lunes, 26 de noviembre de 2007

Final del Capitulo 3 hasta comienzo de Capitulo 6 (SPOILERS!!!!) ^^


Yo también te traje algo- Dijo Ginny, y le dio un vaso de jugo de calabaza.- Tu favorito... no cielo?
- Claro- Dijo Harry con la boca llena de comida, y soltó unos cuantos trozos de emparedado en la remera de la chica.- Oh... lo lamento!
-No es nada. –Respondió ella. Pero su vos no decía lo mismo. Es mas: su cara había adoptado un color que solía relacionarse con una pronta maldición de mocomuerciélagos en la cara de su atacante. Ante esta perspectiva, Harry decidió cambiar de tema:
-Bueno... unos doce libros mas y terminamos. ¿Hablaron con McGonagall?- Dicho esto, miró a Hermione, quien se había pasado toda la mañana planificando una reunión con la Profesora.
-Si, -contestó ella- nos ha dicho que comenzaremos el primero de septiembre, y que haremos una especie de resumen del 7º año, como para que no entremos tan de lleno en la universidad. Así que ahora tenemos unos cinco meses de vacaciones.- Al terminar esto, acercó una silla al banco de Harry y se sentó.- Bueno- continuó.- ¿Qué piensan hacer?
-No tengo muchas alternativas.- Comenzó Neville.- Volveré mañana con mi abuela, y esperaré a que empecemos de nuevo.
-Tu no tienes por que volver. Podrías rendir sólo los E.X.T.A.S.Is y podrás comenzar.- Acotó sabiamente Luna.
-Pues... no me iba muy bien que digamos...¿no?- Contestó tristemente el muchacho.
-Por mi parte, buscare a mis padres. Es lo primero que pienso hacer. Pasarñe algunos meses con ellos... si me perdonan...- Hermione dejó la frase inconclusa, y los ojos se le llenaron de lagrimas.
-Vamos... estará todo bien. Ya lo verás.- Dijo Harry, y tomó las frias manos de la chica en las suyas.
-Si... si Hermione. Todo... estará bien.- Agrgó Ron. Pero este no miraba a la chica, si no a las manos de sus dos mejores amigos que ahora yacian entrelzadas.
-En fin,- dijo Ginny, como para cambiar de tema,- Tendríamos que empezar a preparar las cosas. Mañana saldremos después del desayuno. Que yo sepa Harry no tienes todo muy ordenado que digamos.- concluyó la pelirroja. No buscaba regañarlo, si no que éste dejara de mirar a Hermione.
-Si. Bueno... iré a armar el baúl. ¿Tu ya estás bien?- Le peguntó a la castaña.
-Si estoy mejor. Gracias. Yo también iré.- Dicho esto, con un simple movimiento de varita devolvió los pocos libros a sus respectivos estantes.
Ron la miró enfureciendo un instante, y se contuvo de lo que iba a decir. Terminó su emparedado en silencio, junto con Neville y Luna, que ahora se intercambiaban nerviosas miradas.
“Es una batalla perdida”, pensó Ron aquella noche cuando se recostó en su cama en la torre Gryffindor. Pero luego de unos minutos, comenzó a cambiar de parecer. “No Harry Potter, se dijo a si mismo, me has ganado en todo. Estoy cansado de ser tu segundo. Esta vez... voy a ganarte.”

Capitulo 4: Volver a casa.

Allí estaban. Salidos de la estación de King Cross. Habían atravesado la barrera al mundo muggle, y estaban dispuestos a despedirse, cuando Hermione llamo a Harry aparte.
- No quiero sonar pesada pero... adonde vas a ir?- Preguntó la chica.
- Bueno... ahora podría dormir debajo de un puente si lo quisiera. ¿No te parece? – Contestó Harry y sonrió, para apaciguar las aguas tenebrosas que se veía venir por la expresión de la cara de su amiga.
