miércoles, 26 de diciembre de 2007

Continuacion Cap. 7 (Spoilersssss!!!!!!!!!!!!!)


Con aquellos pensamientos sobre lo desagradecido que era para con los Weasleys, se quedó dormido.
A la mañana siguiente, luego de volver de la tienda cargado una vez más de sus comidas favoritas semi preparadas, y varias toneladas de tarta de melaza para llevar al te de los Weasleys, comenzó a recorrer la casa para ya plantear las próximas refacciones.
Le resultaba muy extraño todo aquello, puesto que nunca había decorado algo a su gusto. A decir verdad, ni siquiera sabía a ciencia cierta cual era su gusto.
Caminó por los oscuros pasillos proyectando en las paredes las futuras ventanas, y entonces se paró en seco al darse cuenta de que había llegado a la habitación de Sirius.
La puerta negra estaba cerrada, y Harry sintió un cosquilleo en sus brazos, como si la curiosidad hubiera alcanzado su sistema nervioso. Era como si un tesoro se escondiera detrás de aquella simple puerta barnizada en negro, tesoro del que solo Harry conocía su ubicación, y al que solo él le daba valor.
¿cuántas fotografías de sus padres había allí adentro? ¿Cuántas cartas, tarjetas, o cualquier tipo de recuerdo de la historia de los Potter yacían a tan sólo centímetros de Harry? Tal vez en ningun lugar del mundo habría tanta información sobre sus padres como en aquella habitación.
La ansiedad lo embargó, y tomó el picaporte, girándolo suavemente, como si tuviera una sola oportunidad de vivir aquel momento. Y entonces, cuando faltaban milímetros para que la puerta se abriera del todo y develara los misterios que Harry no había podido encontrar la primera vez que entrara allí, sintió un estruendo en la puerta, un grito de dolor, y una vos femenina que gritaba su nombre. Al instante, la señora Black, quien no había gritado hasta el momento, comenzó con su típico discurso a gritos, y Harry pensó que los vecinos debían de estar pegándose un susto enorme.
Tomó su varita, y bajó las escaleras derrapando. Cerró con dificultades el retrato de la señora Black, y se metió en el may con la varita en alto.
- ¿Quién anda ahí?- Preguntó, tratando de parecer lo mas macho y peligroso posible.
- Harry soy Hermione, estoy en la puerta.- Contestó una vos llorosa detrás de la misma.
- ¿Her...Hermione? ¿Qué haces aquí?- Preguntó Harry bajando la varita y acercándose a la puerta. Entonces le sonó absurdo que ella estuviera allí, y pensó que lo mejor era hacerle algun tipo de pregunta antes de abrirle la puerta.- Si eres Hermione... ¿Cómo se llama mi ahijado?
- Se llama Teddy. Harry por favor ábreme, estoy sangrando.- Dijo la vos de Hermione desesperadamente.
Harry no lo dudó ni un segundo más, y abrió. Allí estaba ella con su remera rosa brillante llena de estrellas, aquella que Harry le había confeccionado, que ahora estaba llena de unas pequeñas gotas de sangre que brotaban de una herida grande en la frente de la muchacha.
- ¿Qué te pasó?- Preguntó Harry dejándola pasar.
- Quise aparecerme directamente en el hall y... no pude.- Dijo la muchacha.
- Pero... ¿porqué? Si yo si puedo hacerlo.
- Bueno tu eres el dueño de la casa, yo no. Tal ves sea por eso.- Habían llegado a la cocina, y Hermione se había sentado, mientras Harry mojaba un trapo para limpiarle la herida.-
- Mírale el lado bueno, por lo menos si te queda una cicatriz en la frente, será simplemente una cicatriz, no como la mía.- Dijo el muchacho riendo.
- No seas tonto. Perecería tu fan numero uno.- Contestó ella, y entonces los dos rieron. Se hizo un silencio, y Hermione agregó: - Igualmente lo soy, con o sin cicatriz.
- Díselo a Romilda Vane.- Dijo él. De pronto, Hermione de puso pálida.
- Harry... creo que me desmayo.- Y dicho esto, se desplomó sobre la mesa, dejando caer el trapo de su frente.
Harry se paró inmediatamente, e intentó hacer que reaccionara. Pero no logró nada. Así que la tomó en brazos, y subió lo mas rápido que pudo hasta su habitación. Hermione parecia dormida, y Harry notó por primera vez lo delgada que era. No le resultaba pesada, y por un momento se quedó parado en el medio de la habitación con la chica en brazos, mirándola como si nunca la hubiera visto en su vida. Con toda la ternura del mundo, la apoyó suavemente en la cama, le quitó los zapatos, y abrió todas las ventanas para que entre aire en la habitación.
Comenzó a revolver en sus libros buscando alguna manera de despertarla, pero sólo encontró la manera más rápida de transformar una jarra en un loro. Desesperado, caminaba una y otra vez por la habitación pensando a quien podría preguntarle. Se sentó a su lado en la cama, y tomó una de las manos de la chica. Estaba tibia. Harry pensó que aquella era una buena señal. Entonces recordó a Madame Pomfrey.Convocó a su Patronus, y envió al ciervo a que le preguntara de que manera despertarla.
Y se quedó sentado a su lado, luego de ver al ciervo desaparecer. No estaba muerta, por supuesto que no, sólo estaba desmayada por el golpe. Se pondría bien. Harry trataba de auto convencerse, pero nunca había visto a una persona desmayarse, y las veces que el se había desmayado bueno... no recordaba nada de aquello. Le limpió la remera con una hechizo simple, y comenzó a acariciarle el cabello. Era muy suave, a pesar de parecer siempre enredado. Hermione había tratado de acomodarlo con un lazo, y ahora sus ondas caían por su rostro de una manera muy dulce. Por algún extraño motivo, Harry no podía dejar de mirarla. Era perfecta, pensó, y el odio hacia su mejor amigo por tratarla mal volvió a su cuerpo como si lo hubieran metido mediante una bala. “Eres tan idiota Ronald, pensó, no puedes perderla sólo por un par de caprichos. No la mereces, ella no se merece sufrir. Ella merece a un tipo... uno que la quiera al menos, que la respete, aunque sea la mitad de lo que intento hacer.”
La imagen de Hermione tumbada allí, sin poder hablar, sin poder retarlo o contestarle, sin hacer en síntesis todo lo que una típica Hermione haría, le hizo pensar a Harry en las millones de veces en que pudo haberla perdido, en que pudo haber muerto, y que a pesar de todos los peligros, ella permaneció firme a su lado siempre, sin pensarlo dos veces, atendiendo a todas sus llamadas.
- No me dejes, no ahora no de esta manera.- Le susurró al oído, y le dio un beso en la frente.
Hermione se estremeció, como si le hubieran echado un balde de agua helada. Se incorporó de golpe en la cama, y se tomó la frente.
- ¿Qué paso? ¿Por qué te ríes?- Preguntó, al ver que Harry se sonreía.
- Porque estaba preocupado por ti. Llevas unos quince minutos desmayada. ¿Cómo te sientes?- Dijo el muchacho, mirándola inquisidoramente, pero aun con la sonrisa en su rostro.
- Mareada. ¿cómo llegué a aquí?- Preguntó Hermione, mirando la habitación.
- Te traje en brazos.- Contestó él caballerosamente.- Y antes de que digas nada, el placer es mío. Me alegro mucho de que estés bien.- Dicho eso, se acercó mas a Hermione y le abrazó. La chica suspiró. Le encantaba el perfume que Harry usaba.
- Gracias, caballero de la brillante armadura.- Contestó ella riendo, sin separarse de él.- No se que será de mi el día en que no te tenga.
- Bueno, ese día no llegará nunca. Siempre me tendrás.- dijo el, quien tampoco podía soltarse de ella. Le encantaba la manera en que parecían encajar sus dos cuerpos.
Se produjo un silencio durante el cual se limitaron a... abrazarse, hasta que las tripas de Harry comenzaron a sonar reclamando comida.
- Creo que deberíamos comer algo.- Dijo Hermione riendo.- Yo iré a prepararte.- intentó incorporarse, pero Harry la detuvo.
- Estás realmente loca si crees que te dejaré hacer algo después de lo que te pasó.- Dijo el muchacho seriamente.- Hoy seré yo quien te atenderá. ¿Entendido?
- Si capitán.- Contestó ella, y se volvió a acostar en la cama y tomó un libro de los que Harry había desparramado por la habitación en busca de ayuda.
Harry bajo las escaleras hasta la cocina. Buscó entre las bolsas de comida el pollo que había comprado, pues sabía que a Hermione le encantaba. Lo calentó de la manera que decía en el empaque, lo puso en dos platos, y mediante magia lo subió, junto con una jarra de cerveza de manteca y unas cuantas ranas de chocolate.
Hermione se había quedado dormida en esos minutos, y cuando Harry se sentó en la cama, la chica despertó, y sonrió la ver lo que el muchacho le había preparado.
- Pollo, mi favorito.- Dijo entonces Hermione sonriendo, sentándose también y tomando el plato que Harry le tendía. Estaba algo pálida, pero Harry supuso que pronto se le pasaría. Empezaron a comer en silencio, lo que a Harry le extrañó muchísimo, por el simple hecho de que Hermione no era de esas mujeres que suelen quedarse calladas.
- ¿Te pasa algo? Estas demasiado callada.- indagó el muchacho mirando extrañado a su mejor amiga.
Hermione no contestó de inmediato, sino que se limitó a tragar y a mirar por la ventana. Su rostro tomó entonces una expresión de tristeza, y bajó de nuevo su mirada al plato, donde comenzó a juguetear con los restos del pollo.
- Es que... creo que no puedo postergar mas la charla que tengo pendiente con Ronald. Y no se... que voy a decirle. Pero no quiero que te metas en esto.- Dicho esto, le dirigió una mirada a Harry poco convincente.
- Ya te lo he dicho. No hagas anda que pueda lastimarte. Piensa un poco en ti. No soportaría que después de todo lo que hemos pasado, te obligues a estar mal en una relación por no hacerle daño al otro. Te mereces ser feliz. Si... si Ronald no entiende eso, no te merece.- Tomó una mano de Hermione entre las suyas y continuó.- Te conozco a ti, y lo conozco a él. Son mis mejores amigos y les debo la vida.Y se que tal ves... no se hablen nunca mas. Pero todos nos equivocamos Herms. Date el gusto una vez en la vida de hacer lo que quieras, sin temor a equivocarte, sin pensar en los demás.
-No es tan fácil. Hay tanto en juego. Sinceramente, el error ya lo cometí, al ser yo tan estúpida de haberle dado aquel beso en aquel momento, sin pensarlo demasiado. Pero hacía tiempo que necesitaba eso, y en ese momento en que nuestras vidas corrían tanto peligro no se... pensé que a lo mejor era la ultima oportunidad que tendríamos. Y ahora es demasiado tarde. No encuentro manera de que las cosas terminen bien, porque lo conozco a él y se como son las cosas. En fin, no quiero que digas nada, ni que tomes partido por mi parte. No... no quiero que quedes en el medio. Haz tenido demasiados problemas en tu vida, como para que tengas que cargar con estas especies de tonterías.- concluyó la chica, y volvió a mirar a cualquier lugar menos a los ojos de su mejor amigo
Harry se quedó en silencio. De nada le servía que Hermione de pidiera que no se metiera. No podía no hacerlo. No debía quedarse al margen. Tal ves no se lo dijera a ella, pero estaba esperando el momento justo y propicio para decirle a Ron todo lo que había ido almacenando en ese tiempo.
Pasadas las tres de la tarde, Harry se cambió después de darle a Hermione el gusto de elegirle la ropa, y se aparecieron en el jardín de los Weasleys.

