
Bueno...- dijo Hermione soltando un gran bostezo que, esta vez, no se preocupó por reprimir.- Me iré a la cama, mañana tengo cosas que hacer.- Se acercó a Harry y lo besó, deseándole las buenas noches, pero el chico no la soltó, si no que le señaló una silla para que se sentara.
- He... estado pensando. En nosotros. Y en como... seguirán las cosas de ahora en adelante.- le explicó Harry. Le temblaba la voz inconscientemente, y la mirada de Hermione había abandonado el tono de sorpresa que había adoptado en un principio, para ir endureciendo poco a poco su semblante.
- ¿Qué estás queriendo decirme? ¿Acaso te estas... echando para atrás?- los ojos de la chica irradiaban fuego, y aquello no ayudo a Harry a controlar sus nervios.
- ¡Por supuesto que no! Claro que pero tienes que... ¿tu no te has arrepentido no?- indagó Harry asaltado por esa duda momentáneamente.
- ¿Me crees idiota? ¿Porqué habría de hacerlo? Sabes que si tuviera algún problema te lo habría dicho.- respondió Hermione, quien trataba de suavizar la vos puesto que se daba cuenta de que lo único que lograba era ponerlo mas nervioso. Ante estás declaraciones, Harry suspiró y se sonrió.
- Lo que quiero decirte es que... tenemos que pensar muy bien en lo que haremos al volver a Hogwarts.- aclaró el muchacho. Hermione asintió momentáneamente y fijó su vista en el piso de la cocina. Se podía oír su cerebro trabajando a cientos de kilómetros por hora, tratando de encontrar una posible solución. Harry, mientras tanto, se ocupó de mirarla.
- Bueno es obvio que no podemos, al menos por el momento, hacerlo público. No se como reaccionaría la... gente.- contestó Hermione después de unos momentos de reflexión. Harry comprendió que, al referirse a la gente, en realidad estaba hablando de Ron y Ginny, pero no le expresó aquel comentario en vos alta.
- Concuerdo contigo.- coincidió Harry.- Embargo,- agregó,- ¿crees que podremos hacerlo?.- Hermione lo miró un momento, y Harry pensó que la chica sacaría su varita y le echaría un maleficio imperdonable. Pero entonces se acercó a él sonriendo y lo abrazó. Harry la rodeó con sus brazos, y ella apoyó su cara en el pecho del chico.
- No creo que pueda hacerlo. No podré soportar demasiado la idea de no tenerte por un tiempo. Al menos en la forma en que te tengo ahora.- le confesó en un susurro casi inaudible. Harry se sonrió.
- Yo tampoco creo poder hacerlo. Menos aun puedo aceptar la idea de verte todos los días y no poder abrazarte o... o besarte, o gritarle a todo el colegio lo feliz que estoy de tenerte conmigo.- contestó él. Ella se apretó mas fuerte contra el cuerpo del chico. Permanecieron un segundo en silencio, y entonces Hermione se separó y lo miró duramente a los ojos.
- Pero tenemos que hacerlo. Tenemos que intentarlo Harry. Realmente no quiero lastimarlos.- agregó en tono suplicante.
- Lo entiendo perfectamente, y juro que pondré todo mi empeño y mi buena voluntad en que nadie salga lastimado. Ni ellos... ni nosotros.- la consoló. Ella sonrió, demostrando su satisfacción, y volvió a abrazar al muchacho. Se quedaron largo rato así, hasta que Hermione se quedó profundamente dormida, y Harry, a regañadientes, la llevó a su habitación.
Capítulo dieciséis: regreso a Hogwarts.
- ¡¡¡TRES DÍAS POTTER!!! ¡¡¡TRES DÍAS PERSIGUIÉNDOTE PARA QUE ARMES EL MALDITO BAUL DEL COLEGIO, Y AHORA DIES MINUTOS ANTES RECUERDAS QUE NO TE QUEDAN CALCETINES LIMPIOS!!!- Los gritos de Hermione le llegaban a Harry hasta el tercer piso, aunque ella estuviera en la cocina. La Sra. Black soltaba sus conocidos alaridos, esperando a ser cerrada, y Harry no sabía explicar porqué aquella situación le causaba tanta gracia. Bajó como un rayo hasta el descanso de la escalera, y cerró el retrato con todas sus fuerzas. Sin embargo, el ruido ambiente solo bajó unos decibeles, puesto que Hermione seguía soltando maldiciones en la cocina. Harry pensó que ya era hora de calmarla, así que entro cuidadosamente, y la encontró sumergida entre una horda de calcetines desparejos.
- SI NO ESTOY PERSIGUIÉDOTE NO HACES NADA POR TI SOLO, DEBO ESTAR SIGUIENDOTE COMO UN NIÑO DE DOS AÑOS, CREO QUE TEDDY SE MANEJA MEJOR QUE TU Y... Y... y...- ya sea porque se quedaba sin insultos o sin aire, Hermione abandonó su perorata, y Harry aprovechó aquel momento de debilidad de la chica para recordarle que les quedaban 10 minutos para que el tren saliera. Aquello no logró para nada el efecto esperado, si no que más bien logró enardecer a la chica por completo.