- No seas tonto. Lo estoy preguntando en serio porque... bueno... a lo mejor no querías ir a la Madriguera, y podías acompañarme a mi... a ver a mis padres.
Harry lo pensó un segundo. Bueno, no quería ir a la Madriguera. Ahora que era novio oficial de Ginny no sabía como se vería si pasaba el verano en su casa, y la verdad es que estaba mas que demostrado que no podían estar juntos todo el tiempo. Había pensado pasar unos meses solo, tal vez viajar, y la idea de viajar con Hermione lo tentaba un poco. Conocer a sus padres también, puesto que los había visto solo unas veces. Pero luego pensó que la chica se merecía pasar un tiempo a solas con ellos, entonces le contestó.
-No, está bien. Ire a Grinmuond Place. El que quiera venir a visitarme, invitado está.- Dijo Harry.
-No... no quiero pensar que me dices que no por Ron.- Dijo entonces Hermione algo avergonzada..
-Por supuesto que no! Pero creo que te mereces ir sola a visitar a tus padres. Vamos...¡Debes estar cansada de mi!- Contestó el chico en tono de broma.
-No se si cansada pero... soportaras cinco meses sin verme.-Preguntó Hermione mirando a Harry risueña. Él sabía que ella lo decía en broma. Pero aún así, no podía negar que la iba a extrañar. Tal vez demasiado.
-Me he acostumbrado muchísimo a ti.- Dijo simplemente Harry.- Si quieres, después de ver a tus padres, puedes venir a pasar el resto del verano conmigo en Grinmoun Place. No tendré problemas de alojarte allí.
-Bueno. Está bien. Iré dos meses con mis padres, y después volveré. En tanto, no debo ni pedirte que me escribas... no es cierto?- Preguntó Hermione con cierto tono suplicante en su vos.
-Oh haz lo que quieras, pero no te prometo nada. Tengo pensado remodelar la casa...
Tengo pensado remodelar la casa. No se... menos cabezas de elfos y mas ventanas. ¿No te parece?- Ambos rieron ante esta idea, y volvieron a reunirse con el grupo.
Harry saludó a Neville y a Luna, y les pidió que fueran a visitarlo. Ambos aceptaron inmediatamente, y prometieron no dejarlo tranquilo. Luego se acercó a los Weasleys, y después de agradecerles las interminables invitaciones a pasar el verano en su casa, abrazó a todos, besó a Ginny, y le prometió escribirle, así como también invitó a todos a su casa.
Abrazó a Hermione, y esta le dijo al oído: “Intenta vivir sin mi, y después me cuentas”. Con una sonrisa, lo besó en la mejilla, y desapareció.
Harry esperó a que se vallan todos, tomó el baúl en una mano y su mochila en otro, y dio un medio giro, hasta encontrarse adentro de la mansión.
Aunque le pareciera lo más raro del mundo... estaba en casa. En SU casa.
unque le pareciera lo más raro del mundo... estaba en casa. En SU casa.
De la nada, una nube de polvo lo cubrió y comenzó a ahogarse. La lengua se le enrollo dentro de la boca, y sentía como el aire abandonaba poco a poco sus pulmones.
-No fui yo quien lo mató profesor.- Dijo Harry, utilizando las pocas fuerzas que tenía. Al instante, su lengua se desenrollo en el interior de su boca, y el polvo se desvaneció.
Harry miró a su alrededor. El lugar necesitaba un cambio inmediatamente.
Tomó su varita, y le realizó un sencillo encantamiento locomotor al baúl, y comenzó a subir las escaleras sin saber muy bien que hacer ahora.
-Em... ¿Kreacher... estás aquí?- Preguntó Harry, e inmediatamente, en un escalon mas arriba, apareció el viejo elfo.
-Veo que han concluido con las refacciones, ¿No amo?- No había rencores en el tono de voz del elfo, pero aún así Harry pensó que pasaría bastante tiempo hasta que se acostumbraran el uno al otro.
