEDDY SE MANEJA MEJOR QUE TU Y... Y... y...- ya sea porque se quedaba sin insultos o sin aire, Hermione abandonó su perorata, y Harry aprovechó aquel momento de debilidad de la chica para recordarle que les quedaban 10 minutos para que el tren saliera. Aquello no logró para nada el efecto esperado, si no que más bien logró enardecer a la chica por completo.
10:59. Menos de un minuto para que el tren partiera. Corrian con sus baúles lo más rápido que podían. El gato chillaba adentro de su canasta, y su mal humor era solo superado por el de su dueña, que murmuraba frases sin sentido mientras que se acomodaba el pelo nerviosamente. Harry de di cuenta entonces de que era la primer discusión que tenían con Hermione como pareja, y se dio cuenta de que eso era lo que le causaba gracia. Cuando se ubicaron en el primer compartimiento que encontraron (después de haber saludado a Molly y Arthur en el andén apresuradamente), Hermione optó por hacer lo que generalmente hacía cuando estaba enfadada: enfrascarse en un grueso libro. Miraba de soslayo a Harry de vez en cuando, para ver si él le prestaba atención, pero el muchacho había decidido mantenerse a la defensiva y no soltar ni una sola palabra. El viaje transcurrió en un profundo silencio, interrumpido por los sonidos de la lechuza sin nombre de Harry y de Crookshanks, que peleaba por su libertad. Algunas personas se amontonaron a distintas horas en la puerta del compartimiento, posiblemente para echarle un vistazo a Harry, pero ninguna se atrevió a entrar, salvo un niño de primero quien le pidió un autógrafo.
“No tomaré la iniciativa, no pienso hablarle, es un maldito egocéntrico. Ya verá lo que es vivir sin que lo persigan. Idiota. Se cree muy listo todo porque es famoso”. Cualquiera que hubiera leído los pensamientos de Hermione, hubiera pensado que ni muy remotamente estos se dirigían al muchacho que la miraba tímidamente, temiendo que le echara una maldición en cualquier momento.
“Perfecto. Enójate. Todo por un estúpido par de calcetines. Esta bien, no me hables. Ignórame. ¿Quién quiere hablar contigo? ¿Para que me relates los libros de memoria? No gracias, paso”. Harry comenzaba a enfadarse también por lo que, el creía, era una exageración de inmadurez por parte de Hermione.
“Idiota dependiente”.
“Sabelotodo insufrible”.
Levantaron la vista inconscientemente, ambos en el mismo momento. Lo que pasó después fue muy confuso: ambos se pararon en el mismo momento, lo que provocó que sus frentes se chocaran. Soltando gritos de dolor, se miraron con los ojos llorosos.
- ¡Idiota!- soltó Hermione.
- Gracias por el cumplido.- contestó Harry ofendido. Volvieron a mirarse, y el muchacho no contuvo la tentación, y el deseo ferviente de besarla por mucho que ella lo odiara en ese momento. Se acercó apresuradamente, y la rodeó con fuerza. En el momento en que Hermione comprendió que era lo que Harry hacía, ya era demasiado tarde: el muchacho había comenzado a besarla.
- ¡Suéltame!.- Le contestó en un susurro poco creíble.- ¡Estoy enfadada contigo! Muy... enfadada...-
- Esta bien. Te suelto.- le respondió Harry restándole importancia.- Pero me parece ridículo que sigas enojada. Ni siquiera llegamos tarde.
- ¿Ridículo? ¡No es le hecho de llegar o no tarde lo que me enfada Potter!- Gritó Hermione, sacando de una vez todo lo que venía pensando desde que abandonaran Londres.- ¡Detesto que dependas tanto de mi! ¡Madura por favor!
- ¡¿Oh con que eso es lo que crees?! ¿Realmente crees eso?- preguntó el chico subiendo la voz, tratando de aplacar los gritos de la castaña.
- ¡¡Si eso es lo que creo!!
- Perfecto. ¡Perfecto! Me alegra que lo dijeras.- agregó Harry.
- Y a mi me alegra que te alegre.- dijo Hermione.
- Entonces me alegra el doble.- Harry no sabía porque discutía con Hermione cuando en realidad aun no había abandonado las ganas de besarla. Estaba pensando eso cuando levantó la vista y la vio: Hermione lo miraba con la misma cara de asombro. Nuevamente se repitió la escena confusa, solo que esta vez no se detuvieron a frotarse las frentes, sino que se concentraron más en besarse. No les importaba nada. No les importaba que el tren se moviera demasiado, ni que segundos atrás se hubieran gritado como si fueran los peores enemigos. No les importaba que las mascotas chillaran, ni que el libro de Hermione yaciera en el piso, ni que fuera pisado por Harry. No les importaba que la lluvia golpeara los vidrios del tren, ni que los demás estudiantes gritaran felices porque la señora del carrito había llegado al pasillo. En el preciso momento en que Hermione se acercaba a la puerta para poner la traba y cerrar la persiana de la ventanita, una cabellera rubia irrumpio en la habitación, soltando un gritito, que bien podía tratarse de un quejido o de una risita nerviosa.
- Luna.- susurró Hermione separandose de Harry, quien no se había perscatado de nada de lo que había pasado. La visitante miraba con sus ojos examinadores la escena, como si le hubieran presentado un extraño caso de peste del perdedor. Luego de unos segundo (los mas incómodos que Harry y Hermione habían vivido en su vida), Luna sonrió.
- Sigan en lo suyo. Yo no he visto nada.- Les dijo y, encojiendose de hombros, cerró ella misma la puerta.
- Perfecto. Dos horas en Hogwarts y ya hemos dejado todo escrúpulo atras.- se lamentó Hermione, sentándose.