10:59. Menos de un minuto para que el tren partiera. Corrian con sus baúles lo más rápido que podían. El gato chillaba adentro de su canasta, y su mal humor era solo superado por el de su dueña, que murmuraba frases sin sentido mientras que se acomodaba el pelo nerviosamente. Harry de di cuenta entonces de que era la primer discusión que tenían con Hermione como pareja, y se dio cuenta de que eso era lo que le causaba gracia. Cuando se ubicaron en el primer compartimiento que encontraron (después de haber saludado a Molly y Arthur en el andén apresuradamente), Hermione optó por hacer lo que generalmente hacía cuando estaba enfadada: enfrascarse en un grueso libro. Miraba de soslayo a Harry de vez en cuando, para ver si él le prestaba atención, pero el muchacho había decidido mantenerse a la defensiva y no soltar ni una sola palabra. El viaje transcurrió en un profundo silencio, interrumpido por los sonidos de la lechuza sin nombre de Harry y de Crookshanks, que peleaba por su libertad. Algunas personas se amontonaron a distintas horas en la puerta del compartimiento, posiblemente para echarle un vistazo a Harry, pero ninguna se atrevió a entrar, salvo un niño de primero quien le pidió un autógrafo.
“No tomaré la iniciativa, no pienso hablarle, es un maldito egocéntrico. Ya verá lo que es vivir sin que lo persigan. Idiota. Se cree muy listo todo porque es famoso”. Cualquiera que hubiera leído los pensamientos de Hermione, hubiera pensado que ni muy remotamente estos se dirigían al muchacho que la miraba tímidamente, temiendo que le echara una maldición en cualquier momento.
“Perfecto. Enójate. Todo por un estúpido par de calcetines. Esta bien, no me hables. Ignórame. ¿Quién quiere hablar contigo? ¿Para que me relates los libros de memoria? No gracias, paso”. Harry comenzaba a enfadarse también por lo que, el creía, era una exageración de inmadurez por parte de Hermione.
“Idiota dependiente”.
“Sabelotodo insufrible”.
Levantaron la vista inconscientemente, ambos en el mismo momento. Lo que pasó después fue muy confuso: ambos se pararon en el mismo momento, lo que provocó que sus frentes se chocaran. Soltando gritos de dolor, se miraron con los ojos llorosos.
- ¡Idiota!- soltó Hermione.
- Gracias por el cumplido.- contestó Harry ofendido. Volvieron a mirarse, y el muchacho no contuvo la tentación, y el deseo ferviente de besarla por mucho que ella lo odiara en ese momento. Se acercó apresuradamente, y la rodeó con fuerza. En el momento en que Hermione comprendió que era lo que Harry hacía, ya era demasiado tarde: el muchacho había comenzado a besarla.
- ¡Suéltame!.- Le contestó en un susurro poco creíble.- ¡Estoy enfadada contigo! Muy... enfadada...-
- Esta bien. Te suelto.- le respondió Harry restándole importancia.- Pero me parece ridículo que sigas enojada. Ni siquiera llegamos tarde.
- ¿Ridículo? ¡No es le hecho de llegar o no tarde lo que me enfada Potter!- Gritó Hermione, sacando de una vez todo lo que venía pensando desde que abandonaran Londres.- ¡Detesto que dependas tanto de mi! ¡Madura por favor!
- ¡¿Oh con que eso es lo que crees?! ¿Realmente crees eso?- preguntó el chico subiendo la voz, tratando de aplacar los gritos de la castaña.
- ¡¡Si eso es lo que creo!!
- Perfecto. ¡Perfecto! Me alegra que lo dijeras.- agregó Harry.
- Y a mi me alegra que te alegre.- dijo Hermione.
- Entonces me alegra el doble.- Harry no sabía porque discutía con Hermione cuando en realidad aun no había abandonado las ganas de besarla. Estaba pensando eso cuando levantó la vista y la vio: Hermione lo miraba con la misma cara de asombro. Nuevamente se repitió la escena confusa, solo que esta vez no se detuvieron a frotarse las frentes, sino que se concentraron más en besarse. No les importaba nada. No les importaba que el tren se moviera demasiado, ni que segundos atrás se hubieran gritado como si fueran los peores enemigos. No les importaba que las mascotas chillaran, ni que el libro de Hermione yaciera en el piso, ni que fuera pisado por Harry. No les importaba que la lluvia golpeara los vidrios del tren, ni que los demás estudiantes gritaran felices porque la señora del carrito había llegado al pasillo. En el preciso momento en que Hermione se acercaba a la puerta para poner la traba y cerrar la persiana de la ventanita, una cabellera rubia irrumpio en la habitación, soltando un gritito, que bien podía tratarse de un quejido o de una risita nerviosa.
- Luna.- susurró Hermione separandose de Harry, quien no se había perscatado de nada de lo que había pasado. La visitante miraba con sus ojos examinadores la escena, como si le hubieran presentado un extraño caso de peste del perdedor. Luego de unos segundo (los mas incómodos que Harry y Hermione habían vivido en su vida), Luna sonrió.
- Sigan en lo suyo. Yo no he visto nada.- Les dijo y, encojiendose de hombros, cerró ella misma la puerta.
- Perfecto. Dos horas en Hogwarts y ya hemos dejado todo escrúpulo atras.- se lamentó Hermione, sentándose.
Continuara...
By La Belu Punchiii!!! ^^


1 comentario:
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