Continuara...

By La Belu Punchi!!! ^^

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Final Del Cap. 6 y principio del 7 (SPOILERS!!!!)


chica miró a su amigo. Este tenía una mirada tierna que ella nunca le había visto usar. Se sentó a sus pies en el sillón, y para su sopresa, el puso sus manos sobre los hombros de la chica. Hermione sonrió: hacía tiempo que nadie tenía ese tipo de consideraciones para con ella.
Y ahora la chica se sumergió en sus pensamientos, mientras miraba un video de un concurso de deletreo al que ella había asistido en tercer grado. ¿Qué le estaba ocurriendo? En aquel momento se sentía la persona mas feliz del mundo. Allí, en el living de sus padres, observando las miradas de orgullo y ternura de ellos y de Harry, sintió que nada superaría aquel momento. Era como sentarse a ver una linda película en familia, y la chica deseo para sus adentros que aquel momento no terminara nunca.
Le parecía mentira que el que ahora la tomaba por los hombros por un momento había yacido muerto en brazos de Hagrid. Más aun se sorprendia de que los adultos de la habitación hubieran comprendido tan facilmente le porqué de su partida, y que la hubieran perdonado con tanta facilidad.
No podía ser más perfecta su vida. O, tal vez solamente si alguien la amara, la amara en serio como nunca nadie lo había hacho. Victor había sido un simple amorio de juventud. Así lo veia ahora. Con la madurez que había adquirido en aquellos meses de ser perseguida junto con su mejor amigo, ahora evaluaba la situación, y llegaba a la conclusion de que su romance con el famoso jugador de Quidditch habia sido una idiotes de adolescente.
Y bueno... también estaba Ron. A veces creía que si lo queria, que hasta lo amaba, y por momentos pensaba que Ron había sido solo un "algo en que creer", era como tener esperanzas de que algo la esperaría despues de Voldemort, que sería completamente feliz. Ahora entendia que con quererse no bastaba. Ella no dudaba del amora de Ron. Ni siquiera del de ella. Pero simplemente no podían estar juntos. Eran completamente incompatibles. No como con Harry. Y ahi entraba a comparar a los dos muchachos. Y se sentía la peor persona del mundo. ¿Quien era ella para comparar a nadie? Y mas aun decretar quien era mejor o quien peor. No, no debia hacerlo jamas. Sobretodo porque... porque en aquellos momentos en que se olvidaba de lo moralmente correcto, Harry siempre terminaba ganando la terna.
El video había concluído y Hermione despertó del ensueó al escuchar la vos de su padre hacer la ultima pregunta que ella hubiera querido escuchar.
- Y dime Harry... ¿consideras que Hermione fue... fundamental para ti?
- No fue fundamental.- Contestó el muchacho, y miró a Hermione ahora. Los ojos verde esmeralda y los pardos se cruzaron. La chica sintió una punzada de dolor al pensar que su amigo no la valoraba, pero antes de que se lo ocurriera contestar algo, Harry desvió su mirada a los Sres. Granger que ahora lo miraban con sorpresa, y agregó.- Todavia lo es, y lo será siempre.
Sonriendo, apretó sus manos en los hombros de la muchacha, y ella le sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
- Entiendo ahora porque él es tu mejor amigo.- Contestó la Sra. Granger, y tanto ella como su marido se quedaron por un segundo contemplando como su hija unica miraba con adoración y cariño al chico que durante meses la había alejado de sus brazos. Aquello iba mas alla de una simple amistad, por mucho que los adolescentes no se dieran cuenta.

Ya era de noche. Harry estaba sentado en la terraza de Hermione esperando a que esta se despidiera de sus padres que se iban a dormir. La vista desde aquel sitio era increible. Las cientos de luces de los edificios de Londres transmitian una energia inexplicable, y sin embargo la calma y la quietud lo abarcaba todo. Escuchó pasos en las escaleras, y vio a Hermione subiendo con dos vasos de chocolatada fria.
- Esto es sencillamente hermoso.- Dijo el chico, haciendo referencia a la vista que había desde la terraza.- Comprendo cuando veo este tipo de cosas porque los magos se extrañan tanto con los muggles. Esto también parece por arte de magia. ¿No lo crees?
- Hay muchas cosas que me trasmiten eso. Cosas simples pero que a su ves son indispensables. La magia va mas alla de las varitas y los encantamientos, hay magias que no pueden ser controladas. ¿Comprendes?- Preguntó la chica que ahora se había recostado en una manta en el piso.
- Claro que si. Los sentimientos de las personas son un ejemplo. Son tan... impredesibles.- Dijo Harry, quien ahora pensaba en mas profundidad lo que Hermione le acababa de decir.
- Yo creo que el ser impredesibles los hace mas bonitos o mas feos, de acuerdo con el sentimiento en si. Por ejemplo, cuando uno siente amor, asi de un momento a otro, y tiene la necesidad de saber si la otra persona se lo corresponde... eso es muy bonito. Pero cuando ese amor de pronto termina... por que si digamos, sin explicaciones, es demasiado horrible.
- ¿Lo dices por algo en especial?- Indagó Harry
- Sabes porque lo digo. Tu no puedes decir mucho, despues de todo, a ti te paso lo mismo con Cho.-
Contestó astutamente Hermione. Se giró entonces para mirar directamente al muchacho a los ojos, y agregó: - O con Ginny.
Harry la miró extrañado. Si no hubiera conocido tan bien a su mejor amiga, en ese momento hubiera creido que ella era capaz de practicar la Legeremancia. Esa era el tipo de actitud de Hermione que la hacia un poco extraña. No le molestaba. Al contrario, a veces era mejor que ella tuviera esas habilidades, asi el chico no debia expresar oralmente las cosas que lo perturbaban.
-No se como haces para saberlo todo.- Dijo simplemente el muchacho, y desvió su vista hacia el cielo de nuevo.
-¿Esa es tu manera de decirme que tengo razón en lo que dije?- Preguntó ella, que ahora se había incorporado buscando la mirada perdida de su amigo.- ¿Qué pasa Harry? ¿Quieres contármelo?
-Si y no.- Dijo Harry.