-Pues si. Tengo ahora unos meses de vacaciones y... bueno... pensé en venir aquí.- Contestó el muchacho.
-Me alegro entonces de tenerlo en casa. Dígame... ¿adonde va a dormir?- Recién en ese momento, Harry notó que Kreacher aún tenia colgado el falso relicario, tapado con lo que parecía ser un viejo repasador, que ahora le servía al elfo de vestimenta.
-Bueno... no lo sé. Supongo que en la habitación menos sombría y deprimente. O por lo menos en donde nadie me ataque de noche.- Dijo Harry, quien ahora, por primera vez en su vida, hubiera deseado estar en casa de los Dursleys.- Un momento...- Dijo entonces. Había recordado a sus tíos...- Kreacher hasme recordar que hable con el Señor Weasley acerca de los Dursleys.
-Está bien mi amo. Le recomiendo que tome el cuarto de huéspedes principal, es la primer puerta a la izquierda. Nadie ha dormido alli en años, y créame que es lo mejor en esta casa.- Dijo el elfo con tono misterioso., y Harry optó por confiar en él.
Abrió entonces la puerta de su nueva habitación, y descubrió que, para su suerte, ésta tenía dos ventanas con sus respectivos balcones. La cama era muy similar a la de la torre Gryffindor, con la excepción de que portaba unas cortinas y un acolchado verde, que Harry no dudaría en cambiar por uno rojo y dorado de inmediato. Abrió el baul y comenzó a sacar la ropa limpia y acomodarla en los estantes. Comenzó después a desarmar la mochila, y el fondo de ella encontró la capa invisible de su padre. La tomó en sus manos, sintió como la tela se le escurría entre sus manos. Aquello tenía para él un valor mucho mas alto del que podrían haberle dado en Galleons. Esa era una de las pocas pertenencias de su padre que conservava, y hoy tenía un significado que pocas personas podrían haber entendido. Allí, durante nueve años, tres niños habían crecido protegidos de todo mal. Esa capa los había llevado a la cabaña de Hagrid a des-horas un millon de veces, y los había ocultado de enormes peligros, y de tontas travesuras. Harry pensó entonces que ahora podría salir sin esa capa, que ya no la necesitaria, que ahora seria un chico normal entre la multitud. Que no correría peligro alguno, y que la maravillosa capa se utilizaria solo como elemento de distracción. Aquella cicatriz en su frente sería sólo un mal recuerdo, la triste marca que lo remitiría siempre a la noche en que había perdido a sus padres.
-No, -dijo entoces Harry, sentado en su nueva cama, contemplando las miles de chances de ser feliz que ahora se le presentaban, y viendo que por primera vez en su vida, estas cahnces superaban con creces a las de ser infeliz.- No seré nunca un chico normal. Soy un mago... y gracias a Dios por ello.
Se recostó, y siguió durante largas horas planificando lo que sería de ahí en adelante su vida: no había profesias, no había vidas dependiendo de él, y nadie estaba ahora obligado a abandonar su vida por él. Estaba cansado de vivir una vida planeada por cualquiera menos por el mismo. Estaba todo dicho, de ahí en adelante, no habría en lo absoluto planes: las cosas irían surgiendo, y se adaptarían a él. No él a su vida, a su destino, su destino sería el que se adapara a él. Y entre estos pensamientos, el chico de pelo negro incontrolable y de ojos verde esmeralda, se quedó profundamente dormido.

Capítulo 5: Tonterías de adolescentes.

Harry despertó al sentir una suave brisa en su rostro, como si alguien lo estuviera soplando. No entraba ni una gota de luz por las ventanas abiertas, y supuso entonces que era de noche. Buscó sus anteojos, que se le había resbalado, y entonces la vió: una nutria plateada sobrevolaba la habitación, y la voz de Hermione (semejante a la que Harry oia en su cabeza cada vez que su conciencia lo llamaba a la reflexion) salió de la boca del animal:
- “Querido Harry: ya estoy instalada. Comenzaré ahora a recuperarle la memoria a mis padres, quienes por el momento piensan que soy una simple paciente.
