viernes, 27 de junio de 2008

Continuamos capitulo 17


Es injusto que no pueda estar contigo, cuando cada día lo deseo mas... cuando eres mi principal fuente de felicidad. ¿Por qué? ¿porqué siempre terminan perjudicándome a mi?- dicho esto, se tumbó cabeza arriba sobre el césped. Hermione no le contestó. Se sentía tan conmovida por las palabras de Harry, que se limitó a mirarlo con los ojos llorosos a causa de la emoción. La realidad era que él tenía razón. ¿Porqué todo debía ser tan complicado? ¿Hasta cuando tendrían que esconderse o... esconder lo que les pasaba? Sintió un deseo ferviente de que el resto del universo desapareciera, de que sólo quedaran ellos dos, el árbol y el césped. De que no hubiera miradas curiosas, ni palabras de reproche, ni personas que pudieran salir heridas. Pero era imposible. No importaba cuanto lo deseara ella, ni cuanto lo deseara él... nada cambiaría la situación. Harry tenía la vista clavada en la copa del árbol, y se despeinaba distraídamente el remolino de su negra cabellera. Hermione lo miraba atentamente esperando que reaccione, que diga algo. Pasaron segundos, o horas (les era muy difícil medir el tiempo que pasaban juntos), y entonces Harry... sonrió. Hermione lo miró consternada.
- ¿Porqué sonríes?- preguntó.
- Porque, a pesar de todo, no puedo tener mejor compañera en esta aventura que... la que tengo ahora.- le contestó, y reposó su cabeza en las piernas de la chica. Ahora ella le revolvía el cabello.
- Tenemos que tener mas cuidado... ser mas cautos. Eso es todo.- agregó Hermione.
- Lo intentaré. Lo prometo.- dijo él, juntando su mano con la de la muchacha.
- Quiero proponerte algo.- soltó Hermione misteriosamente. Harry se incorporó.
- ¿Tiene que ver con anillos, un vestido largo y una túnica de gala?- bromeó.
- Para nada.
- Mejor así.
- Omitiré ese comentario.- replicó Hermione, por sobre las risas del muchacho. Esperó que se calmara, y continuó.- Sabes que la próxima visita a Hogsmade es el día de Halloween.
- Lo leí esta mañana en el tablero de anuncios.- contestó Harry.
- Pues bien, ayer mantuve una charla con McGonnagall. Le pregunté si en esas excursiones podíamos... desaparecernos. Ir a otro lugar.
- ¿Y que te dijo?
- Que, como somos mayores de edad, podemos hacerlo siempre y cuando regresemos a la hora pautada.-explicó la jovencita.
- ¿Y adonde quieres que vallamos?- indagó Harry.
- Pues bien, estaba pensando que... bueno, coincide con el aniversario de la muerte de tus padres. Y que podíamos hacer una visita al Valle de Godric. Ya sabes... ir con más tranquilidad... ahora que ya no hay peligro de que... seamos engullidos por una serpiente gigante ni nada de eso.- concluyó Hermione con una sonrisa tímida. Harry la miró dubitativo. Realmente quería volver al Valle, y la idea de ir justo el día del aniversario de muerte de sus padres era muy tentadora, pero igualmente tenía que hacerse a la idea.
- Lo pensare.- contesto luego de unos momentos.
- Bien. Tienes bastante para hacerlo.- concluyó la chica. Se quedaron en silencio, y mas tarde entraron al castillo.