-Esta bien. Entiendo que te sientas incomodo hablando de esto conmigo. A veces odio mi incertidumbre. ¿Por qué diablos tengo que saberlo todo?.- Contestó la chica, hablándose a si misma.
Harry comenzó a reir con ganas.
-No entiendes nada.- Le dijo, secándose las lagrimas de los ojos, y mirando la cara de extrañes de su amiga.- En primer lugar, tu incertidumbre te hace, en buena parte, la maravillosa persona que eres. En segundo lugar, no pienso contarte nada de Ginny porque tu no me cuentas nada de Ron.
-Pero Ron es tu mejor amigo! Seguro que diez segundos después estarías contándole todo.- Dijo ella con cara enojada.
-Y Ginny es la tuya! ¿adonde está la diferencia? Ademas, ustedes son peores que nosotros.- Contestó Harry aun sonriendo.
-No seas idiota. Ginny no es mi mejor amiga. Lo era, pero desde hace tres meses que no me habla. Y no me preguntes porque, porque a mi también me encantaría saberlo.
-Oh... bueno... pero no sabría que decirte.- Dijo Harry tratando de cerrar la cuestión, pero la cara de su amiga le decía claramente que esperaba algo mas como respuesta.- Yo la quiero, es obvio que la quiero. Y ella... es muy importante para mi. No dudo de ninguna de las dos cosas. Pero no creo que... que seamos el uno para el otro. No lo siento asi. No podemos vivir juntos mas de dos o tres dias porque comenzamos a aburrirnos, a tratarnos mal, a pelearnos. Y nos faltan muchas cosas por conocer el uno del otro, pero si no podemos tolerarnos, ¿cómo vamos a hacerlo?
-Menos mal que no sabías que decirme.- Contestó una Hermione que lo miraba ahora realmente sorprendida.- en verdad creí que las cosas entre ustedes estaban algo raras, pero que al final todo estaba bien. No creí que la cosa fuera tan... seria.
-Si... bueno en realidad lo he pensado pero no demasiado. Y no se lo he dicho a nadie mas que a ti. Así que... siéntete honrada.- concluyó el con una semi-sonrisa en los labios.
-No creas que lo mío con Ron es muy distinto. Debo reconocer que yo no soy para nada fácil, ¡pero él es tan cambiante! Me parece increíble a veces que sea la misma persona. Y entonces debo despertarme cada mañana y preguntarme que persona será hoy para saber como reaccionar ante el , como tratarlo para evitar peleas. Y muchas veces se pone... agresivo, y plantea discusiones sin importancia, pero dice cosas que a mi me lastiman. En definitiva, sigue siendo el mismo Ron de siempre, pero yo albergaba la esperanza de que aunque sea por nuestra relación ceda en algunas cosas. Yo lo hice, yo deje de lado mi... mi petulancia, como él la definía, y por lo menos intenté ser mas dulce con él. Y dejé de escribirle a Víctor, hace mas o menos un año y medio que no contesto a ninguna de sus cartas porque sabía que a Ron le molestaba. Pero no puedo encontrar la manera de que se sienta completamente cómodo conmigo, siempre queda algo que no le agrada. No se que hacer.- Concluyó la chica bastante apenada.
Harry la miró. Por un segundo, olvidó completamente que Ron era su mejor amigo, y se enfureció tanto con el prelirojo, que de no ser porque su reloj ya marcaba la medianoche, se hubiera aparecido en la Madriguera y le hubiera undido la cara en un golpe. ¿Porqué tenía que ser tan tonto? ¿Acaso no se había pasado años peleando con Hermione por estupideces, y ahora no era capaz de dejar sus caprichos de lado para hacerla a ella feliz?
- Lo que mas quiero en el mundo es tener una vida tranquila, normal. Feliz, si se puede.- Dijo Harry rompiendo el momentaneo silencio, y al mirar a Hermione se dio cuenta de que una lágrima caía por su mejilla. El la secó, y continuó diciendo.- Y quiero verte feliz. Te lo mereces, realmente te lo digo. Y a Ron también. Se que se quieren, no se en realidad cuanto, pero si sientes que te hace mal, no sigas haciendote peor. Es tan simple y tan complicado como eso.
Él le sonrió, y ella tomó la mano que el muchacho había puesto en su mejilla. Era extraño, pensó Hermione, como siempre, la final de cuentas, Harry era el único que se preocupaba por ella, por verla feliz.
Sus manos cuadraban a la perfección, y se miraron por unos instantes sin saber que decirse. Hasta que Hermione tomo la palabra:
- Hacía mucho tiempo que no me divertía como lo hice hoy. Y quería agradecerte por eso, y por venir aquí, en verdad es muy importante para mi que tu... estés presente en todos los aspectos de mi vida.- Dijo la chica, que ya había terminado de llorar, pero aun así aferraba la mano de su mejor amigo como si su vida dependiera de ella.
-No hace falta que me agradezcas. El placer es mío. Y tus padres son geniales. De verdad que si.- Dijo él con una sonrisa. Le dio un pequeño apretón a la mano de Hermione, y se paró.- Bueno, debería irme. Ya es bastante tarde.
-Si tienes razón.- Dijo ella, y también se incorporó.- Prométeme que me tendrás al tanto de todo, sobretodo de la cuestión de Teddy. Me interesa mucho a mi también. Y que te cuidaras con las comidas, y...
-Si mamá me portaré como es debido. Déjame irme ahora.- Contestó el riendo. Y entonces, al contrario de lo que generalmente ocurre en aquellas ocasiones, Harry abrazo a Hermione antes de que esta lo abrace a él. La chica se sonrió. Aquel tipo de reacciones eran las que mas le gustaban de su mejor amigo. Él la soltó, ella le dio un beso en la mejilla, se dijeron adiós, y con un suave “Plop!” Harry desapareció.
Hermione se volvió a sentar en la manta del suelo, mirando a las estrellas. Sintió entonces que desde hacía tiempo no era tan feliz como en aquel momento. Y el único responsable de aquella felicidad era Harry. Con aquellos pensamientos, se quedó dormida.
A pocos kilómetros de distancia, el muchacho de ojos verdes se metía en la cama, y colocaba su nueva gorra en la mesita de luz, sin poder evitar sonreír. Se quedó largo rato mirando al techo, y entonces se dio cuenta de que estaba feliz. Muy feliz. Hacía varios meses que no se sentía así, y pensó que Hermione se merecía el cielo por haberlo puesto de aquella manera. Y rememorando aquel día, tratando de grabarlo en su memoria, el también se quedó dormido.