“Querido Harry: ya estoy instalada. Comenzaré ahora a recuperarle la memoria a mis padres, quienes por el momento piensan que soy una simple paciente. Quiero pedirte un enorme favor: no saques nada de la habitación de Siruis. No preguntes porque, pero confía en mi una vez mas, pues tengo mis razonables motivos. Sin más que decirte, cuídate mucho, te quiero y nos veremos pronto.”
La nutria desapareció, y Harry pensó que debería contestarle el mensaje antes de morir a manos de su mejor amiga, y condenarla así a una penosa vida en Azkaban.
-Em...- pensó el muchacho. Bueno, no sabía como utilizar el patronus para enviar mensajes.
Pensó en un recuerdo muy feliz. Tomó su varita, y recordó por un momento las lágrimas que habían caído en las mejillas de Dumbledore cuando Harry fue a contarle a su cuadro en el despacho del director que finalmente habían derrotado a Voldemort.
-Expecto Patronum!- Gritó, con esa imagen en su mente, y el ciervo plateado apareció delante de él.- Escucha...- le dijo al animal,- Quiero que ubiques a Hermione y le digas lo siguiente: “yo también estoy instalado. El olor a moho ya ha colmado mis pulmones, y he pensado en mil y un reformas para este lugar. Espero que todo salga bien, ya verás que será asi. Yo también te quiero y... mantenme informado”.
El ciervo se inclinó brevemente, y salió galopando de la habitación, dejando a Harry solo de nuevo, quien volvió a dormirse al instante.

Harry despertó a la mañana siguiente, y sintió como cada centímetro de sus intestinos reclamaba por comida. Así en pijama como estaba, se apareció en la cocina. No había nadie.
- Por supuesto que no hay nadie tonto.- Se dijo a si mismo.- Estás solo. Por primera vez en tu vida.
Se sentó en una de las tantas sillas que habían en el comedor, y comenzó a pensar que haría entonces. En primer lugar, escribir a la Sra. Tonks para ver como estaba Teddy, y para invitarlos a pasar unos días con el. Sentía cada vez mas fuerte la necesidad de contactarse con su ahijado, de saber como era, de conocerlo. Sí, esa era su prioridad. En segundo lugar, remodelar la casa. No podía vivir allí en esas condiciones. A decir verdad, la mansión le daba miedo, y era de esperarse que así sea, ya que por ahora no irradiaba mucha... tranquilidad que digamos. De ahí en adelante, buscar a los Dursleys y saber... como estaban. Tenía un millón de cosas que hablar con Tía Petunia. El recuerdo de Snape le había abierto un sinfín de interrogantes, y le parecía que tal vez ella pudiera ayudarlo un poco. Y después... se vería con los chicos, los invitaría a pasar unos días una vez que hubiera terminado las refacciones, y recién en ese momento estudiaría.
- Kreacher!- Gritó Harry, y el elfo apareció al instante a su lado en la cocina.
- ¿Si, joven amo?- Contestó con una reverencia.
- Buenos días... em... ¿donde consigo comida? Sólo tengo dinero de mago.- Preguntó el chico, mientras sentía que su estomago estaba por estallar del hambre.
- Aquí a tres cuadras hay una despensa atendida por magos. Iría yo pero no se que le agrada comer...
-No, está bien, iré yo.- Dijo Harry, y entendió que el viejo elfo tal vez no le hablara con rencor, pero no por eso iba a servirle como lo hubiera hecho con cualquier otro mago.
Así que Harry se vistió, tomó la dirección del local, y salió a la tibia mañana de primavera. Caminó las tres cuadras mientras miraba un poco el barrio. Las casas eran todas similares a la suya de afuera, pertenecían mas o menos todas la misma época. En la vereda de enfrente del numero 12, había un pequeño parque cercado, y a la vuelta de la esquina un callejón sin salida.