Continuara...



By La Belu Punchiii!!! ^^

miércoles, 11 de junio de 2008

Precuela de los Merodeadores...


Hacemos un stop en el fanfic para poner esta precuela que se lanzo como tarjeta de 800 palabras en una obra benefica de parte de Rowling... a mi gusto... a tenido sabor a poco... me dejo con ganas de mas y de saber los contextos en que suceden... leanla ustedes mismos:


La motocicleta de carreras tomó tan rápido la curva afilada en la oscuridad que ambos policías del coche de la persecución gritaron: "¡Guau!". El Sargento Fisher apretó su largo pie en el freno, creyendo que el chico que montaba en el asiento de atrás de la moto volaría bajo sus ruedas. Sin embargo, la moto siguió sin arrojar a ninguno de sus ocupantes, y con un pestañeo de su luz roja trasera, desapareció en la estrecha calle de al lado.
-¡Ya les tenemos! -exclamó con excitación el capitán de policía Anderson-. ¡Esto es un callejón sin salida!
Tomando el volante con determinación y haciendo crujir la maquinaria, Fisher rayó la mitad de la pintura de la chapa del coche en el intento de perseguirlos por el callejón.
Los dos pasajeros estaban atrapados entre una pared de ladrillo y el coche de la policía, que ahora se acercaba hacia ellos como un depredador gruñón de ojos luminosos.
Había tan poco espacio entre las puertas del coche y los muros del callejón que Fisher y Anderson habían salido con dificultad del vehículo. Dañó su dignidad tener que medir pulgada a pulgada, como si se tratasen de cangrejos. Fisher arrastró su generosa panza por el muro, arrancando botones de su camisa por el camino, y finalmente descolocando el retrovisor con su parte trasera.
-¡Bajad de la moto! -bramó a los jóvenes que sonreían con insolencia, que se habían sentados con la luz azul parpadeante como si disfrutasen con ello.
Lo hicieron como se lo habían mandado. Después de librarse del espejo retrovisor roto, Fisher les miró con ferocidad. Parecían tener unos dieciocho años. El que había estado conduciendo tenía una melena larga y negra. Su buen aspecto insolente desagradablemente le recordó a Fisher al novio guitarrista y holgazán de su hija. El segundo chico también tenía cabello negro, aunque era corto e iba en todas las direcciones. Llevaba gafas y una ancha sonrisa. Los dos vestían camisetas con un gran pájaro dorado estampado; un emblema, no había lugar a dudas, de alguna banda de rock sin ritmo y ensordecedora.
- ¡No lleváis cascos! -gritó Fisher, señalando la cabeza desprotegida de uno de ellos-. Excediendo el límite de velocidad con una considerable cifra -(de hecho, la velocidad registrada había sido mayor que la que Fisher estaba preparado para aceptar de una moto que pudiese viajar)-. ¡Ignorar la detención de la policía!
-¡Nos encantaría detenernos para conversar! -dijo el chico con gafas-. Solo intentábamos...
-No te hagas el listillo. ¡Los dos estáis metidos en un buen lio! -gruñó Anderson-. ¡Nombres!
-¿Nombres? -repitió el conductor de cabello largo-. Er... bueno... déjame ver. Está Wilberforce... Bathsheba... Elvendork...
-Y lo que es bonito sobre ese es que puedes usarlo tanto para chico como para chica -dijo el chico con gafas.
-Oh, ¿te refieres a nuestros nombres? -preguntó el primero-. Deberías habérmelo dicho. Éste de aquí es James Potter, y yo soy Sirius Black.
-Las cosas se van a poner verdaderamente negras para ti en un minuto, pequeño descarado...
-Pero ni James ni Sirius estaban prestando atención. De repente estuvieron tan alerta como perros de caza, mirando más allá de Fisher y Anderson, sobre el techo del coche de policía, en la boca oscura del callejón. Entonces, con movimientos idénticos y fluidos, se llevaron la mano a sus bolsillos traseros.
En el espacio de un latido los dos policías imaginaron pistolas saliendo de ellos, pero un segundo después descubrieron que los motoristas no habían sacado otra cosa que...
- ¿Varitas? -preguntó Anderson-. Sois un par de bromistas, ¿verdad? Está bien, quedáis arrestados bajo los cargos de...
Pero Anderson nunca llegó a decir los cargos. James y Sirius habían gritado algo incomprensible, y los haces de luz del coche se habían movido.
Los policías dieron una vuelta a su alrededor, después miraron a sus espaldas. Tres hombres estaban volando -realmente volaban- en el callejón sobre escobas. Y al mismo tiempo, el coche de policía estaba encabritado sobre sus ruedas traseras.
Las rodillas de Fisher cedieron; cayó sentado. Anderson tropezó con las piernas de Fisher y cayó encima de él, mientras oían flump-bang-cruch escucharon a los hombres de las escobas chocar contra el coche y caer, aparentemente inconscientes, en el suelo, mientras trozos de escoba caían a su alrededor.
La moto había vuelto a rugir de vida de nuevo. Con la boca abierta, Fisher miró atrás para ver a los dos adolescentes.
-¡Muchas gracias! -le dijo Sirius sobre el ruido de la maquinaria-. ¡Os debemos una!
-Sí, ha sido un placer conoceros -dijo James-. Y no lo olvidéis: ¡Elvendork! ¡Es unisex!
Hubo un crujido que sacudió la tierra, y Fisher y Anderson se abrazaron el uno al otro de miedo; su carro acababa de caer de nuevo al suelo. Ahora era el turno de la moto de rugir. Antes de que los policías diesen crédito a lo que veían sus ojos, surgió en los aires: James y Sirius desaparecieron en el cielo nocturno, con la luz trasera parpadeando detrás de ellos como un rubí que desaparecía.