Capitulo 7: tomemos el té.


Habían pasado tres días desde que Harry había ido a Londres a visitar a Hermione. Por algún extraño motivo, amaba su nueva gorra. Nunca había tenido una, y aquella tenía además la carga de haber sido confeccionada especialmente para él por su mejor amiga. Si a eso se le sumaba que la gorra ocultaba su cicatriz, aquel se transformaba inmediatamente en al regalo perfecto.
Harry estaba desayunando algo de pollo que le había sobrado de la noche anterior, y se sonrió al pensar lo que Hermione le habría dicho si lo hubiera visto desayunando aquello. Pero su pensamiento se interrumpió al ver la inconfundible silueta de una lechuza que se acercaba a su ventana. Harry se paró sobresaltado, puesto que hacía días que esperaba la contestación de la Sra. Tonks. La lechuza se fue acercando, y Harry se dio cuenta de que no era otra si no Pig, la mascota de Ron. La sonrisa se borro bastante de su cara, y se apartó de la ventana para que Pig pudiera entrar.
Ésta dejó la carta sobre la cama, y sobrevoló la habitación buscando donde posarse. Eligió la parte superior del ropero de Harry, y se quedó mirándolo. Harry tomo la carta, y la abrió. Se dio cuenta de que la caligrafía no era ni la de Ron ni la de Ginny, si no que le parecia conocida, pero estaba escrita muy rápidamente por lo que Harry no recordaba de quien era. Pensó que la manera mas facil de averiguarlo era leyendo la carta, así que comenzó.
"Querido Harry: Espero que estés bien. Imagino que debes sentirte muy solo, y que ademas esa casa no debe fomentar mucho tu buen humor. Te preguntaras tal vez porque te envío esta carta, y la verdad es que mas alla de que estoy preocupada por ti, los que mas me preocupan son mis hijos, Ginny y Ron. Desde que volvieron de Hogwarts, se la pasan todo el tiempo cada uno en su habitación, no dirigen la palabra a nadie a menos que se les pregunte algo, y tienen un aspecto enfermiso que no me agrada. Lo que quiero entonces es pedirte un favor: que vengas mañana a la tarde a tomar el te a casa. Ya invite a Neville, a Luna y a Hermione. Tanto Neville como Luna han respondido que vendrán, y me gustaría entonces que tu y Hermione vengan. Tengo que pedirte ahora lo siguiente: no se como estan las cosas entre ustedes cuatro, pero recuerda Harry que si lo haces lo haras por mi, porque quiero ver a mis hijos bien, despues de todo lo que tuvieron que pasar.
Avisame cuando puedas, mis mas sinceros cariños.
Molly."
Harry lo pensó solo un instante, tomó su pluma y escribió al reverso: "Por supuesto que ire, y llevare algo de comer. Mis cariños a Usted. Harry."
Llamó a Pig, le dio la carta, y la vio partir hasta que se perdió en el horizonte.
Se tiró en la cama, y se sintió la persona mas egoísta del mundo.