La tienda tenía el aspecto que poseían todas las tiendas de magos. De afuera presentaban la imagen de ser sucias o descuidadas, pero Harry había aprendido con el tiempo que aquello era sólo para que los muggles no se fijaran en ellas. Cuando entró, quedó ciego por unos momentos, ya que el contraste entre el sol y la oscuridad del interior era muy grande. Cuando recuperó la vista, el asombro lo invadió. La habitación no debía ser mas grande que la sala común de Gryffindor, pero sus paredes tenían, por lo menos, 10 metros de alto repletos de estanterías con productos que Harry conocía como arroz, azúcar, harina y demás, pero todos en sus envoltorios mágicos de papel, con figuras que se movían y carteles que cambiaban sus colores. También había productos exclusivamente mágicos, como limpiadores de varita, o comidas casi listas que sólo necesitaban un simple hechizo.
Se acercó al mostrador, donde un hombre vestido de túnica verde botella leía El Profeta, y antes de que le preguntara nada, el hombre le entregó un canasto para que fuera poniendo las cosas, sin levantar si quiera la vista del diario.
Harry lo tomó, y se acercó a los estantes. ¿Qué debia comprar? ¡Nunca había hecho las compras en su vida! Comenzó a meter en el canasto lo que tenía a mano.
Qué debia comprar? ¡Nunca había hecho las compras en su vida! Comenzó a meter en el canasto lo que tenía a mano. Había arroz con pollo listo, al igual que pavo cocido, carne de vaca y de cerdo, y un monton de platos que prefirió no tocar. Luego agarró unas cuantas botellas de cerveza de manteca y de jugo de calabaza, algunos dulces y mucha, mucha tarta de melaza. Convencido de que por unos dias con eso bastaría, y ante la perspectiva de volver cuando quisiera por la cercanía del local a la casa, se acercó de nuevo la mostrador para pagar. Fue entonces cuando por primera vez, el hombre que atendía miró a Harry a la cara. Se estremeció como si acabara de ver a un basilisco, y Harry miró hacia atrás, miedoso de que alguien hubiera entrado en la tienda, pero no había nadie. Sólo Harry y aquél hombre estaban allí. De repente, este ultimo pareció recobrar el habla.
- Eres... eres HARRY POTTER. HARRY POTTER ESTA COMPRANDO EN MI HUMILDE TIENDA!- el hombre señalaba la cicatriz que Harry llevaba en la frente, y éste supo entonces que ya ni había manera de hacerse pasar por otra persona.- Por las barbas de Merlín!
El hombre se acercó y abrazó a Harry como si fuera su propio hijo... y éste se quedó inmóvil, sin saber que hacer, que decir.
- Em... señor... gracias pero yo no.. no merezco...
- No seas modesto muchacho! ¡Que habría sido de nosotros sin ti! No nos salvaste una vez... nos salvaste dos! A todo el mundo mago y al muggle también como si fuera poco. ¡No sabía que fueras tan chico!
Harry no sabía si tomar eso como un cumplido o no, y ante el desconcierto prefirió pedirle al hombre que le cobrara, para poder irse lo antes posible de allí. El hombre insistió en regalarle lo que Harry quisiera, pero él pagó y salió del local.
Caminó largo rato por el barrio, y se sentó en un banco en la plaza de enfrente del número 12. Se había equivocado. Nunca, jamás en la vida, sería un simple chico, un chico normal. Siempre lo mirarían como a un fenómeno, o peor, como a un héroe. El no era ningún heroe, no lo sentía así. Por si sólo, no podría haber hecho nada. Siempre había contado con ayuda, con apoyo, y nunca lo habían dejado sólo.
" No es así, dijo una voz dentro de su cabeza, tu fuiste sólo aquella noche al bosque, tu entregaste tu vida, eso te convierte en un heroe". Bueno, tampoco era por eso. Los detalles de aquel acontecimiento sólo los conocía Hermione, y aunque todos los que habían estado aquella noche en el castillo lo habían visto muerto, de seguro ahora creian que el muchacho sólo lo había finjido.