Si quieren descargarla esta aqui...


Siquieren ver los manuscritos originales aqui lo pueden hacer...

lunes, 21 de abril de 2008

Aun capitulo 15... Doble Fragmento...


Y era verdad: la única meta que siempre habían perseguido era destruir a Voldemort. Hacerlo por el bien de todos, y no por gloria personal. Se volvió para mirar la insignia. La tomó entre sus manos, para verla mejor. Le parecía una estupidez, ahora que lo pensaba con más detenimiento. ¿Acaso aquel pedazo de metal pretendía compensar las vidas que se habían perdido? ¿O esperaba simbolizar el miedo, el terror que había signado la vida de Harry los últimos años? Harry lanzó enojado la insignia sobre la mesa, y esta hizo un ruido que provocó que Hermione se sobresaltara. Ésta lo miró por un segundo con el ceño fruncido, y sonrió.
- ¿Qué es lo gracioso?- preguntó el muchacho extrañado.
- Que voy a tener que soportar otro ataque de modestia por tu parte una vez mas.- explicó Hermione sin dejar de sonreir.
- ¿Cómo... como lo sabes?- volvió a preguntar Harry.
- Porque te conozco.- respondió ella, restándole importancia.
- ¿Te parece excusa suficiente?
- Por supuesto.
- Pues para tu información, no estaba teniendo un...- frunció el entredejo tratando de recordar el término que Hermione había utilizado.
- Ataque de modestia.- le informo esta.
- Bueno, lo que sea. En realidad estaba pensado que... este pedazo de metal no significa nada.- le explicó él, y tomó la insignia que había resbalado hasta el piso.
- No si tu no le encuentras significado.- le contestó ella, y se volteó, como dando por finalizado el asunto, dejando a Harry solo en la cocina, perdido en sus pensamientos.

Una horas después, estaban sentados en el Caldero Chorreante almorzando. O al menos eso pretendían hacer. A pesar de que Harry se había puesto la gorra para ocultar la cicatriz, igualmente la gente lo reconocía, lo que provocaba que interrumpieran a la feliz pareja cada cinco minutos. En ese momento, un anciano de aspecto poco saludable le preguntaba a Harry la dirección de su casa, pues insistía con que quería enviarle una cabra que había criado para él, como agradecimiento por lo que el joven había hecho. A Hermione le resultó tan gracioso que se atragantó mientras intentaba no reírse, y Harry tubo que abandonar al anciano para socorrerla.
- Dios basta ya. ¿Es que no pueden dejar de perseguirnos?- se preguntó en vos alta.
- Querrás decir de perseguirte. A mi nadie me ha saludado.- le contestó Hermione, mientras miraba con cariño una túnica de gala celeste.- ¿Crees que me quedaría bien?
- Seguramente. Pero volviendo al tema anterior... ¿cómo rayos se supone que voy a tener una vida normal si estoy rodeado de locos?- dijo Harry con un tono casi frenético.
- Gracias por la parte que me toca.- contestó ella sonriendo, mientras entraban al local.
- Sabes que no lo digo por ti. Tu entiendes lo que quiero decir.- replicó Harry mientras se bajaba la gorra, tratando de ocultar su rostro, ya que la vendedora del local lo miraba sin disimulos.
- Si buscas que te consuele, lo mejor que puedo decirte es que, con suerte, en algunos años se les pase el fanatismo. Pero no puedes pretender que no te idolatren.- explicó Hermione, cerrando la puerta del probador, donde había entrado con varias túnicas.
- ¿Con eso pretendes consolarme?- murmuró Harry, sentándose en una sillón que había a su lado, y dejando las pesadas bolsas de las compras en el suelo. Se sacó los lentes y los colocó en su regazo, mientras se frotaba los ojos. Estaba realmente cansado de todo aquello. En eso, Hermione salió con la primer túnica para pedirle su opinión.
- ¿Qué te parece?- indagó, dando un giro y mostrándole una túnica color rosa pálido.
- No me agrada ese color. Pero igualmente, te queda bien.- se sinceró Harry.
- Entonces me llevaré la azul cielo.
- ¿Y que hay de esa blanca?- preguntó el muchacho.
- No... tal vez otro día. No traje tanto dinero, y dudo mucho que valla a tener oportunidad de usarla.- contestó Hermione, restándole importancia.
- Te la regalo si la quieres.- propuso él.
- Ya me compraste los libros.- dijo ella desde el interior del probador.- No me gusta que me hagas tantos regalos.
- ¿Y porqué? No me dirás que no te agrada, porque empezare a pensar que eres demasiado rara.
No necesito ese tipo de cosas para convencerme de que me quieres.- explicó ella sonriendo,mientras se dirigía al mostrador y pagaba la túnica. Harry frunció el entrecejo, tratando de encontrar un argumento para rebatir la respuesta de Hermione. Después de unos segundos, decidió dejar esa discusión para otro momento. Hermione ya lo esperaba en la puerta de la tienda, con la mano extendida para que él se la tome. Comenzaron a caminar por el callejón, revisando la lista de cosas que tenían que comprar. Al comprobar que no les faltaba nada, se dirigieron a la zona en donde podían desaparecerse, para aparecerse más tarde en el pueblo donde vivía la Sra. Tonks. Nunca se aparecían directamente en la casa, puesto que Harry había aprendido de Dumbledore que era mejor no hacerlo, por una cuestión de educación. Mientras caminaban tomados de las manos por la empedrada calle que, poco a poco, iba cediendo al atardecer, Harry se dio cuenta de que no podía tener una mejor compañera que la que ahora hablaba de una complicada traducción de Runas. Se paró en seco ante esta revelación que acababa de tener y, sonriendo al ver la cara de desconcierto de Hermione, la tomó por la cintura y comenzó a besarla. La chica se separó sonriendo, y puso sus manos alrededor del cuello del muchacho.
- ¿Y eso porqué?- Indagó, mirando a las profundidades de aquellos ojos verdes que cada vez le ocultaban menos cosas.
- Porque si.- contestó el chico, encogiendo los hombros. Volvieron a tomarse de las manos y siguieron caminando calle abajo, hasta que encontraron la casa de la Sra. Tonks. Desde la puerta ya se olia el olor a comida, y a Harry le sonaron las tripas. En cuanto abrieron la pequeña puerta de la verja, la Sra. Salió a recibirlos, con Teddy en brazos, que balbuceaba contento extendiendo sus bracitos para que su padrino lo tomara.
- Hola campeón.- Le dijo Harry, mientras Hermione le besaba la pequeña cabeza que, ese día, estaba de un color morado que Harry recordaba haber visto en la cabeza de Tonks.

