Ni Harry miraba a Luna, ni ella lo miraba a él, pero ambos entendían perfectamente lo que se estaban diciendo.
- La diferencia está en que cuando nadie apostó por nosotros, nosotros mismos si apostamos.- Contestó Luna.- Y si vamos al caso, cada uno aporta algo. Tú, bueno, eres el líder general. Hermione... ambos sabemos que la mente del grupo. Ron bueno... le aporta el entretenimiento Ginny... no lo se, pero siento que tiene una fuerza incontenible, como si hubiera demasiado poder mágico dentro de su cuerpo. Neville... es como el buen amigo de todos. Y yo hago lo que puedo. - Concluyó la muchacha con una sonrisa.
-Y tu,- agregó Harry,- aportas tu amplio conocimiento en criaturas mágicas.
-Tal vez seamos como los thestrals. A lo mejor sólo pueden ver la clase de personas que somos luego de que ocurre algo malo. Pero yo sé que clases de personas son... y cada uno lo sabe. Eso es lo que cuenta al final, ¿no? –Preguntó Luna, y esta vez si miró a Harry a los ojos.
-No podrías haberlo dicho mejor. Me quito el sombrero.- Contestó Harry, y juntos se quedaron largo rato buscando los Mooncalfs, y hablando de cualquier cosa que se les ocurriera.
Era tarde cuando Harry se despertó a la mañana siguiente. Había vuelto al despacho pasadas las seis, y se sentía tan cansado como si hubiera cargado un hipogrifo cuesta arriba.
Miró su reloj y comprobó que eran las doce, así que se levantó y, como pudo, se encaminó al gran comedor.
Quedaba poco de lo que había sido aquel viejo salón. El piso estaba destruido y el techo, que antes reflejaba el cielo por arte de magia, ahora lo reflejaba en los cientos de orificios que los maleficios habían provocado.
Divisó a la profesora McGonagall y se encaminó para hablar con ella. Esta juntaba con su varita una enorme pila de tierra, y la depositaba en los jardines, utilizando uno de los agujeros de la pared.
-Buenos días profesora.- Dijo Harry gentilmente
- Buenos días Potter.- Respondió ella y se volteó una vez que la pila de tierra se hallaba segura en su lugar.- Kinsgley te estaba buscando. Quiere charlar unas cosas contigo. Volverá esta noche, ahora debía solucionar unas cosas del ministerio.
- Gracias profesora. Digame... ¿Qué puedo hacer?- preguntó el muchacho que quería empezar ya a trabajar.
- Le he dicho a la señorita Granger y al Señor Weasley que deberían descansar. Comer, dormir, bañarse... ¡Lo que sea! Y que cuando se sientan realmente en condiciones de trabajar, se acerquen.- No le ordenó nada, pero utilizó ese tono de vos de la profesora McGonagall que raras veces acepta negativas.
- Yo me siento perfectamente bien, como para comenzar ya mismo. Éste es mi hogar profesora... no puedo quedarme sentado sin hacer nada.
- En ese caso, acérquese a las cocinas donde sus dos compañeros están desayunando, pues ninguno ha aceptado mi oferta. ¡Un año sin mis clases y ya pierdo toda autoridad sobre ustedes!.- Le sonrió, y continuó con su trabajo.
Harry bajó entonces a las cocinas y se sorprendió al ver la cantidad de gente que había allí.
Ron estaba sentado leyendo el profeta, y Hermione (quien estaba parada detrás) leía sobre el hombro del chico y le acariciaba distridamente la cabeza. Más lejos, Neville charlaba con la profesora Sprout y Fleur, acerca de los daños que había sufrido el bosque prohibido y cuales eran las alternativas para mejorar la situación del mismo. Bill charlaba con sus padres en el otro extremo de la cocina, y unos veinte estudiantes estaban sentados en las mesas que antiguamente se ubicaban en el Gran Comedor y, un poco apretados, desayunaban.
Antes de que Harry se diera cuenta de la notable ausencia de una peli roja, alguien lo tomó de la camiza y lo obligó a salir de las cocinas. Y entonces, apareció el rostro que el muchacho más había añorado en todos aquellos meses: Ginny le sonreía de manera complice, y los rayos del sol le iluminaban el rostro de una manera esplendorosa.
-No tienes una idea de cuanto te extrañe.- Dijo la muchacha, y antes de que Harry pudiera siquiera comenzar con su "Yo también", ella le tomó la camisa por los hombros y comenzó a besarlo.
Harry no podía ser más feliz. Voldemort no existía y ahora podía darse el lujo de ser tan alegre y dichoso como se le cantara. Podía irse de vacaciones con los chicos sin correr peligro alguno, podía estar con Ginny sin temer que alguien la lastimara, y podía portar la cicatriz de su frente sin pensar si quiera en que esta le volviera a doler.
Ginny lo soltó, y él rodeó su cintura con sus brasos. Notó que la chica estaba mucho mas delgada, y luego de comenzar una divertida discución sobre eso, comenzaron a caminar por el castillo y a hablar de las mil y un vanidades que se les ocurrieran.
Ella no podía creer que él estubiera sano y salvo, despues de que por un momento lo había visto muerto en los brasos de Hagrid. Sentía ahora como cada célula de su piel se aseguraba poco a poco de que el muchacho a su lado era el mismo que durante tanto tiempo solo había abrazado en sueños.
Continua...
By La Belu Punchy!!! ^^
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1 comentario:
vamoos sigue aki tienes uno amigooo que sigue la historia me esta encantando.
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