Continuara...


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sábado, 8 de diciembre de 2007

Continuacion Cap. 6 (Spoilers!!!) =)


El ciervo plateado apareció. Harry estiró su mano e intentó tocarlo, pero no lo logró. Solo sintió una leve brisa cálida en tus dedos, pero aun así el ciervo inclinó la cabeza como suelen hacer los animales al acariciarles la cabeza.
-Escucha- Le dijo Harry a la criatura al salir de su ensimismamiento.- Necesito que le lleves un mensaje a Hermione de nuevo. Dile lo siguiente: "¿Como estas? ¿Como salió todo? Estoy un poco preocupado por la ausencia de noticias. De todos modos, yo estoy bien. La verdad es que no me gusta estar solo, y comienzo a aburrirme. Los extraño a todos, y extraño que me retes. En fin, cuando puedas, contéstame. Te quiere, Harry." ¿Entendido?- Le preguntó al ciervo.
Este asintió y se marchó, atravezando las paredes para salir a la calle.
Habían pasado menos de cinco minutos, cuando la nutria plateada de Hermione entró en la habitación, y Harry se acercó al animal.
Ésta comenzó a hablar con la voz inconfundible de Hermione:
"Estoy mas que bien, ya he hablado con mis padres y todo ha vuelto a la normalidad. Están muy orgullosos de nosotros, y realmente no puedo creer que no se hallan enfadado. Anota ésta dirección: (La nutria hizo una pausa yHarry tomó un trozo de pergamino que le había sobrado de la carta a la señora Tonks),Calle Bedford número 48. Ven mañana a las 9, y vístete bien: conocerás a mis padres.
Te quiere, Hermione."
La nutria se desvaneció y Harry, sin pensarlo dos veces, se decidió a ir, sin reflexionar ni un minuto en las posibles consecuencias.
A la mañana siguiente, Harry se desperto a las 7. No sabía cuan largo sería el viaje a la Casa de Hermione, por eso prefería ir con tiempo. Lo primero que hizo fue bañarse. No le agradaba mucho la idea, porque en realidad no le agradaba el baño. Era muy antigua, y hacía tiempo que nadie lo usaba. Harry tenía el presentimiento de que las cañerías y la bañera se desintegraban cada vez que el agua las tocaba. Cuando terminó, intentó a aplastarse el cabello, sin ningún resultado.
Buscó en su baul sus mejores pantalones y una camisa celeste que sabía que a Hermione le agradaba, puesto que ella se la había elegido en una visita a Hogsmade. Se puso algo de perfume, y salió, sin siquiera avisarle a Kreacher.
Le parecía que lo mejor era ir en un taxi muggle. La tarde anterior había cambiado un poco de dinero, y descubrió que salía ganando, ya que el dinero de magos era mas caro que el de los muggles.
Caminó tres cuadras hasta la parada, y esperó unos quince minutos el taxi. Se alegraba ahora de haberse despertado temprano, porque para ese entonces ya eran las ocho y diez. Le dijo al taxista la dirección, y éste lo miró por el espejo retrovisor, fijando su vista en la cicatriz del chico. A Harry no le gustaba nada que le miraran la cicatriz, sobre todo en el mundo mago, pero luego pensó que para los muggles tambíen resultaba interezante.
-Lindo barrio al que vas.- Dijo el taxista.- ¿Vas al médico, no es cierto?
- No,- contestó Harry, contento de que la conversación desviara la atención del taxista de su frente.- Iré a visitar a una amiga, sus padres son dentistas.
- Claro. Bueno... si, ese barrio es principalmente de consultorios y sanatorios.- Explicó el taxista. Miró entonces nuevamente la cicatriz de Harry, y agrego:- ¿Sabes? Nunca había visto una cicatriz como esa. Es muy extraña, y su forma es muy... perfecta. No quiero ofenderte, pero me recuerda a las marcas del ganado. ¿Cómo te la haz hecho?
A Harry le pareció que el taxista era una estúpido entrometido. Pero aún así, contestó:-No lo se, de pequeño supongo. Recuerdo haberla tenido siempre.- Dijo simplemente, como para darle fin al tema. Después de todo, pensó, el taxista no estaba muy equivocado: era bastante parecida a las marcas del ganado, no en forma, si no en fin. Allí era donde Voldemort lo había "marcado como a su igual". Para estas alturas, Harry estaba bastante nervioso.
- Y esta amiga tuya... bueno... ¿que intenciones tienes?- Preguntó el taxista.
- Ninguna, sólo conocer a sus padres. Tengo novia... quiero decir, otra chica es mi novia.- Definitivamente, el taxista no le caía para nada bien. Estaba deseando llegar lo más rapido posible, y si hubera sabido el camino, se habría bajado y hubiera seguido lo que le faltaba caminando.
Tal vez el taxista leyó su mente, o simplemente vió la cara de fastidio de Harry, porque de ahi en adelante no habló mas, hasta llegar a una calle estrecha y poco iluminada, producto de los altos edificios que la ensombrecían.
-Calle Bedford, numero 48.- Dijo el taxista.- Son nueve euros.
Harry buscó en sus bolsillos y pagó el taxi.
-Adios,- dijo al bajar.
- Adios Harry Potter.- Dijo el taxista, y se marchó rápidamente. Harry se quedó perplejo: ¿cómo sabía un simple muggle su nombre? ¡Si él no se lo había dicho en ningún momento!Se dió vuelta, y vió una casa de dos pisos, con una puerta de vidrio en el frente que tenía un cartel que decía: "Jane y Lucas Granger. Odontólogos". Harry tocó y una cabellera castaña apareció de inmediato. Antes de que pudiera decir “Hola” , los brazos de Hermione ya le rodeaban el cuello. Harry le palmeó la espalda, como acostumbraba a hacer ante aquella típica reacción de Hermione, que precedía a la verborragia de la muchacha.
- ¿Como estás?- Le preguntó esta, pero antes de que Harry contestara, había comenzado a hablar de nuevo.- ¡Mirate! Te haz puesto la camisa que yo te elegí, y ademas planchaste tus pantalones. ¿Que acaso vienes a pedirle mi mano a mi padre?
Ambos rieron ante la idea. Hermione hizo señas a Harry para que subieran la escalera que conducía al segundo piso.
- Bueno dime, ¿como haz estado?- Volvió a preguntar.
- Bien... creo.- Dijo Harry.- A decir verdad, la vida de solitario no es lo que yo creía.
- Sabes, yo estaba muy asustada por ti.- Dijo entonces Hermione.
-¿Porque? Por si no lo sabías, hemos derrotado a Voldemort, y con eso el peligro de mi vida se ha reducido a un... cero porciento.- Le contestó el chico.