Harry trataba de recordad como los muggles festejaban aquellas celebraciones, pero después de vivir la mitad de su vida en el mundo mágico, se le hacía dificultoso. Igualmente, era obvio que los muggles no tenían calabazas flotantes, ni pequeños monstruos salvajes corriendo en sus pasillos para Halloween. La mañana del 31 amaneció húmeda y fresca, y los destellos dorados del horizonte prometían un día soleado. Harry despertó temprano. En realidad, no había dormido casi nada: la ansiedad por volver al Valle de Godric le provocaba un cosquilleo difícil de ignorar. Era como estar a horas de reencontrarse con un amigo al que no se ve desde hace mucho tiempo. Sentía que volver al lugar en donde todo había empezado para él significaba ponerle fin a toda esa historia de una vez, comenzar de nuevo.
La sala común estaba vacía, puesto que aun era muy temprano. Harry se acomodó en una de las butacas por las que se veían, a través de la ventana, los jardines del colegio bañados de sol. La gente empezó a despertarse, y la sala se fue llenando de “buenos días” y murmullos de excitación por le pronto viaje a Hogsmade. Hermione bajó minutos después, con la cara hinchada por el sueño, y le dirigió una sonrisa a Harry.
- Estás muy linda.- le susurró él.
- ¿En serio cada vez que me ponga esta camisa vas a hacer ese comentario?- indagó ella sonriente, casi sin mover la comisura de su boca. Bajaron a desayunar con el resto, y luego se dirigieron al hall, donde Filch revisaba la lista de los alumnos con permiso. Harry tomó a Hermione por la muñeca una vez que llegaron al sendero, y la condujo detrás de un árbol. Le echó la capa para hacerse invisible por arriba, y la chica rodeó con su brazo la cintura del muchacho.



Continuara...



By La Belu Punchii!!! ^^

lunes, 23 de junio de 2008

Doble Fragmento... Fin capitulo 16 y comienzo del 17 =)


Harry se sentó a su lado, todavía tratando de descifrar que era lo que acababa de ocurrir. Pasó un brazo por sobre los hombros de Hermione, y ella recostó su cabeza en el hombro del chico. Ambos suspiraron al mismo tiempo.
-¿Sabes? Prefería cuando nos peleábamos hace unos segundos.- Comentó Harry. Hermione lo miró unos segundos y, asintiendo, comenzaron a reírse. Lo bueno de aquellos errores era, principalmente, que los cometían juntos.
En el momento en que las ventanitas iluminadas del castillo irrumpieron a lo lejos en la escena, Harry se dio cuenta de lo estúpido que había sido considerar la idea de no volver a Hogwarts. Por lo menos al principio, sabía que extrañaría su vida anterior, pero terminaría acostumbrándose. Posó su mano mecánicamente sobre la de Hermione, tratando de acariciarla. La chica la retiró al instante, y con una mirada para nada discreta, señaló a Neville y a Luna, que compartían en carruaje con ellos. Los dos chicos habían dejado de hablar, y miraban fijo al lugar en que segundos antes las manos de Harry y Hermione habían estado a punto de entrelazarse. Hermione carraspeó.
- ¿Qué estabas contando de tu verano Neville?- Preguntó la chica mirándolo dulcemente.
- ¿Qué?- Se sobresaltó el aludido, volviéndose a Hermione, quien había dejado su dulzura atrás.- Ah... oh. Si mi tío Archie me llevó al Sur en busca de...
- ¿Saben que? No lo entiendo.- Lo interrumpió Luna.
- ¿Qué no entiendes? ¿Lo de los árboles sin gravedad? Porque puedo explicártelo...- se entusiasmó Neville.