La cena transcurrió tranquila, aunque Harry se sentía un poco desalentado ante la idea de no ver a Teddy hasta dentro de tanto tiempo, puesto que no podría salir de Hogwarts para visitarlo mas en que Navidad y Pascuas. Sentía que se perdería de una parte de la niñez de Teddy que, tal vez, sería las mas hermosa. Se quedó largo rato mirando al niño mientras que Hermione miraba junto con la Sra. Tonks las pocas fotografías de la boda de Remus y Nimphadora. Y entonces Harry lo comprendió, como si le hubieran prendido una pancarta luminosa frente a sus narices: por primera vez en su vida, no quería volver a Hogwarts. Le encantaba la vida que llevaba, una vida que su regreso al colegio le quitaría casi por completo. No podría ver a su ahijado, ni despertarse a cualquier hora de la mañana y comer cualquier cosa que se le ocurriera, y menos aun pasarse las 24 horas del día junto a Hermione. Aún no habían hablado del tema, pero Harry suponía que ella se formulaba las mismas preguntas que él: ¿Qué harían con su relación cuando llegaran a Hogwarts? ¿Cómo sería todo cuando Ron y Ginny los vieran? La verdad era que Harry no quería ni imaginarse lo que podía llegar a pasar si entraban esa noche del 1º de Setiembre tomados de la mano en el Gran Salón. No quería exponer a Hermione a ese tipo de situación, y sus años junto a ella le habían enseñado que, seguramente, ella debería estar pensando en lo mismo. Sin embargo, no pensaba dejarla. No cabía en su mente aquella idea. Sencillamente la amaba, con todo lo que eso significaba, y ese amor era el que no le permitía pensar en nada mas que estar a su lado. Pero tenía tambiñen que pensar en los demás. Desvió su mirada de Teddy para mirar ahora a Hermione, quien se desperezaba disimuladamente, lo cual significaba que tenía sueño, pero que no quería irse. Surgió de la nada esa inconfundible sensación de que necesitaba abrazarla, esa misma que le ocurría siempre que la miraba y ella no se daba cuenta. Se incorporó y se acercó a donde las mujeres estaban sentadas, y se apoyó en el respaldo del sillón donde Hermione miraba las fotos del casamiento. Remus y Tonks saludaban radiantes de felicidad a los presentes, y Harry sintió un vacio en el estómago al recordarlos. Le acarició el pelo a Hermione, quien se sobresaltó, puesto que no se había dado cuenta de que Harry se le había acercado. En ese momento, y con un ruido seco, Teddy calló rendido sobre sus libros de cuentos, y los tres mayores de la sala corrieron hacia él. Una vez que el niño estuvo bien acomodado en su cama, y que lo chicos se despidieron, cruzaron el jardín delantero y desaparecieron, para aparecerse segundos después en la cocina del nº 12, que seguía igual de desordenada que aquella misma mañana cuando habían salido a hacer las compras.



Continuara...



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miércoles, 9 de abril de 2008

Continuamos Capitulo 15... perdon por la falta de posteo ando corto de tiempo por eso DOBLE FRAGMENTO...