- Si, claro, pero olvidas un detalle: sabes manejar el peligro, pero no creo que sepas manejar una cocina... o una escoba real, para barrer y no para volar.
- ¡Que poco me conoces!- Dijo Harry riendo.
Había llegado al piso superior, y en cuanto Hermione abrió la puerta, una nube canela corrió a los pies de Harry y se acarició en su pantaló.
-Hola Crookshanks.- Dijo el muchacho, y le acarició la frente al gato.
- Ha estado insoportable. Está muy acostumbrado a salir, ya que en Hogwarts se pasea a sus anchas. Pero aquí no puede. En fin... esta es mi segunda casa.- Dijo Hermione y señaló el lugar.
Era un ambiente grande para ser un departamento. Tenía un comedor conectado a la cocina por una ventana interna. Mas adelante tenía un pequeño living con un televisor. Las fotos de Hermione con sus padres inundaban el lugar, y todo estaba decorado con un estilo indu, ademas de estar limpio y cuidado.
- Es fantástica.- Opinó Harry, y comenzó a mirar las fotos que había en los muebles. Le llamó la atención una en donde Hermione, con unos siete años, estaba vestida de bruja, con el típico disfraz que los niños usan en noche de brujas.
- Siempre me interesó la magia de pequeña.- Dijo Hermione, que había terminado de servir jugo en dos vasos, y le daba ahora uno a Harry.-Tal vez, no se... la sentía ya como parte de mi.
- ¿Adonde quedó esta niña tierna?- Preguntó el muchacho con tono de broma cuando volvió a colocar la foto en su lugar, y tomó el vaso.
- Supongo que la perdí cuando a los dos meses de entrar en Hogwarts ya andaba persiguiendo a Voldemort. Y en parte, ustedes tienen la culpa.- Contestó Hermione.- Mis padres están atendiendo los pacientes de nuevo. Se desocuparan para las tres. Así que terminaré de mostrarte la casa, y luego podemos salir a caminar, almorzar algo por aqui. ¿Quieres?
- Por supuesto.- Dijo Harry.- Y dime... ¿como están tus cosas?- Agregó el muchacho. Se miraron un momento, y Hermione supo que en realidad le estaba preguntanto por Ron.
- No lo se.- Contestó ella.- No he hablado con nadie mas que contigo. A decir verdad, eres el único que se ha preocupado por mi, y yo no ire a buscar a nadie.- Con esto, Harry interpretó que su amigo no había escrito aun a Hermione, pero el tono frio de la vos de la muchacha le hizo entender que a ella no le importaba demasiado, o al menos intentaba no demostrarlo.- Y tu... ¿Hablaste con alguien?
- Si, le envié una carta a Ginny. En realidad, contesté una que ella me envió. No se si fue mejor o peor, pues la carta fue lo que me terminó de deprimir.- Dijo Harry.
- No quiero ni pensar como estarán las cosas por alla. Y por aqui. -Agregó Hermione y señaló el pecho del chico.
- No lo se. Me hice una lista de prioridades, ¿sabes?.- Contestó Harry.
- Ah... ¿si?- Preguntó ella interesada y se sentó en el sillón. Harry la imitó.
- Si,- continuo el muchacho.- En primer lugar, quería saber como estaban las cosas con Teddy, que era de él. Necesito conocerlo, no sabría explicar por que. Siento una especie de... conexión con él muy especial.- A Harry le agradaba mucho compartir estas cosas con Hermione, puesto que ella siempre había sido muy buena oyente y consejera.
- Bueno, es comprensible.- Contestó la jovencita,- La historia de él será muy parecida a la tuya. Sin profecías o cicatrices en al frente, pero si hay alguien que puede acompañarlo en la angustia de crecer sin padres, ese eres tu.- Finalizó.
- Es lo mismo que pensé yo.- Dijo Harry.- Pero, no se... nunca he tratado con bebes, o con niños pequeños. No se como manejarme.- Confesó el chico por primera vez.
- Oh eso no es problema, se aprende con el tiempo y la práctica. Ademas, yo puedo ayudarte.- Lo consoló Hermione.
- ¿De verdad... harías eso por mi?- Preguntó Harry.
- Harry, creí que lo había entendido: Haría lo que sea por ti.- Contestó la muchacha.
Y le sonrió. Harry le devolvió la sonrisa. En verdad no sabía que decirle.
- Bueno, yo también haría lo que sea por ti. Pero no he tenido la posibilidad de probarlo como lo haz hecho tu.- Dijo el muchacho, ruborizándose un poco.
-Me encanta hacerte pasar malos momentos. Y me encanta que me digas este tipo de cosas, siendo que... no soy tu novia ni nada parecido.- Dijo Hermione sonriendo.
- Si... lo se. Tampoco me incomoda demasiado... es sólo decirte la verdad.- Dijo sinceramente el muchacho.- Bueno... mi segunda prioridad es arreglar la casa. Sencillamente, me da miedo vivir ahí. Tenía pensado en que tal vez podías ayudarme cuando vayas a pasar un tiempo conmigo allí. No se... tal vez te agrade, y se que a Ginny no le gusta para nada. ¿Te molestaría?
- No, claro que no. Me encanta decorar. Puedes empezar viendo mi habitación... está decorada exclusivamente por mi. La he ordenado para que puedas caminar en ella.
- De acuerdo.- Contestó el muchacho, y la siguió.
Subieron la escalera hasta una especie de guardilla, donde Hermione abrió la puerta. Lo primero que invadió a Harry fue el perfume que la chica solía usar. El cuarto era grande y circular, y la mayoría de sus paredes estaban cubiertas con grandes ventanales que daban a la calle, y dejaban entrar la luz del sol. Harry comenzó a caminar por la habitación, con Hermione siguiéndolo, y explicándole cada uno de los detalles.
- Ésta es la carta de Hogwarts. Y en esta caja están todas las que me han mandado ustedes, o las tarjetas de cumpleaños, y aquella pared... es la que más me gusta.- Dijo la chica, y señaló la pared continua a la puerta, a la que Harry no había prestado atención. Cientos, tal ves miles de fotos en movimiento, se amontonaban en las paredes. Había también un escudo enorme de Hogwarts, y banderines con los colores y el Leon de Gryffindor. Harry se acercó a la pared para mirar mejor. Había fotos de su primer partido de Quidditch, de algunas navidades y pascuas, de cumpleaños de Hermione en la torre Gryffindor, y unas muy lindas que Colin había tomado de ella, Harry y Ron una tarde en el lago. Tenía una también con Victor Krum en la noche del baile, que en una esquina tenía, con caligrafía muy cerrada, una firma que decía: “Para la chica mas linda de Hogwarts, con cariño, Victor”. Hermione se sonrojó un poco cuando notó que Harry leía eso, y el muchacho desvió la vista inmediatamente hacia otra foto, donde estaban Luna, Ginny y Hermione tomando un helado en Hogsmade. Había fotos del equipo de Quidditch y Hermione le había escrito arriba “Siempre campeones”. Tenía también fotos de la Orden del Fénix, del E.D., y algunos fragmentos de libros. Harry se acercó para leer mejor, y se dio cuenta de que todos hablaban de él. Había frases como “Desde el día en que Harry Potter se salvó de la maldición asesina con la que El Que No Debe Ser Nombrado trató de liquidarlo, provocando así la desaparición del segundo, será el muchacho recordado como `El niño que vivió´”, y muchas más de ese estilo.