- ¡No tonto, no eso! No entiendo porque... se esconden.- Volvió a interrumpirlo Luna, mirando con el ceño fruncido a Harry y a Hermione, alternativamente.
- ¿Esconder que?- Inquirió Hermione tratando de adoptar un tono sorprendido poco creíble.
- ¡Vamos Hermione recuerda con quien estas hablando! ¿Qué acaso Harry te estaba peinando cuando entré en el compartimiento?- replicó Luna. Los ojos le brillaban como si hubiera descubierto una nueva y alucinante criatura capaz de convertir el agua en oro. Hermione adoptó aquella típica mirada suya que precedía a una larga discusión, pero luego de tomar aire tres veces sin saber que decir (lo cual Harry consideró como un momento histórico), dirigió su mirada hacia el ojiverde como pidiéndole ayuda. Harry carraspeó, y miró a Luna, quien seguía luciendo su mejor cara de “sabes que tengo razón”.
- Lo que... lo que sucedió... no es... no era lo que parecía... en realidad solo estábamos...- no importaba cuanto Harry tratara de controlar su voz, esta permanecía ronca por los nervios de verse obligado a dar explicaciones cuando sabía perfectamente que no había manera de que Luna hubiera mal interpretado lo que había visto. La mirada asesina de Hermione no lo ayudaba para nada, y menos aun la extraña expresión de Neville, de suma concentración, como si estuviera leyendo un libro que no entendía. Permanecieron en silencio mirándose unos a otros.
- Valla, no lo entiendo.- se lamentó Neville.- ¿Qué puede ser tan malo como para que quieran ocultarlo?- comenzó a reírse.- ¡Ni que los hubieras encontrado... besándose o algo por el estilo!- concluyó mirando a Luna.
- Eso es exactamente lo que he hecho.- contestó esta, restándole importancia. Los ojos de Neville adoptaron el tamaño de dos platos de fiesta, y Hermione soltó un suspiro.
- Gracias Luna.- murmuró la chica, y se tapó la cara con las manos.
- Pero... pero tu... y el ... y ustedes. ¡No puede ser! No... deben estar bromeando.- soltó Neville consternado comenzando a reírse, pero en el momento en que percibió las caras de horror de Harry y Hermione, y la expresión de triunfo de Luna, comprendió que aquello no era una broma.
- Creo que tenemos derecho a saber. No veo porque no pueden confiar en nosotros.- agregó Luna sonriendo tímidamente.
Harry miró a Hermione, tratando de captar si esta quería o no que los demás se enteraran de todo, pero ésta tenía su cara hundida aún entre sus manos. Harry tomó aire, y comenzó a explicarles.
- Deben saber en primer lugar que nadie...-enfatizó esta última palabra, y los miró de manera asesina,- y cuando me refiero a nadie digo absolutamente nadie, debe enterarse de esto. En segundo lugar... no hay explicaciones Luna. Ni justificación alguna. Amo a Hermione y supongo... que ella me ama también.
- No seas tonto, claro que te amo.- murmuró la aludida desde las profundidades de sus manos.
- Y eso,- continuó Harry como si Hermione no lo hubiera interrumpido, pero con una expresión mucho mas alegre a causa de las palabras de la chica,- eso debería alcanzarles como excusa suficiente. Les repito... les suplico... no se lo digan a nadie.- concluyó.
- Por favor.- agregó Hermione en tono de súplica, mirando a sus amigos. Hubo un silencio en el cual Neville miró hacia el suelo, aun con los ojos como platos...