Y entonces Harry calló en la cuenta de cuanto necesitaba ahora a sus amigos. Necesitaba hablar con alguien, alguien que lo escuche y que supiera que decirle, alguien que no le dijera sólo lo que él quería escuchar. Entró entonces a la casa, y después de deshacerse del espíritu
guardián de la entrada, subió las escaleras y se sentó en su cama.
Nadaba en sus pensamientos, cuando una pequeña lechuza entró en la habitación.
- Hola Pig,- dijo Harry al reconocer al animal como la lechuza de Ron.- ¿ traes noticias de la Madriguera?
La lechuza se posó en la cama, y le entregó la carta. Al instante, Harry se dió cuenta de que provenía de Ginny, por la letra del sobre.
La abrió, y comenzó a leer:
"Querido Harry: ¿como estas? Se que hace horas solamente que no nos vemos, pero ya te extraño, entonces me senté a escribirte para no extrañarte tanto. Aquí las cosas están... bueno, no normales, pero se hace lo que se puede. Mamá llora a cualquier momento, pero es lógico, al perder un hijo. Yo también siento ganas de llorar a veces, pero luego recuerdo que Fred no murió por nada, que lo hizo por una noble causa, y que él no quisiera que estubieramos todos llorandolo. Es envidiable la fortaleza de George. Hoy, por ejemplo, ya volvió a la tienda. No se si es por simple apariencia, o por su caracter, pero parece mentira que pueda conservarse intacto.
El que está demasiado raro es Ron. No se que es lo que le pasa (tiendo a relacionarlo con alguna castaña de cerebro muy grande y corazón muy chico), pero definitivamente no es el mismo de antes.
En fin, mamá dice que en dos semanas Bill organizará un almuerzo en su casa, y que estás invitado. Pero quisiera verte antes. ¿Podría ser?
Espero que asi sea. Te ama.
Ginny."
Si Harry se había sentido culpable en algún momento de su vida, no se comparaba para nada con el peso que sentía ahora. La imagen de la Sra. Weasley llorando por los rincones la muerte de su hijo le retorció el estómago, y sintió que nunca podría compenzar el mal que había hecho a aquella familia. ¿Acaso no había sido él mismo el que la había encontrado aquella noche, hacía más de dos años, llorando en aquella misma mansión sobre el boggart que se transformaba poco a poco en todos los miembros de la familia Weasley muertos?
Con todo el dolor del mundo, Harry contestó la carta.
Con todo el dolor del mundo, Harry contestó la carta.
"Querida Ginny: Me alegra que me hallas escrito tan pronto. Por aquí todo está bien, pero no puedo negar que también los extraño mucho. Por supuesto que iré a casa de Bill, e intentaré ir a visitarlos la semana entrante. No es que tenga mucho para hacer, pero primero quiero encontrarme con Teddy, ya sabes, quiero saber como está. Nos mantenemos en contacto.
Los ama.
Harry.
Pd: mis cariños a tu madre."
La leyó una vez, y se la dió a Pig. No quería hablar de la situación de Ron y Hermione, y tampoco sabía que decir con respecto a Fred. Así que vió a la lechuza partir, y se sumió de nuevo en su soledad.


Capítulo 6: ¿Vida solitaria o pareja de dentistas?

Habían pasado tres días de su llegada al número doce de Grimmauld Place, y Harry ya se había instalado por completo. Sus cosas ya estaba regadas por toda la casa, y había roto un jarrón antiguo al volar con su escoba escaleras arriba. Eso había provocado la furia de Kreacher, que desde ese día había optado por ignorar al muchacho.
Tal vez lo más extraño para Harry había sido su visita al Callejón Diagon la mañana anterior. Había estado unas dos horas para salir del Caldero Chorreante, puesto que los clientes del bar se habían abalanzado sobre él en cuanto lo habían reconocido.
