
- ¿Sabes? Me encantaría saber que tengo que hacer para demostrarte que... te quiero y que me preocupo por ti.- murmuró con cierto nerviosismo, bajando su mirada a sus pies. A Hermione el libro se le calló de la mano con la que lo tenía sujetado, y terminó en el suelo provocando un ruido seco. Crookshanks se sobresaltó. Harry volvió a mirarla, y descubrió que ella sonreía.
- Decírmelo, en primer lugar.- susurró Hermione, mirándolo radiante, tratando de aparentar indiferencia. Pero le era imposible. Harry se acercó a la cama, y se sentó a su lado.
- ¿Hace falta que te lo diga?- preguntó extrañado el muchacho.
- ¡Por supuesto que si! ¿Cómo quieres que lo sepa si no? No se Legeremancia.- respondió ella.
- Bien. Bueno yo... pensé que no hacía falta. Después de todo, tu tampoco me haz dicho que... que me quieres, o que me amas.- dijo él, convencido de que ese sería argumento suficiente.
- Si vas a esperar a que yo tome todas las iniciativas, esto nunca va a funcionar. Al menos como... pretendemos ahora que funcione.- contestó la chica con tono de reproche.
- No quise decir eso. Igualmente, tienes razón. Como generalmente la tienes.- dijo Harry tratando de encaminar aquel asunto hacia una reconciliación.
- Si tu lo dices.- contestó la chica, y tomó el libro del suelo, puesto que pensó que con eso culminaba la conversación. Harry le sacó el libro de las manos.
- Te diré ahora que te amo porque necesitas saberlo, y necesito decirlo. Así que hagamos de cuenta que toda la conversación anterior nunca existió. Toma el libro,- le dijo, y lo puso de nuevo en sus manos,- yo saldré de la habitación y volveré a entrar, como si no nos hubiéramos visto en todo el día. ¿Está bien?- preguntó. Hermione asintió sonriendo, y volvió a mirar el libro. Harry se paró y caminó hasta la puerta, salió, contó hasta cinco, y volvió a entrar.
- Buenos días Srita. Granger.- Le dijo, sentándose en la cama.
- Buenos días, Sr. Potter.- contestó ella, cerrando el libro y mirando al chico.
- ¿Sabe que? Esta mañana, cuando me desperté, me di cuenta que el primer y único rostro que quería ver durante el resto del día era el suyo. O, a lo sumo, el de su gato.- dijo Harry con un tono parecido al que Ernie o Percy solían usar.
- No sabe cuánto me halagan sus palabras. ¿Y a que se debe todo esto?- preguntó Hermione.
- Simplemente es que me he dado cuenta de cuanto la amo en el día de hoy. Y quería hacérselo saber.- respondió el chico, acercándose más.
- ¿Solamente el día de hoy?- indagó ella con cara triste.
- ¡Oh no se preocupe! Estoy seguro de que esto volverá a ocurrir mañana y pasado también. Seguramente, hasta el día en que me muera.- contestó Harry entrelazando sus dedos con los de Hermione.
- Debo decirle, Sr. Potter, que estaré encantada de corresponderle. Hoy, mañana, y hasta el día que me muera.- murmuró la chica. Harry se acercó más y la besó. No recordaba en su vida haberse sentido más feliz que en ese momento. Por un rato, sólo se sintió el ruido de la lluvia, y los vanos maullidos del gato para llamar la atención.
- ¿He podido convencerte?- preguntó Harry momentos después.
- No seré la Sra. Potter... pero estás encaminado.- respondió ella, apoyando su cara en el pecho del chico.
- Bueno, casi Sra. Potter, me marcharé ahora a prepararle algo para que coma.- contestó Sonriendo Harry, e intentó pararse, pero Hermione lo retuvo.
- ¿De veras quieres irte, casi Sr. Granger?- indagó Hermione.
- Eso no estaba en el contrato.- respondió el chico, extrañado.
- Quédate, y lo discutiremos.- le dijo ella, y volvió a besarlo.
Capítulo quince: ¿recompensa?
La casa era un desastre. Cualquiera que la viera sin detenerse mucho, diría que una bomba había estallado en ella o , al menos, en el comedor. La larga mesa estaba repleta de libros, pergaminos y apuntes de letra rápida y apretada. Plumas viejas, recipientes de comida, botellas de cerveza de manteca y un gato, reposaban sobre la misma de manera desordenada, como si los hubieran arrojado para ahorrar tiempo. La luz que penetraba en la cocina indicaba que, como mínimo, debía de ser mediodía. El gato color canela se desperezó, y miró con ojos somnolientos la habitación, en busca de alguien que le rasque detrás de las orejas. Caminó por sobre los libros, los apuntes, y la basura, olfateando, hasta que sintió el inconfundible perfume de su ama. Se bajó de la mesa y se deslizó hasta el sillón, donde ésta dormía con la cabeza caída sobre su propio hombro. Saltó al regazo de la chica, y se acurrucó en el , esperando sus caricias. Pero su ama parecía no estar ni enterada de sus reclamos de cariño. En eso, un chico moreno entraba a la cocina secándose la cabeza con una toalla.
Continuara...
By La Belu Punchii!!! ^^