Se acomodó los redondos anteojos, y sus ojos verde esmeralda relucieron detrás de los vidrios. Caminó hasta el sillón desperezándose, como había hecho el gato minutos antes, y se sentó en una silla al lado de él.
- Hola Crookshanks.- Murmuró, y posó su mano en el lomo del gato, quien ronroneó, puesto que había logrado su cometido. Se quedó largo rato mirando a la chica con gesto dulce, como quien mira una hermosa pintura, o lee un pasaje que es realmente de su agrado. Suspiró, y miró de nuevo al gato.- Voy a darle un beso, y si no se despierta, me haré el enfadado con ella. Hoy tengo ganas de molestarla. ¿Tu que dices?- le preguntó al felino, que lo dirigió su cara aplastada hacia el muchacho, sin producir sonido alguno. Harry sonrió y se acercó lentamente a Hermione. La besó, ante la mirada atenta del gato, y la chica sonrió en sueños, pero no se despertó. Como consecuencia, el chico tomó su varita, que estaba encima de la mesa, y atrajo una olla y una cuchara que reposaban en el fregadero. Como si la olla fuera una especie de tambor, comenzó a golpearla con la cuchara, provocando un ruido fuerte como el de un gong. La chica se despertó sobresaltada, y el gato voló asustado, y con una mirada furiosa y los pelos del lomo parados, corrió a refugiarse quien sabe donde.
- ¿Acaso estás demente? ¿Sabes el susto que me acabo de pegar?- gritó Hermione por encima del ruido que Harry hacía. Ante la indiferencia del muchacho, tomó uno de los libros que tenía a mano y se lo arrojó, pegándole fuertemente en la cabeza. Harry se detuvo, y se dio vuelta para mirarla, con los ojos llorosos a causa del dolor.
- Si vas a lanzarme cosas, Granger, al menos dame tiempo para que me proteja.- replicó Harry haciéndose el ofendido, y empezó a preparar el desayuno. Hermione bostezó, y se acercó a la mesa, donde tomó un enorme libro para sumergirse de nuevo en el estudio. Harry la miró por sobre su hombro.- ¿Qué lees?- Preguntó.
- Botánica de segundo año.- contestó la chica, como si fuera lo más natural del mundo. Harry la contempló un segundo con cara de incredulidad.
- ¿Estás diciéndome que en todo el día de hoy no vas a pasar ni un segundo conmigo por leer botánica de segundo año?- Inquirió Harry tratando de controlar la voz.
- Bueno... si voy a pasar tiempo contigo. Vivimos en la misma casa, es imposible no pasar tiempo contigo.- respondió ella sin levantar la vista del libro.
- Perfecto.- murmuró Harry, y siguió preparando el desayuno, mientras balbuceaba ofendido frases in entendibles. Hermione lo miró por un segundo, y se acercó a él. Lo abrazó y posó su cara en la espalda del chico.
- ¿Sabes? No estaba dormida cuando hablabas con el gato. Te escuché.- dijo, y el muchacho sonrió. Se volteó para mirar a la chica.
- Entonces... ¿quieres pasar el día conmigo lejos de este comedor y de todos estos libros que te tienen ocupada desde hace una semana?- inquirió Harry, mientras le acomodaba el cabello.
- Esto es muy importante para mi y lo sabes.- respondió Hermione.
- Bueno, está bien. Tendré que ir yo sólo a comprar los libros y pergaminos al Callejón Diagon. Ni que hablar de que prometí a Teddy que iríamos esta tarde a visitarlo. Se llevará una desilusión tremenda cuando no estés ahí. Pero bueno, no hay problema iré yo sólo.- contestó Harry poniendo su mejor cara de víctima. Hermione lo miró con el entrecejo fruncido.
- ¿Realmente vas a hacer todo eso... o sólo quieres manipularme?- preguntó severamente.
- Realmente voy a hacerlo. Vamos Hermione te ves terrible. Hace una semana que no ves la luz del sol. Prometo que en cuanto volvamos te dejaré sumergirte de nuevo en el estudio.- dijo Harry con tono suplicante.
- Bueno... está bien, te acompañaré. Pero más te vale que en lo que queda antes de que volvamos a Hogwarts no me toques un solo cabello porque juro que no me haré cargo de mis propios actos.- respondió ella sonriendo.
- Sabía que no podrías resistirte a mis encantos. Cámbiate así partimos lo antes posible.- dijo Harry. Hermione lo besó y desapareció, dejándolo con el desayuno.
Minutos después, la chica apareció ya limpia y arreglada, y se sentó en la mesa a comer el desayuno que Harry había preparado.
- ¿Cuándo llegaron las cartas del colegio?- preguntó vagamente al chico, que leía el Profeta mientras engullía una tostada.
- Esta mañana más temprano. Están en mi mesa de luz, ni siquiera las abrí.- contestó el con la boca llena. Hermione se levantó, y se apareció en la habitación de Harry.
- Dios... esto es un desastre. Tendrás que escucharme Potter.- murmuró en cuanto vio la cantidad de ropa y basura que Harry había esparcido por todos lados. Encontró al instante las dos cartas selladas con el inconfundible escudo de Hogwarts, y bajó a la cocina para abrirlas con él. Le tiró la carta a Harry, quien la miró sorprendido por la reacción violenta que la chica acababa de tener.
- ¿Qué... que te ocurre?- preguntó, abriendo su carta. Pero Hermione no contestó: miraba con asombro una brillante insignia dorada que tomaba entre sus manos. Harry se dio cuenta enseguida de que se trataba, puesto que había visto una igual en el pecho de Percy: habían elegido a Hermione como Premio Anual. Tan asombrado como ella, se acercó hasta donde estaba sentada la chica, que ahora lo miraba radiante de felicidad.
- Soy... me nombraron Premio Anual.- contestó Hermione con un chillido, y lanzó sus brazos alrededor del cuello del muchacho, sin poder ocultar su felicidad. Harry la rodeó por la cintura, y por un segundo los pies de ella flotaron a centímetros del suelo.
- Estoy muy orgulloso de ti. Es fantástico.- le dijo Harry, luego de besarla, radiante él también de felicidad. Aquello era muy distinto a la vez en que la habían nombrado Prefecta y a él no: por algun motivo, la envidia que había sentido en ese momento era ahora inexistente.
- ¡Ni siquiera recordaba que se entregaban ahora!- agregó ella, mientras escribía rápidamente una carta a su madre en el reverso de un pedazo de pergamino escrito.
- Yo tampoco.- se sinceró Harry, quien todavía la rodeaba con su brazo por sobre los hombros.- Te mereces un muy buen regalo. El que tu quieras. No lo se... algún libro pesado que yo no entenderé, o una túnica de gala, o... lo que se te ocurra.- agregó.
- No hace falta que me regales nada. Aunque si insistes mucho, puede que me convenzas de comprarme el Diccionario avanzado de Runas Antiguas que la profesora me recomendó.- respondió ella sonriendo, y colocó su insignia en el interior de su mochila. Harry volvió a su silla, y terminó de abrir la carta. Segundos después, sintió un peso en sus piernas, como si algo hubiera caído del sobre. Al mirar, se encontró con nada más ni nada menos que con una insignia igual de brillante que la de Hermione. El chico soltó una carcajada, y la jovencita levantó la vista, y corrió hacia él para abrazarlo.