En realidad, Harry sólo había ido a comprar una lechuza nueva. Esto había sido lo mas extraño para él. En verdad extrañaba a Hedwig, no sólo como mascota, si no como compañera. En aquellos tristes veranos en el Privet Drive, la lechuza había sido su único consuelo, además de haberle sido siempre muy leal.
Así que no se detuvo mucho a pensar cual lechuza compraba (un poco por eso, y otro poco por la gente que se amontonaba a su alrededor), y tomó una mediana de pelo castaño.
De regreso al caldero chorreante pasó por un local que no había visto nunca. Era una juguetería para niños magos. Desde afuera, Harry contempló los miles de juguetes mágicos que había en el interior del local: escobas en miniatura, como la que había visto en la foto de la habtación de Sirius, castillos con pequeños fantasmas que los protegían, juegos de mesas de todos los tipos, ladrillos mágicos, y otros tantos que explotaban y, un segundo más tarde, volvían a reconstruirse. La fiesta de colores producto de los miles de juguetes en los estantes, el piso y el techo.
Harry entró, pensando en que tal vez a Teddy le gustarían.
En seguida lo atendió una chica que, casualmente, resultaba ser Alicia Spinet, antigua compañera del equipo de Quidditch de Gryffindor. Intercambiaron saludos, y Alicia (al igual que todo el resto de los magos con los que Harry había tratado), también felicitó y agradeció a Harry por haber derrotado a Voldemort. Después de esto, comenzaron a buscar juguetes para Teddy.
Harry salió una hora después con los brazos llenos de cajas de distintos tamaños, y la jaula de la lechuza en su mano. Había comprado una mini Saeta de Fuego, que no subía mas de dos metros de altura, para que Teddy aprendiera a volar. Tambíen una pequeña varita que realizaba hechizos fáciles e inofencivos, un juego de pociones que escupía luces y humos de colores dependiendo de las sustancias que se mezclaran, muchos libros de cuentos que hablaban y relataban distintas historias solos y una pelota que, no importaba cuan lejos la lanzabas, siempre volvía a ti.
Llegó a Grimmaunld Place, y después de dejar todos los juguetes en la habitación, escribió una carta al señora Tonks.
" Querida Señora Tonks: espero no ser inoportuno, pero presentí que sería mejor enviarle una carta que aparecer en su casa sin avisar. Como sabrá, o tal vez no, su hija y su yerno me habían nombrado padrino del pequeño Ted antes de morir, y tengo la necesidad y la obligación de verlo. Es algo que no podría explicarle, pero siento cierta atracción por mi ahijado, y , le repito, tengo la necesidad de conocerlo lo antes posible.
Desearía que me conteste el día en que podría ir a verlos, que no le sea incómodo para usted, o si tal vez prefiere venir a mi casa, en cualquier caso hágamelo saber.
Mi cariños a usted y a Ted.
Harry Potter."
Intentó hacerla lo mas prolija posible, para causar una buena impresión. Enrrolló el pergamino y lo ató a la pata de la lechuza.
- Bien... vete. Ya te buscaré un nombre.- Le dijo con cierta indiferencia, y la lechuza se marchó.
"De nuevo solo.- Pensó Harry. Pensó entonces en Hermione, y en que no tenía noticias de ella desde su llegada a Grimmaunld Place, y el silencio de su amiga le resultó sospechoso.- Si las cosas hubieran salido mal, me lo habría dicho.- Se dijo a si mismo. Si, eso era verdad, lo mas probable era que, con la emoción de recuperar a sus padres, Hermione se hubiera olvidado de él y de todos.
Se dispuso a enviarle un Patronus, ya que no sabía cuan rápida era su nueva lechuza, y cuanto tardaría en volver. Pensó en el día en que había besado a Ginny por primera vez y grito: EXPECTO PATRONUM!
El ciervo plateado apareció.


CONTINUARA...


By La Belu Punchi ^^

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