Capítulo diecisiete: de regreso al Valle de Godric.

A decir verdad, el primer mes en el colegio había transcurrido de lo mas normal. Uno hubiera pensado que después de lo ocurrido con Voldemort, a Harry se le haría imposible caminar por los pasillos. Pero lo real era que Harry no era por esos días el único considerado como un héroe. Hermione, Ron y Neville cosechaban tantos aplausos en los pasillos como el mismo Harry, y muchas veces los alumnos menores los miraban con tanta fascinación como al “niño que vivió”. Al principio, Hermione se había mostrado encantada, aunque no lo reconociera. Pero dos semanas después del inicio de clases, su paciencia se vio puesta a prueba cuando un niño de primero la interrumpió en una traducción de Runas Antiguas que estaba realizando en la biblioteca. De ahí en adelante, su popularidad decayó bastante. Harry, por su parte, había disfrutado mucho de aquel primer mes. Le habían ofrecido nuevamente el puesto de capitán del equipo de Quidditch y, aunque lo había aceptado, le parecía que aquello pertenecía a una vida que ya había abandonado, una vida que se había visto obligado a dejar atrás para dedicar sus días a la persecución de Voldemort. En definitiva, lo que acaparaba su atención más que nada era Hermione. Le parecía increíble que se llevaran tan bien, que se quisieran tanto y que, aun así, tuvieran que esconderse. Según Hermione, aquellos encuentros secretos y ocasionales que podían llegar a tener hacían que la relación fuera mas “interesante”, pero Harry sabía que ni siquiera ella creía en esa teoría. Tenía que reconocer, sin embargo, que se las estaban arreglando bastante bien. En gran parte, gracias al mapa del Merodeador, que le permitía saber a Harry a todo momento en donde se encontraba Hermione. Así había sido como, en las primeras semanas, la jovencita se había asustado mas de una vez cuando una mano invisible salía de la nada y la arrastraba hasta algún pasadizo secreto detrás de un tapiz mugriento. Después de tener que acostumbrarse a la fuerza, era obvio que aquellos encuentros le parecían de lo más entretenidos.
Esa mañana el sol brillaba tan fuerte que arrancaba destellos dorados del lago. Harry acababa de terminar con el entrenamiento de Quiddich, y esperó que todo el equipo se fuera para sacar el Mapa del Merodeador. Se sorprendió cuando encontró a Hermione sentada en los jardines, y no en la biblioteca como esperaba verla. Se subió a su escoba y se dirigió hasta ella.
- Buenos días.- le dijo sonriendo y, después de mirar escrupulosamente en busca de curiosos, la besó.
- Buenos días,- contestó ella, y comenzó a abrir su mochila.
- ¡Juro que si sacas un libro de ahí me marcho ahora mismo!- soltó Harry, mientras se tumbaba a su lado. La chica lo miró con el entrecejo fruncido por un momento, como si Harry fuera una especie de programa de televisión poco interesante, y sacó de su mochila un termo enorme y un revoltijo de servilletas, que resultaron ser unos gigantes emparedados de pollo.- ¡Definitivamente eres la mejor!- dijo Harry tratando de reivindicarse, y la besó en la mejilla.
- ¿Adonde estuviste anoche? Me quedé hasta las doce esperando que vuelvas.- indagó la jovencita con un dejo de enfado.
- Acostado. Sabía que tenías que estudiar, y el entrenamiento empezaba temprano, asi que me fui a la cama después de la cena.- contestó Harry con cierta dificultad, puesto que se había metido un emparedado entero en la boca. Tragó rápidamente, y tomó el termo de jugo.
- ¿Qué tal el entrenamiento?- preguntó Hermione, mucho más tranquila, apoyándose en el tronco del árbol.- ¿Ron y Ginny?
- Normal. Murmuran a mis espaldas, pero ya me estoy acostumbrando.- respondió Harry encogiéndose se hombros, restándole importancia.
- Anoche estuve hablando con Neville sobre ese tema. Está bastante cansado de la situación. Según él... Ron sospecha de lo nuestro.- agregó Hermione en un susurro. Harry se atragantó y escupió la mitad del jugo que tenía en la boca. La chica le dio unas palmadas en la espalda.
- ¿Cómo diablos se enteró?- soltó Harry mirándola con enfado.
- No te molestes conmigo, porque si lo recuerdas, yo no tengo la culpa.- replicó la chica ofendida. Harry la miró por un segundo consternado, esperando que ella continúe. Le hizo un gesto con la mano, y Hermione resopló.- Neville dice que Ron no deja de interrogarlo acerca de nuestras... “desapariciones”.- explicó la chica, enfatizando su última palabra.
- Pero... si... ¡tendría que estar observándonos todo el tiempo para darse cuenta de que... “desaparecemos”!- replicó Harry.
- No lo se. Sería demasiado descarado de nuestra parte pensar en eso. Lo que quiero decirte es que... debemos tener más cuidado.- dijo Hermione en tono suplicante.
¡Es injusto!- se quejó él.-


Continuara...