- No puedo creerlo...- dijo el muchacho.
- Yo... lo siento Harry, de veras que si. Pero debes entender, amo los libros, y ver que tu mejor amigo aparece en la mitad de ellos es un orgullo y... bueno... no quisiera que pienses que soy... una loca, o una maniática...
- Hermione... esto es lo más maravilloso que vi en mi vida.- La interrumpió Harry. Era cierto. Aquella pared era una mescla entre el espejo de Erised y el pensadero de Dumbledore. Se resumían en ella los mejores momentos de los últimos siete años de Hermione, y Harry pensó que perfectamente esa pared podría estar en su casa, exceptuando la foto de Krum. El muchacho se sentía profundamente agradecido al ver el cariño que Hermione le tenía. Le parecía incríble que alguien lo tubiera tanto en cuenta.
- A mi... la verdad es que me encanta.- Dijo Hermione.- No hay nada que me guste más que pararme frente a esta pared y ver las fotos moverse. Sólo es superado por el hecho de estar con las personas de las fotos. No es gran cosa la verdad.
- Es fantástico. Nunca se me había ocurrido.- Agregó Harry. Se dió vuelta para mirar a su amiga, y notó que esta se había sonrojado mucho, y que ahora miraba a la ventana, en realidad para no mirar a Harry.- Bueno... ¿Que quieres que hagamos?- Preguntó el muchacho para cambiar de tema.
- Podemos salir a caminar si quieres.- Sugirió Hermione.
- Está bien, vamos.
Bajaron la escalera hacia la calle, y salieron al día primaveral que ahora se les presentaba. Caminaron un rato hasta llegar a un centro comercial, que estaba a unas seis calles de la casa de Hermione. Harry había ido a uno sólo una vez en su vida, pero definitivamente no se le parecía en nada a ese: tenía unos seis pisos, y miles de tiendas de distintos rubros. Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia.
Iban tomados del brazo, cuando vieron un anuncio en el periódico muggle: "Los tres adolescentes que salvaron a la nación". Se detuvieron a leer la noticia. Era un pequeño segmento, que no ocupaba ni siquiera un cuarto de hoja. El artículo decía: "Nos ha llegado la información a la redacción del diario de que tres adolescentes de entre diecisiete y dieciocho años, habrían echado a perder los planes de un conocido terrorista, el cual por seguridad no vamos a dar el nombre. Según información certificada por los servicios de inteligencia del gobierno, estos adolescentes fueron de vital importancia para la seguridad nacional, y serán condecorados dentro de poco tiempo. No hay detalles del ataque ni de lo que estos chicos hicieron, pero un militar de alto rango de la armada asegura que sin ellos no habrían podido capturar al terrorista. Estos son ellos: Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley, quienes estudian en un colegio de frontera."
Debajo del artículo, había una foto de ellos tres, de hacía unos dos años atras, que obviamente no se movia.
Tanto Harry como Hermione se habían quedado perplejos. Esta apretaba tan fuerte el brazo del muchacho, que se le había dormido.
- Harry... somos...- Dijo Hermione, sin poder contener la emoción de su vos.
- Nosotros.- Terminó la frase él.´
- Pero... ¿Cómo es posible?- Preguntó la chica, que ahora tomaba el diario en sus manos, y observaba la inmovil foto.- ¿Cómo pueden saberlo?
- Bueno... el primer ministro muggle lo sabía. Sabía lo correspondiente a Voldemort y todo lo demás. Supongo que alguien... le contó.- Sugirió Harry, que ahora buscaba dinero muggle en su bolsillo para pagar el diario. El diariero los miraba con cara fea, ya que Hermione se había alejado con el diario y Harry aun no lo había pagado.- ¡Esperame Herms!
La chica se paró en seco, y se dió vuelta extrañada.- Nunca me llamaste "Herms". Ronald es el único que lo hace... hizo.- Se corrigió.
- ¿A si? Yo creí que... que no te molestaría.- Se apresuró a decir el muchacho, un poco sonrojado.
- No no me molesta, me pareció extraño simplemente porque... bueno, porque nunca lo habías hecho.- Dijo Hermione, y lo volvió a tomar del brazo. Se quedaron los dos en silencio, y miraban las vidrieras sin decir nada.
Llegaron a la juguetería muggle, y Harry, a quien siempre le habían gustado, pensó que después de ver la del , ya no le gustaban tanto las muggles.
- ¿Sabes? -Le dijo Harry a Hermione,- La otra tarde fui al Callejón Diagon, a comprar una lechuza y a sacar un poco de dinero, y entré en la juguetería.
- Juguetería?- Preguntó Hermione, quien ahora miraba una cartera bordada desde la vidriera de un local femenino.- ¿Una juguetería de magos? No la había visto nunca en el Callejón... que yo recuerde. Digamos Harry que estas algo grandecito para juguetes... no te parece?
- Te creía mas inteligente. ¡No eran para mi! Eran para Teddy.- Contestó el muchacho, y comenzó a relatarle la historia. Ya habían entrado al local, y Hermione seguía mirando la cartera con muchisimo interes.
- ¡Y después de comprarle todo eso tienes la decencia de decir que no serás un buen padrino!- Rió Hermione, que se había desilucionado al ver el precio de los artefactos, y había salido del local.
- Bueno, no todo se mide en regalos mas, regalos menos.- Dijo Harry.
- Ese es el típico pensamiento que tú tienes y Ron no. -Contestó misteriosamente la chica.- En fin, no quiero hablar de él. A lo que voy es que te preocupas mucho por el chico. Y eso es realmente lo que cuenta. Estas loco por ganarte su cariño. ¿O me equivoco?
- No claro que no. A decir verdad, pocas veces te equivocas. Eso me enferma bastante.- Dijo Harry, y ambos se rieron.
- ¡Aquí quería llegar!- Saltó Hermione, y señaló un local enorme, todo pintado de amarillo.