- ¡Pero... si nunca fui buen alumno en la escuela! ¿A quién se le ocurriría nombrarme Premio Anual?- Preguntó, aun riendo, y buscando la carta que certificara que aquello no era un error.
- No es cuestión de ser o no ser un buen alumno. Creo que más bien... esto no tiene nada que ver con eso.- contestó ella, que ahora repasaba la lista de los libros que tenían que comprar.
- ¿Te refieres a que... bueno... que nos nombraron Premios Anuales por lo que pasó con Voldemort?- indagó el chico, mientas que limpiaba las cosas del desayuno.
- No tengo la menor duda. Y, si vamos al caso, nos lo merecemos igual. ¿No es así?- quiso saber Hermione.
- Bueno... digamos que nunca pensamos en esto cuando... no buscábamos recompensas. A eso me refiero.- respondió él.



Continuara...


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lunes, 31 de marzo de 2008

Fin del capitulo 14... Comienzo del 15...



- ¿Sabes? Me encantaría saber que tengo que hacer para demostrarte que... te quiero y que me preocupo por ti.- murmuró con cierto nerviosismo, bajando su mirada a sus pies. A Hermione el libro se le calló de la mano con la que lo tenía sujetado, y terminó en el suelo provocando un ruido seco. Crookshanks se sobresaltó. Harry volvió a mirarla, y descubrió que ella sonreía.
- Decírmelo, en primer lugar.- susurró Hermione, mirándolo radiante, tratando de aparentar indiferencia. Pero le era imposible. Harry se acercó a la cama, y se sentó a su lado.
- ¿Hace falta que te lo diga?- preguntó extrañado el muchacho.
- ¡Por supuesto que si! ¿Cómo quieres que lo sepa si no? No se Legeremancia.- respondió ella.
- Bien. Bueno yo... pensé que no hacía falta. Después de todo, tu tampoco me haz dicho que... que me quieres, o que me amas.- dijo él, convencido de que ese sería argumento suficiente.
- Si vas a esperar a que yo tome todas las iniciativas, esto nunca va a funcionar. Al menos como... pretendemos ahora que funcione.- contestó la chica con tono de reproche.
- No quise decir eso. Igualmente, tienes razón. Como generalmente la tienes.- dijo Harry tratando de encaminar aquel asunto hacia una reconciliación.
- Si tu lo dices.- contestó la chica, y tomó el libro del suelo, puesto que pensó que con eso culminaba la conversación. Harry le sacó el libro de las manos.
- Te diré ahora que te amo porque necesitas saberlo, y necesito decirlo. Así que hagamos de cuenta que toda la conversación anterior nunca existió. Toma el libro,- le dijo, y lo puso de nuevo en sus manos,- yo saldré de la habitación y volveré a entrar, como si no nos hubiéramos visto en todo el día. ¿Está bien?- preguntó. Hermione asintió sonriendo, y volvió a mirar el libro. Harry se paró y caminó hasta la puerta, salió, contó hasta cinco, y volvió a entrar.
- Buenos días Srita. Granger.- Le dijo, sentándose en la cama.
- Buenos días, Sr. Potter.- contestó ella, cerrando el libro y mirando al chico.
- ¿Sabe que? Esta mañana, cuando me desperté, me di cuenta que el primer y único rostro que quería ver durante el resto del día era el suyo. O, a lo sumo, el de su gato.- dijo Harry con un tono parecido al que Ernie o Percy solían usar.
- No sabe cuánto me halagan sus palabras. ¿Y a que se debe todo esto?- preguntó Hermione.
- Simplemente es que me he dado cuenta de cuanto la amo en el día de hoy. Y quería hacérselo saber.- respondió el chico, acercándose más.
- ¿Solamente el día de hoy?- indagó ella con cara triste.
- ¡Oh no se preocupe! Estoy seguro de que esto volverá a ocurrir mañana y pasado también. Seguramente, hasta el día en que me muera.- contestó Harry entrelazando sus dedos con los de Hermione.
- Debo decirle, Sr. Potter, que estaré encantada de corresponderle. Hoy, mañana, y hasta el día que me muera.- murmuró la chica. Harry se acercó más y la besó. No recordaba en su vida haberse sentido más feliz que en ese momento. Por un rato, sólo se sintió el ruido de la lluvia, y los vanos maullidos del gato para llamar la atención.
- ¿He podido convencerte?- preguntó Harry momentos después.
- No seré la Sra. Potter... pero estás encaminado.- respondió ella, apoyando su cara en el pecho del chico.
- Bueno, casi Sra. Potter, me marcharé ahora a prepararle algo para que coma.- contestó Sonriendo Harry, e intentó pararse, pero Hermione lo retuvo.
- ¿De veras quieres irte, casi Sr. Granger?- indagó Hermione.
- Eso no estaba en el contrato.- respondió el chico, extrañado.
- Quédate, y lo discutiremos.- le dijo ella, y volvió a besarlo.