By La Belu Punchi!!!! ^^

martes, 17 de junio de 2008

Retomamos con el FanFic... Entrada Doble y con Comienzo de Cap. 16 =)


Bueno...- dijo Hermione soltando un gran bostezo que, esta vez, no se preocupó por reprimir.- Me iré a la cama, mañana tengo cosas que hacer.- Se acercó a Harry y lo besó, deseándole las buenas noches, pero el chico no la soltó, si no que le señaló una silla para que se sentara.
- He... estado pensando. En nosotros. Y en como... seguirán las cosas de ahora en adelante.- le explicó Harry. Le temblaba la voz inconscientemente, y la mirada de Hermione había abandonado el tono de sorpresa que había adoptado en un principio, para ir endureciendo poco a poco su semblante.
- ¿Qué estás queriendo decirme? ¿Acaso te estas... echando para atrás?- los ojos de la chica irradiaban fuego, y aquello no ayudo a Harry a controlar sus nervios.
- ¡Por supuesto que no! Claro que pero tienes que... ¿tu no te has arrepentido no?- indagó Harry asaltado por esa duda momentáneamente.
- ¿Me crees idiota? ¿Porqué habría de hacerlo? Sabes que si tuviera algún problema te lo habría dicho.- respondió Hermione, quien trataba de suavizar la vos puesto que se daba cuenta de que lo único que lograba era ponerlo mas nervioso. Ante estás declaraciones, Harry suspiró y se sonrió.
- Lo que quiero decirte es que... tenemos que pensar muy bien en lo que haremos al volver a Hogwarts.- aclaró el muchacho. Hermione asintió momentáneamente y fijó su vista en el piso de la cocina. Se podía oír su cerebro trabajando a cientos de kilómetros por hora, tratando de encontrar una posible solución. Harry, mientras tanto, se ocupó de mirarla.
- Bueno es obvio que no podemos, al menos por el momento, hacerlo público. No se como reaccionaría la... gente.- contestó Hermione después de unos momentos de reflexión. Harry comprendió que, al referirse a la gente, en realidad estaba hablando de Ron y Ginny, pero no le expresó aquel comentario en vos alta.
- Concuerdo contigo.- coincidió Harry.- Embargo,- agregó,- ¿crees que podremos hacerlo?.- Hermione lo miró un momento, y Harry pensó que la chica sacaría su varita y le echaría un maleficio imperdonable. Pero entonces se acercó a él sonriendo y lo abrazó. Harry la rodeó con sus brazos, y ella apoyó su cara en el pecho del chico.
- No creo que pueda hacerlo. No podré soportar demasiado la idea de no tenerte por un tiempo. Al menos en la forma en que te tengo ahora.- le confesó en un susurro casi inaudible. Harry se sonrió.
- Yo tampoco creo poder hacerlo. Menos aun puedo aceptar la idea de verte todos los días y no poder abrazarte o... o besarte, o gritarle a todo el colegio lo feliz que estoy de tenerte conmigo.- contestó él. Ella se apretó mas fuerte contra el cuerpo del chico. Permanecieron un segundo en silencio, y entonces Hermione se separó y lo miró duramente a los ojos.
- Pero tenemos que hacerlo. Tenemos que intentarlo Harry. Realmente no quiero lastimarlos.- agregó en tono suplicante.
- Lo entiendo perfectamente, y juro que pondré todo mi empeño y mi buena voluntad en que nadie salga lastimado. Ni ellos... ni nosotros.- la consoló. Ella sonrió, demostrando su satisfacción, y volvió a abrazar al muchacho. Se quedaron largo rato así, hasta que Hermione se quedó profundamente dormida, y Harry, a regañadientes, la llevó a su habitación.
Capítulo dieciséis: regreso a Hogwarts.