- ¿Qué es esto?- Preguntó Harry.
- Es uno de esos locales donde puedes preparar tu propia ropa. ¿Lo ves? Puedes hacer gorros, remeras, lo que quieras.- Contestó la chica.
- ¿Y que quieres hacer? ¿Quieres hacerte una remera?
- Estaba pensando en que tu me la hagas...- Dijo Hermione.
- ¿Yo?- Preguntó el muchacho.
- Si! Yo te hago una a ti... y tu me haces una a mi.
Harry dudó un minuto, pero por alguna extraña razón, recordó la pared de la pieza de Hermione, y el afecto que esta le tenía, y no pudo negarse.
Entraron al local, y un muchacho rubio se les acercó, y comenzó a explicarles como funcionaba el sistema. Primero debian diseñar en la computadora la remera o el gorro, y en unos minutos la imprimian sobre la tela. A Harry no le gustó para nada la manera en la que el muchacho miraba a Hermione, pero no súpo en ese momento explicarse por qué.
Cada uno se sentó entonces en una computadora distinta. Harry había usado una sola vez en su vida aquel artefacto, y pensando un poco en lo que diría el Señor Weasley si lo viera en esa situación, intentó arreglarselas solo.
Paso mas o menos una hora cuando ambos chicos salieron del local.
- Bien,- Dijo Hermione,- Es hora de intercambiar bolsas.Y tendió la suya a Harry. El muchacho la tomó y a su vez le dió la suya a ella.
Ambos las abrieron al mismo tiempo, y Hermione se echo a reir con fuerza. Su remera era de un color rosa brillante, y con unas letras doradas decia: "Pregúntame lo que quieras, soy el cerebro del Siglo." Ademas tenía un monton de estreyas y pequeñas flores al rededor.
- Grcias Harry es lo mas lindo que me han regalado.- Dijo la chica.- El tuyo parecerá un poco feo al lado del que tu me hiciste.
- A mi me encanta.- Contestó Harry, quien ahora se ponía la gorra color Rojo oscuro que Hermione le había regalado, que llevaba la inscripción: "I survive" con letras plateadas.
Rieron otro largo rato, y luego de almorzar, volvieron a la recidencia Granger.
Por algun extraño motivo, Harry estaba bastante nervioso.
Entraron de nuevo en el departamento, y el olor al te recién preparado los inundo.
- Tu debes ser Harry.- Dijo entonces una señora algo bajita, con la misma cabellera que Hermione, pero con unos ojos celestes verdaderamente hermosos.- Es un gusto conocerte. Yo soy Jane, la madre de Hermione.-
- El gusto es mio Sra. Granger.- Dijo Harry, y le tendió la mano, que la mujer no tomó, si no que transformó rápidamente en un abrazo similar a los de su hija.
- Ya sueltalo mamá, vas a afixiarlo.- Dijo Hermione riendo.
La mujer lo soltó, pero continuó mirando a Harry como quien ve una maravilla de la naturaleza.
- Oh hija no has sido para nada justa con él. Es mas guapo de lo que contabas.- Agregó la mujer.
Tanto Harry como Hermione adoptaron un color rojo similar al del uniforme de Gryffindor. Se barió la puerta que daba a la calle, y un hombre alto y rubio entró, seguido por Crookshanks.
- Buenas tardes, Lucas Granger un gusto conocerte.- Le dijo a Harry con una vos grave, y le tendió la mano.
- Buenas tardes señor Granger. Soy Harry Potter.- Dijo estes y tomño la mano que el dentise la tendía.
- Por supuesto que se quien eres. ¿Que acaso no vivo con tu fan número uno?
- PERFECTO. ¿Quieren hacerme quedar peor?- Interrumpió Hermione, y se metió en la cocina.
El Sr. Granger pareció dudar un minuto la posibilidad de contestarle a su hija o no, y prefirió entonces tomar aciento, e invitar a Harry a su lado.
- Pues dime Harry, ¿Quieres un te, un cafe, jugo?- Preguntó la Sra. Granger.
- Aquí le traigo mamá, no le gusta el jugo de naranja, prefiere el de calabaza.- Dijo Hermione un poco fastidiada.
- Ah esas maravillas que nuestra hija trae del mundo de ustedes!- Dijo el Sr. Granger.- Adoro esas pequeñas ranitas de chocolate, son mis preferidas. Aunque aquellas grajeas de todos los sabores no son muy recomendables no te parece?- Preguntó a Harry.
- Bueno... cuando uno vive en el mundo de los magos, terminas acostumbrándote a ese tipo de extravagancias.- Contestó Harry sonriendo.
- Jajajaja! Es un chico muy astuto. No te parece Jane?- Dijo el Sr. Granger a su esposa.
- Absolutamente.- Afirmo ella.- Herms hija... podrías ayudarme en la cocina?
- Si mamá.- Contestó Hermione, sabiendo que en realidad lo que su madre quería era hablar de Harry sin que el chico lo notara. Ambas se metieron en la cocina, y dejaron al muchacho explicandole al dentista en que consistía le Quiddich.
- Por Dios hija es divino!- Exclamó la madre en vos baja, mientras ponía unos pequeños emparedados en una bandeja y miraba con demasiado interes la nuca de Harry.- Entiendo ahora que lo quieras tanto.
- Que dices? Harry y yo sólo somos amigos mamá, los mejores, pero amigos en fin. El tiene novia, está muy enamorado. No digas tonterías.- Concluyó la muchacha, que ahora ponía papas fritas en un recipiente.
- ¡Oh no se que le pase a él, pero en cuanto a ti... esos ojos hija no saben mentir! Y no solo los ojos, son tus acciones las que lo demuestran. No lo sigues por simple lealtad, lo que tienes es amor.- Dijo la Sra. Granger con tomo convencido y mirando a su hija de manera tierna.
- Ya basta mamá. Se que no te hare cambiar de opinión. Pero en lo que a mi respecta, nunca se me ocurrió tener nada con Harry mas que la hermosa amistad que ya tenemos. Y bueno... se supone que aún tengo cosas pendientes con Ron.- Contestó la chica un poco apenada.
- Tu no me convenceras a mi, y yo no te convencere a ti. Pero espera un tiempo a que ambos maduren y se den cuenta. O al menos tu te des cuenta. Volveras de rodillas a preguntarme que hacer.- Dijo la Sra. Granger mientras salía de la cocina y dejaba a una pensativa Hermione llenando una jarra de jugo.
"Está loca,- pensó la muchacha.- Harry es el mejor amigo que tengo pero... nunca sentí nada por él mas que aquello. Supongo que lo veo como a un hermano. Si, es eso, es mi hermano y punto." Terminó de llenar la jarra y volvió al living, alegrándose de ello porque ahora el Sr. Granger estaba mostrándole a Harry videos de Hermione cuando pequeña.
La chica miró a su amigo. Este tenía una mirada tierna que ella nunca le había visto usar.

(Continua...)


By La Belu Punchy ^^