Capítulo quince: ¿recompensa?

La casa era un desastre. Cualquiera que la viera sin detenerse mucho, diría que una bomba había estallado en ella o , al menos, en el comedor. La larga mesa estaba repleta de libros, pergaminos y apuntes de letra rápida y apretada. Plumas viejas, recipientes de comida, botellas de cerveza de manteca y un gato, reposaban sobre la misma de manera desordenada, como si los hubieran arrojado para ahorrar tiempo. La luz que penetraba en la cocina indicaba que, como mínimo, debía de ser mediodía. El gato color canela se desperezó, y miró con ojos somnolientos la habitación, en busca de alguien que le rasque detrás de las orejas. Caminó por sobre los libros, los apuntes, y la basura, olfateando, hasta que sintió el inconfundible perfume de su ama. Se bajó de la mesa y se deslizó hasta el sillón, donde ésta dormía con la cabeza caída sobre su propio hombro. Saltó al regazo de la chica, y se acurrucó en el , esperando sus caricias. Pero su ama parecía no estar ni enterada de sus reclamos de cariño. En eso, un chico moreno entraba a la cocina secándose la cabeza con una toalla.


Continuara...



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viernes, 28 de marzo de 2008

Continuamos Cap. 14... Doble Fragmento...


- Her... Hermione está con fiebre, no se que es lo que tiene. Me envió aquí porque... ella está viviendo conmigo por unos días, y yo no tengo medicamentos. Me dijo que sus padres de seguro iban a tener.- explicó el muchacho rápidamente, puesto que quería volver lo antes posible al numero doce, primero porque quería ver como seguía Hermione, y segundo porque se sentía incómodo mostrando su pijama.
La secretaria tomó el teléfono, marcó un numero, y esperó.
- Jane,- dijo unos momentos después.- Harry está aquí. Dice que tu hija está con fiebre y que lo envió a buscar medicinas. ¿Lo hago pasar? Está bien.- colgó el telefono, y señaló la puerta a su izquierda.
- Gracias.- murmuró Harry, y se encaminó hacia el lugar que le señalaban. Abrió la puerta, y se encontró con un pequeño corredor que conducía a tres puertas. Dos de ellas tenían letreros dorados que decían “Dra. Jane Granger” y “Dr. Lucas Granger”. Antes de que pudiera tocar alguna de las puertas, la Sra. Granger salió de una de ellas. Harry, quien se esperaba como mínimo una cálida bienvenida o un preocupado interrogatorio, se asombró cuando la mujer lo saludó con frialdad, y se movió para hacerlo pasar.
- ¿cuánta fiebre tiene?- preguntó, sin mirar al muchacho, y hurgando en un cajón. Harry pensó en responderle “mucha”, pero algo le dijo que a la mujer no le agradaría.
- No... lo se.- contestó apenado. La frialdad y el aparente desinterés con que la Sra. Granger lo trataba lo habían dejado perplejo.
- Esto bastará. Una cada cuatro horas hasta que la fiebre le baje, y después cada ocho durante dos días.- dijo la dentista, entregándole al muchacho unas píldoras amarillas.- Mandale mis saludos. Y dile que me debe una charla.- agregó, abriendo la puerta para que Harry salga.
- Lo... lo haré. Saludos al Sr. Granger.- contestó Harry, y salió de la habitación rápidamente. Cuando escuchó que la Sra. Granger cerraba la puerta, miró a los dos lados del pasillo y desapareció, para aparecerse segundos después en la habitación donde Hermione leía un libro.
- ¿Cómo te fue?- preguntó sonriendo la chica, cerrando el libro y examinando la cara de Harry.-
- ¿Qué ocurrió?- indagó, al ver el rostro preocupado de éste.
- Eso mismo me pregunto.- respondió dejando las píldoras en la mesa de luz, y llenando el vaso que Hermione había dejado en ella de agua, para que pudiera tomar el medicamento.- ¿Tu... discutiste o algo con tu madre?- dijo, dándole el vaso y una de las píldoras. Hermione esperó a terminar de tragar para contestar.
- ¿Te ha dicho algo?- preguntó la chica, volviendo a poner el vaso en la mesa.
- No. No, solo me trato... con frialdad. No es común en tu madre. Es igual que tu en ese sentido.- explicó Harry
- Si tienes razón. Es igual que yo. Te amaremos siempre que estemos de buen humor.- respondió Hermione sonriendo. Harry la miró con el entrecejo fruncido, esperando a que la chica le explique que estaba pasando.