- ¡¡¡TRES DÍAS POTTER!!! ¡¡¡TRES DÍAS PERSIGUIÉNDOTE PARA QUE ARMES EL MALDITO BAUL DEL COLEGIO, Y AHORA DIES MINUTOS ANTES RECUERDAS QUE NO TE QUEDAN CALCETINES LIMPIOS!!!- Los gritos de Hermione le llegaban a Harry hasta el tercer piso, aunque ella estuviera en la cocina. La Sra. Black soltaba sus conocidos alaridos, esperando a ser cerrada, y Harry no sabía explicar porqué aquella situación le causaba tanta gracia. Bajó como un rayo hasta el descanso de la escalera, y cerró el retrato con todas sus fuerzas. Sin embargo, el ruido ambiente solo bajó unos decibeles, puesto que Hermione seguía soltando maldiciones en la cocina. Harry pensó que ya era hora de calmarla, así que entro cuidadosamente, y la encontró sumergida entre una horda de calcetines desparejos.
- SI NO ESTOY PERSIGUIÉDOTE NO HACES NADA POR TI SOLO, DEBO ESTAR SIGUIENDOTE COMO UN NIÑO DE DOS AÑOS, CREO QUE TEDDY SE MANEJA MEJOR QUE TU Y... Y... y...- ya sea porque se quedaba sin insultos o sin aire, Hermione abandonó su perorata, y Harry aprovechó aquel momento de debilidad de la chica para recordarle que les quedaban 10 minutos para que el tren saliera. Aquello no logró para nada el efecto esperado, si no que más bien logró enardecer a la chica por completo.
10:59. Menos de un minuto para que el tren partiera. Corrian con sus baúles lo más rápido que podían. El gato chillaba adentro de su canasta, y su mal humor era solo superado por el de su dueña, que murmuraba frases sin sentido mientras que se acomodaba el pelo nerviosamente. Harry de di cuenta entonces de que era la primer discusión que tenían con Hermione como pareja, y se dio cuenta de que eso era lo que le causaba gracia. Cuando se ubicaron en el primer compartimiento que encontraron (después de haber saludado a Molly y Arthur en el andén apresuradamente), Hermione optó por hacer lo que generalmente hacía cuando estaba enfadada: enfrascarse en un grueso libro. Miraba de soslayo a Harry de vez en cuando, para ver si él le prestaba atención, pero el muchacho había decidido mantenerse a la defensiva y no soltar ni una sola palabra. El viaje transcurrió en un profundo silencio, interrumpido por los sonidos de la lechuza sin nombre de Harry y de Crookshanks, que peleaba por su libertad. Algunas personas se amontonaron a distintas horas en la puerta del compartimiento, posiblemente para echarle un vistazo a Harry, pero ninguna se atrevió a entrar, salvo un niño de primero quien le pidió un autógrafo.
“No tomaré la iniciativa, no pienso hablarle, es un maldito egocéntrico. Ya verá lo que es vivir sin que lo persigan. Idiota. Se cree muy listo todo porque es famoso”. Cualquiera que hubiera leído los pensamientos de Hermione, hubiera pensado que ni muy remotamente estos se dirigían al muchacho que la miraba tímidamente, temiendo que le echara una maldición en cualquier momento.
“Perfecto. Enójate. Todo por un estúpido par de calcetines. Esta bien, no me hables. Ignórame. ¿Quién quiere hablar contigo? ¿Para que me relates los libros de memoria? No gracias, paso”. Harry comenzaba a enfadarse también por lo que, el creía, era una exageración de inmadurez por parte de Hermione.