- ¿Y bien?- le dijo, expectante.
- ¿Qué?- contestó la chica sin mirarlo, jugando con Crookshanks.
- ¿Vas a decirme que pasó con tu madre?
- No es nada, no debes preocuparte. Le... dije algo, que no le agradó.- respondió Hermione sin mirarlo todavía. Harry la miró esperando que ella continúe, pero al ver que la chica no pretendía contarle más que eso, se limitó a acomodarle las almohadas y a acercar con su varita el sillón que había en el otro extremo de la habitación. Se sentó en él, y tomó una de las manos de la chica para acariciarla. Ella le sonrió, y se acostó de costado para quedar frente a él. Pasaron algunos minutos en silencio, mirándose, mientras que el gato trataba en vano de llamar la atención.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?- preguntó Harry a la chica, tratando de cambiar de tema.
- Si. Neville había perdido a Trevor en el tren hacia Hogwarts. Entré en tu compartimiento, donde estabas comiendo ranas de chocolate con Ron. Enseguida comencé a hablarte al darme cuenta de quien eras. Debo haber parecido insoportable.- dijo Hermione riendo. Harry también comenzó a reir.
- Recordaré ese día por siempre. Ahí estabas, con tu pelo enredado y tu aspecto de mandona, diciendo que sabías mas de mi que yo mismo. Y lo peor era que tenías razon. Hasta creo que hoy, siete años después, sabes mas de mi que yo mismo.- siguieron riendo ante las declaraciones del joven. Harry miraba atentamente a Hermione, que se desternillaba de la risa en su cama, y se dio cuenta de lo mucho que amaba verla reír, de lo hermosa que era cuando estaba feliz. La chica se secó unas lágrimas que habían brotado de sus ojos producto de la risa, y Harry agregó: -Recuerdo que dijiste... que si tu hubieras aparecido en los libros, no habrías descansado hasta leerlos todos. Seguramente en unos años, aparezcas en muchos. Igualmente, leiste toda la biblioteca de Hogwarts, aun cuando no salías en ninguno de los libros.- la chica seguía riendo, mientras asentía con la cabeza.
- Con lo que haz dicho, en otro tiempo bastante lejano, me habrías ofendido. Hoy, lo tomo como un cumplido.- le respondió, y lo besó.
- Eso es porque sabes que te aprecio y que sería incapaz de hacerte algún daño.- contestó él. La chica le echo una mirada de incredulidad, y comenzaron a reir de nuevo.
- Voy a reconocerte que era mandona, eso no puedo negártelo. Y algo insoportable. Pero siempre me... llamaste la atención. Quería ser tu amiga desde el momento en que te vi en ese compartimiento. No lo se... sentía que... eras parecido a mi. No sabría explicártelo.- explicó Hermione cerrando los ojos. Le dolía la cabeza.
- Por cierto,- dijo el muchacho recordando de repente la escena de la mañana,- ¿cómo es eso de que no eres la Sra. Potter? ¿Qué acaso eres la... Sra. Krum o McLaggen?- indagó, haciéndose el ofendido.
- Para nada. Y nunca en tu vida vuelvas a nombrar a ese idiota. A McLaggen, quise decir.- Dicho esto, Harry sonrió.- Seré simplemente la Srita. Granger hasta que me case con quien corresponda. Si ese eres tu, pues bien, recién entonces seré la Señora Potter con todas las letras.- respondió. Harry la miró receloso, y antes de que pudiera decir nada, Hermione agregó.- Además... ni siquiera somos novios.
- No me vengas con esa tontería,- contestó el muchacho,- ¿qué somos si no? ¿Hermanos? ¿Amigos? Porque tengo entendido que, en ninguno de los dos casos, se besan al menos. Y a ti si que te gusta besarme.- respondió, sacándole la lengua.
- Eres muy idiota cuando quieres.- le dijo ella, y volvió a abrir su libro, dejándole en claro a Harry que no tenía ganas de hablar con él. El muchacho debatió consigo mismo unos instantes, intentando descifrar de que manera encarar aquella situación. Se encaminó hasta la puerta, y cuando llegó al umbral, se dio vuelta para mirar a Hermione, quien había vuelto a la lectura, y a acariciar a su gato distraídamente, aunque en realidad, estaba más que pendiente de los movimientos de Harry. El chico suspiró.


Continuara...

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