“Idiota dependiente”.
“Sabelotodo insufrible”.
Levantaron la vista inconscientemente, ambos en el mismo momento. Lo que pasó después fue muy confuso: ambos se pararon en el mismo momento, lo que provocó que sus frentes se chocaran. Soltando gritos de dolor, se miraron con los ojos llorosos.
- ¡Idiota!- soltó Hermione.
- Gracias por el cumplido.- contestó Harry ofendido. Volvieron a mirarse, y el muchacho no contuvo la tentación, y el deseo ferviente de besarla por mucho que ella lo odiara en ese momento. Se acercó apresuradamente, y la rodeó con fuerza. En el momento en que Hermione comprendió que era lo que Harry hacía, ya era demasiado tarde: el muchacho había comenzado a besarla.
- ¡Suéltame!.- Le contestó en un susurro poco creíble.- ¡Estoy enfadada contigo! Muy... enfadada...-
- Esta bien. Te suelto.- le respondió Harry restándole importancia.- Pero me parece ridículo que sigas enojada. Ni siquiera llegamos tarde.
- ¿Ridículo? ¡No es le hecho de llegar o no tarde lo que me enfada Potter!- Gritó Hermione, sacando de una vez todo lo que venía pensando desde que abandonaran Londres.- ¡Detesto que dependas tanto de mi! ¡Madura por favor!
- ¡¿Oh con que eso es lo que crees?! ¿Realmente crees eso?- preguntó el chico subiendo la voz, tratando de aplacar los gritos de la castaña.
- ¡¡Si eso es lo que creo!!
- Perfecto. ¡Perfecto! Me alegra que lo dijeras.- agregó Harry.
- Y a mi me alegra que te alegre.- dijo Hermione.
- Entonces me alegra el doble.- Harry no sabía porque discutía con Hermione cuando en realidad aun no había abandonado las ganas de besarla. Estaba pensando eso cuando levantó la vista y la vio: Hermione lo miraba con la misma cara de asombro. Nuevamente se repitió la escena confusa, solo que esta vez no se detuvieron a frotarse las frentes, sino que se concentraron más en besarse. No les importaba nada. No les importaba que el tren se moviera demasiado, ni que segundos atrás se hubieran gritado como si fueran los peores enemigos. No les importaba que las mascotas chillaran, ni que el libro de Hermione yaciera en el piso, ni que fuera pisado por Harry. No les importaba que la lluvia golpeara los vidrios del tren, ni que los demás estudiantes gritaran felices porque la señora del carrito había llegado al pasillo. En el preciso momento en que Hermione se acercaba a la puerta para poner la traba y cerrar la persiana de la ventanita, una cabellera rubia irrumpio en la habitación, soltando un gritito, que bien podía tratarse de un quejido o de una risita nerviosa.
- Luna.- susurró Hermione separandose de Harry, quien no se había perscatado de nada de lo que había pasado. La visitante miraba con sus ojos examinadores la escena, como si le hubieran presentado un extraño caso de peste del perdedor. Luego de unos segundo (los mas incómodos que Harry y Hermione habían vivido en su vida), Luna sonrió.
- Sigan en lo suyo. Yo no he visto nada.- Les dijo y, encojiendose de hombros, cerró ella misma la puerta.
- Perfecto. Dos horas en Hogwarts y ya hemos dejado todo escrúpulo atras.- se lamentó Hermione, sentándose.


Continuara...



By La Belu Punchiii!!! ^^

miércoles, 11 de junio de 2008

Precuela de los Merodeadores...


Hacemos un stop en el fanfic para poner esta precuela que se lanzo como tarjeta de 800 palabras en una obra benefica de parte de Rowling... a mi gusto... a tenido sabor a poco... me dejo con ganas de mas y de saber los contextos en que suceden... leanla ustedes mismos:


La motocicleta de carreras tomó tan rápido la curva afilada en la oscuridad que ambos policías del coche de la persecución gritaron: "¡Guau!". El Sargento Fisher apretó su largo pie en el freno, creyendo que el chico que montaba en el asiento de atrás de la moto volaría bajo sus ruedas. Sin embargo, la moto siguió sin arrojar a ninguno de sus ocupantes, y con un pestañeo de su luz roja trasera, desapareció en la estrecha calle de al lado.
-¡Ya les tenemos! -exclamó con excitación el capitán de policía Anderson-. ¡Esto es un callejón sin salida!
Tomando el volante con determinación y haciendo crujir la maquinaria, Fisher rayó la mitad de la pintura de la chapa del coche en el intento de perseguirlos por el callejón.
Los dos pasajeros estaban atrapados entre una pared de ladrillo y el coche de la policía, que ahora se acercaba hacia ellos como un depredador gruñón de ojos luminosos.
Había tan poco espacio entre las puertas del coche y los muros del callejón que Fisher y Anderson habían salido con dificultad del vehículo. Dañó su dignidad tener que medir pulgada a pulgada, como si se tratasen de cangrejos. Fisher arrastró su generosa panza por el muro, arrancando botones de su camisa por el camino, y finalmente descolocando el retrovisor con su parte trasera.
-¡Bajad de la moto! -bramó a los jóvenes que sonreían con insolencia, que se habían sentados con la luz azul parpadeante como si disfrutasen con ello.
Lo hicieron como se lo habían mandado. Después de librarse del espejo retrovisor roto, Fisher les miró con ferocidad. Parecían tener unos dieciocho años. El que había estado conduciendo tenía una melena larga y negra. Su buen aspecto insolente desagradablemente le recordó a Fisher al novio guitarrista y holgazán de su hija. El segundo chico también tenía cabello negro, aunque era corto e iba en todas las direcciones. Llevaba gafas y una ancha sonrisa. Los dos vestían camisetas con un gran pájaro dorado estampado; un emblema, no había lugar a dudas, de alguna banda de rock sin ritmo y ensordecedora.
- ¡No lleváis cascos! -gritó Fisher, señalando la cabeza desprotegida de uno de ellos-. Excediendo el límite de velocidad con una considerable cifra -(de hecho, la velocidad registrada había sido mayor que la que Fisher estaba preparado para aceptar de una moto que pudiese viajar)-. ¡Ignorar la detención de la policía!
-¡Nos encantaría detenernos para conversar! -dijo el chico con gafas-. Solo intentábamos...
-No te hagas el listillo. ¡Los dos estáis metidos en un buen lio! -gruñó Anderson-. ¡Nombres!
-¿Nombres? -repitió el conductor de cabello largo-. Er... bueno... déjame ver. Está Wilberforce... Bathsheba... Elvendork...
-Y lo que es bonito sobre ese es que puedes usarlo tanto para chico como para chica -dijo el chico con gafas.
-Oh, ¿te refieres a nuestros nombres? -preguntó el primero-. Deberías habérmelo dicho. Éste de aquí es James Potter, y yo soy Sirius Black.
-Las cosas se van a poner verdaderamente negras para ti en un minuto, pequeño descarado...
-Pero ni James ni Sirius estaban prestando atención. De repente estuvieron tan alerta como perros de caza, mirando más allá de Fisher y Anderson, sobre el techo del coche de policía, en la boca oscura del callejón. Entonces, con movimientos idénticos y fluidos, se llevaron la mano a sus bolsillos traseros.
En el espacio de un latido los dos policías imaginaron pistolas saliendo de ellos, pero un segundo después descubrieron que los motoristas no habían sacado otra cosa que...
- ¿Varitas? -preguntó Anderson-. Sois un par de bromistas, ¿verdad? Está bien, quedáis arrestados bajo los cargos de...
Pero Anderson nunca llegó a decir los cargos. James y Sirius habían gritado algo incomprensible, y los haces de luz del coche se habían movido.
Los policías dieron una vuelta a su alrededor, después miraron a sus espaldas. Tres hombres estaban volando -realmente volaban- en el callejón sobre escobas. Y al mismo tiempo, el coche de policía estaba encabritado sobre sus ruedas traseras.
Las rodillas de Fisher cedieron; cayó sentado. Anderson tropezó con las piernas de Fisher y cayó encima de él, mientras oían flump-bang-cruch escucharon a los hombres de las escobas chocar contra el coche y caer, aparentemente inconscientes, en el suelo, mientras trozos de escoba caían a su alrededor.
La moto había vuelto a rugir de vida de nuevo. Con la boca abierta, Fisher miró atrás para ver a los dos adolescentes.
-¡Muchas gracias! -le dijo Sirius sobre el ruido de la maquinaria-. ¡Os debemos una!
-Sí, ha sido un placer conoceros -dijo James-. Y no lo olvidéis: ¡Elvendork! ¡Es unisex!
Hubo un crujido que sacudió la tierra, y Fisher y Anderson se abrazaron el uno al otro de miedo; su carro acababa de caer de nuevo al suelo. Ahora era el turno de la moto de rugir. Antes de que los policías diesen crédito a lo que veían sus ojos, surgió en los aires: James y Sirius desaparecieron en el cielo nocturno, con la luz trasera parpadeando detrás de ellos como un rubí que desaparecía.


Si quieren descargarla esta aqui...


Siquieren ver los manuscritos originales aqui lo pueden hacer...